La última generación de la Yamaha YZF-R1, nacida en 2015, logra el título que le faltaba

El título de Toprak Razgatlioglu en el Mundial de Superbike 2021 ha cerrado el círculo para la nueva generación de la Yamaha YZF-R1, nacida en 2015 y que, ahora sí, ha acabado ganando el título allá por donde ha pasado.


"Hecha para ganar". Así titulamos, allá por 2015, un amplio reportaje que publicamos en MOTORBIKE MAGAZINE sobre la llegada a la competición de la Yamaha YZF-R1 (y su hermana más racing, la R1M) después de la revolución que supuso para el mercado la renovación completa de la superbike japonesa.

La R1 de 2015 marcó un antes y un después para la casa de Iwata, que lanzó una nueva generación de su flamante superdeportiva. Tan renovada, que hay quienes decían que sólo compartía el nombre respecto a los modelos anteriores de la saga.

Y es que si algo hacía diferente a la YZF-R1 2015 era que heredaba buena parte de su desarrollo y de su tecnología de la Yamaha YZR-M1 de MotoGP, trasladando al nicho de las superdeportivas un despliegue electrónico que revolucionó el segmento y que hizo reaccionar a todas sus rivales.

No había mejor campo de pruebas para comprobar el nivel de esta nueva superbike de los de Iwata que en competición. La casa de los tres diapasones había decidido aparcar por sorpresa su andadura en el Mundial de Superbike a finales de 2011, un certamen que habían ganado sólo dos años antes y en el que seguían siendo aspirantes al título. Sin embargo, bajaron el telón y de 2012 a 2015 no se presentaron por allí. En Iwata sólo querían volver cuando tuviesen las armas perfectas para hacerlo.

Yamaha R1 2022

Motor998 ccPotencia200 cv
Peso201 kgPrecio21.899 €
La renombrada Yamaha R1 2022 sigue siendo igual que la anterior ''YZF-R1', ahora con nuevas opciones de color, pero el mismo ADN de competición para seguir estando entre una de las superbikes más asentadas y atractivas del mercado.
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Yamaha R1M 2022

Motor998 ccPotencia200 cv
Peso202 kgPrecioN.D.
La Yamaha R1M es una de las motos superdeportivas homologadas para carretera más bestiales del mercado. La casi-superbike japonesa evoluciona en 2022 con una nueva decoración.
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2015: veni, vidi, vici... antes de ir al Mundial


La hoja de ruta de Yamaha estaba clara: la nueva R1 llegó al mercado en 2015 y ya ese año empezó a fajarse en varios campeonatos al más alto nivel, guardándose el as para reaparecer en el Mundial de Superbike en 2016.

La revolución que supuso la R1 en el mercado enseguida se trasladó también a la competición. La nueva versión, con un motor Crossplane bastante mejorado respecto a su antecesora (generación de 2009), un chasis Deltabox que siempre ha sido uno de sus puntos fuertes y una electrónica desarrollada tomando como referencia a la M1 de MotoGP, hicieron que rápidamente la entonces YZF-R1 2015 estuviese ganando desde su primer año en los circuitos.

En 2015 arrasaron en el Campeonato de Europa de Superbike (FIM CEV) con Carmelo Morales y el Team LaGlisse, se llevaron sin discusión el título del British Superbike con Josh Brookes y el equipo Milwaukee, ganaron todas las carreras en MotoAmerica y, para poner la guinda, se llevaron el triunfo más importante para el honor de la marca: victoria en las 8 Horas de Suzuka con Pol Espargaró, Bradley Smith y Katsuyuki Nakasuga. Una carrera que Yamaha llevaba sin ganar desde 1996 (con la mítica YZF750) y que con la nueva generación de la R1 ganaron de forma ininterrumpida del 2015 al 2018.

El potencial de entrada por parte de esta superdeportiva estaba fuera de toda duda, pero aún quedaba demostrarlo en el campo de batalla más importante: el Mundial de Superbike, donde Kawasaki y Ducati llevaban varios pasos de ventaja.

A las cuatro victorias seguidas en las 8 Horas de Suzuka también hubo que sumarle otro título del Campeonato de Europa de SBK en 2016, el título en el Mundial de Resistencia de 2016/17, así como otros cinco títulos de MotoAmerica. La nueva generación de la R1 no dejaba de triunfar, pero quedaba consagrarse en el campeonato por antonomasia para las derivadas de serie, donde el camino hacia la cima ha sido más largo.

El WorldSBK y Kawasaki frenan a la R1


Yamaha se presentó de vuelta en el Mundial de Superbike en 2016 junto a la división de carreras de Europa. Tras alcanzar un acuerdo con el equipo Crescent, Yamaha Motor Europe puso toda la carne en el asador y entró en SBK con Sylvain Guintoli (campeón dos años antes) y Alex Lowes como pilotos. Sin embargo, no se puede decir que el reestreno fuese positivo para la marca: fueron vapuleados por Kawasaki, por Ducati e incluso por Honda y Aprilia (que no tenía ni equipo oficial). El mejor clasificado fue Guintoli, terminando 11º un campeonato en el que Yamaha no obtuvo ni un solo podio. La R1 prometía mucho más de lo que se vio en aquel 2016.

Con un año de experiencia en el campeonato, un reglamento que temporada tras temporada ha ido igualando a las diferentes marcas y una apuesta más competitiva con el fichaje de Michael VD Mark para formar dupla con Alex Lowes, el salto cualitativo fue importante en 2017: consiguieron sus seis primeros podios, terminaron quinto (Lowes) y sexto (VD Mark) del campeonato, y terceros en la clasificación de constructores, superados solamente por Kawasaki, que volvió a arrasar con Rea, y por Ducati.

