Yamaha iguala la peor racha de su historia: 22 carreras sin ganar

Yamaha atraviesa uno de los peores momentos de su historia en el Campeonato del Mundo. La marca de los tres diapasones lleva 22 carreras sin ganar, igualando su mayor sequía. Repasamos y analizamos cómo han llegado a este punto y las posibles soluciones en las que han empezado a trabajar para revertir la situación.


«Si me llegan a decir que iba a estar 22 carreras sin ganar, pensaría que me vacilan». Eso es lo que dijo Maverick Viñales al terminar la carrera de MotoGP en Misano, una cita en la que Yamaha igualó la mayor sequía de toda su historia en la categoría reina: 22 carreras sin ganar. El anterior registro databa de 1997 y 1998. Después de que Loris Capirossi ganase la última carrera del ’96, Yamaha tuvo que esperar 22 citas hasta volver a pisar el escalón más alto del podio de la mano de Simon Crafar en Donington Park en 1998.

La sequía de Yamaha empieza a ser alarmante mientras Honda y Ducati se reparten todo el pastel. La firma de los tres diapasones no vence desde que lo hiciera Rossi en Assen 2017 y lo más preocupante de todo es que no hay visos claros de que esta racha negativa vaya a romperse de inmediato.

Llevan un año y tres meses sin saborear las mieles de la victoria, un periodo de tiempo en el que se ha hablado mucho de unos problemas que no han acabado de estar claros. A lo largo de este tiempo se ha puesto el foco sobre los neumáticos, sobre el chasis, sobre la electrónica y sobre el motor. Estos dos últimos puntos son, a día de hoy, los causantes de todos los males. Esta sequía histórica ha dibujado una cronología que arrancó allá por el 25 de junio de 2017 y que no para de crecer. ¿Cuáles han sido los problemas? ¿Cuánto ha tardado Yamaha en actuar? ¿Qué ha pasado en todo este tiempo dentro y fuera de la pista? ¿Qué soluciones está llevando a cabo la firma de Iwata para parar esta situación? Lo repasamos todo.

 

Día 0. 25 de junio de 2017, circuito de Assen. Valentino Rossi logra la última victoria de Yamaha hasta la fecha: El comienzo de la temporada 2017 por parte de Yamaha, y sobre todo de Viñales, les situó como el rival a batir. El gerundense había logrado tres victorias en las cinco primeras carreras, pero Yamaha también había sufrido bajones muy pronunciados en carreras como Jerez y Montmeló. Viñales culpaba a los neumáticos, Valentino a la M1. Entre medias, Michelin había introducido a partir de Mugello un nuevo neumático delantero con la carcasa más dura. La voluntad de Rossi se impuso en el box de la marca japonesa y en Assen estrenaron un nuevo chasis, lo que se saldó con la victoria del italiano, que llevaba un año sin ganar. Era la octava cita de la temporada y la cuarta en la que vencían los de los tres diapasones. Ese día, Viñales perdió el liderato cuando estaba remontando en busca del podio. Nunca más volvió a recuperarlo. Yamaha no ha vuelto a ganar desde entonces.

12 de agosto de 2017. Red Bull Ring. Valentino Rossi avisa: «Hay que mejorar en cuanto a electrónica y mecánicamente, y eso sólo pueden hacer en Japón». Después de aquella victoria en Assen, las Yamaha oficiales se quedaron fuera del podio en Sachsenring –Folger fue 2º con la satélite- y Viñales acabó tercero en Brno. Ahí emergió la figura de Márquez, que se situó como líder del campeonato y se empezó a disparar su ventaja. Entre los dimes y diretes sobre quién llevaba razón de si los problemas venían del chasis o de los neumáticos, y sobre si el nuevo chasis que se empezó a usar en Assen era realmente una solución, Yamaha se hundió en Austria con Viñales 6º y Rossi 7º. Valentino empezó a apuntar entonces en otra dirección: la electrónica, como posible causante de los problemas de tracción. No parece que en Yamaha tomasen muy en cuenta aquellas palabras.

24 de septiembre de 2017. MotorLand Aragón. A Rossi se le fue el Mundial, a Viñales se le empieza a ir: Nos situamos ya en el domingo del GP de Aragón. Después de la debacle de Austria, Yamaha encontró el bálsamo en Silverstone con el segundo puesto de Viñales y el tercero de Rossi. Al italiano se le fue el Mundial definitivamente cuando se rompió tibia y peroné entrenando y no pudo correr en Misano, donde Viñales acabó cuarto sobre la lluvia. El de Rosas había hecho la pole allí y la volvió a hacer en Aragón, pero en carrera tampoco pudo pasar de la cuarta plaza. Seguían los problemas de tracción y la desventaja de Mack era de más de 30 puntos. El foco estaba ya puesto sobre el chasis y la electrónica, pero no se esperaban soluciones rápidas. Había que luchar con lo que se tenía.

29 de octubre de 2017. Sepang. Si en seco costaba, en lluvia es imposible: Los