La dictadura de la Kawasaki ZX-10R y Jonathan Rea seguía siendo total en 2018, temporada en la que se impuso batiendo todos los récords y con 189 puntos de ventaja sobre el subcampeón, que fue Chaz Davies. Pero Yamaha se seguía acercando. El equipo oficial, capitaneado por Paul Denning, volvía a contar con VD Mark y Lowes, quienes consiguieron las primeras victorias del proyecto de Yamaha desde su vuelta a SBK. Especial fue el fin de semana de Donington Park con el doblete de VD Mark, quien acabaría ese año tercero y luchando por el subcampeonato hasta el final. La marca de Iwata volvió a terminar tercera en la clasificación de constructores.

En 2019 la revolución en el campeonato llegó de la mano de Ducati, que puso en pista una todopoderosa Panigale V4R que en manos del debutante Álvaro Bautista fue un auténtico rodillo al inicio de temporada, ganando las 11 primeras carreras y poniendo en jaque a Rea por primera vez desde que era piloto de Kawasaki. Aun así, la regularidad del norirlandés y las caídas de Bautista decantaron la balanza para la marca japonesa, que se llevaba su quinto título consecutivo. Kawasaki seguía un paso por delante, Ducati había puesto un cohete en pista... y Yamaha seguía creciendo, pero sin ser una amenaza real.

La consistencia de los de Iwata les llevó a acabar terceros con Lowes y cuartos con VD Mark, aunque a más de 300 puntos de Rea. Yamaha puso en pista por primera vez a un segundo equipo, el GRT, que realizó buenas actuaciones (con podios incluidos) de la mano de Melandri y Cortese. La llegada de una segunda estructura duplicó fuerzas para la marca: más motos en pista, más información, más posibilidades de ir acortando los pasos para acercarse a las dos 'gigantes' de ese momento.

Y en 2020 llegó un punto de inflexión: el fichaje de Toprak Razgatlioglu. Las desavenencias entre el turco y Kawasaki por no haber contado apenas con él para las 8 Horas de Suzuka hicieron que se le abrieran de par en par las puertas de Yamaha, que había tocado a su puerta en el momento justo. Quizá era lo que le faltaba a la marca para terminar de explotar: un piloto de puro talento para poner en jaque a Kawasaki y Ducati. De hecho, el estreno no pudo ser mejor: victoria en la primera carrera en Phillip Island, justo antes de que llegase la pandemia y temblasen los cimientos de aquella temporada. En la corta reanudación, un Razgatlioglu algo verde y que no se había terminado de adaptar a la R1 (venía de la Kawasaki ZX-10R), unido al potencial de la Kawa y la Ducati, volvieron a dejar un peldaño por detrás a Yamaha. Toprak fue cuarto y VD Mark, quinto. Pero ya quedaba menos para que la R1 se quitase la espina que faltaba...

 

El año dorado: Razgatlioglu y la R1 alcanzan la gloria


La llegada de la Ducati Panigale V4 R a Superbike hizo despertar al resto de marcas, que enseguida reaccionaron para no quedarse atrás. Honda sacó en 2020 la CBR1000RR-R, BMW apostó por la M 1000 RR y Kawasaki, pese a llevar siete títulos en ocho temporadas, se sacó de la manga la ZX-10RR. Otro modelo nuevo, musculado, y cada vez más alejado de ser una moto derivada de serie para ser, directamente, una bestia de circuito.

Y mientras tanto, Yamaha siguió una línea completamente continuista con aquella R1 nacida en 2015 y que no ha parado de evolucionar año tras año. El resultado es que, mientras el resto de marcas han tenido que ir adaptándose a las nuevas monturas y se han visto en algunos casos lastradas por limitaciones de reglamento (Kawasaki tuvo que 'capar' el motor de su nueva ZX-10RR 500 rpm), en la marca de Iwata conocían al dedillo cada pieza y cada ensamblaje de su R1, que se ha acabado convirtiendo en la moto más equilibrada de la parrilla.

Todo ello, unido a la experiencia que había acumulado Toprak Razgatlioglu en 2020 y a las excelentes manos del piloto turco, se ha convertido en un cóctel que les ha catapultado hacia el título: 13 victorias, 29 podios y un total de 564 puntos han llevado al piloto turco y a Yamaha a lo más alto. Si algo había quedado claro en los últimos seis años de hegemonía del binomio Rea-Kawasaki, es que había que acariciar la perfección o incluso alcanzarla para batir al norirlandés, y eso es lo que han hecho tanto Toprak como la firma de los tres diapasones en una de las temporadas más espectaculares que se recuerdan en la historia del Mundial de Superbike.

En su sexta temporada desde el regreso al WorldSBK, Yamaha ha conseguido lo que prometía aquella nueva generación de la R1. Y por si fuera poco, han logrado la Triple Corona: campeones de pilotos, equipos y constructores.

Han recuperado el cetro que ya obtuvieron en 2009 de la mano de Ben Spies, imponiéndose además en el año que mayor evolución tecnológica ha tenido el Mundial de Superbike, y venciendo a marcas que han puesto toda la carne en el asador con superdeportivas que empiezan a estar más cerca de los prototipos de competición que de las derivadas de serie. Y ante toda esa jauría, la Yamaha YZF-R1 ha cerrado el círculo, demostrando lo que ya se decía allá por 2015, que estaba hecha para ganar.

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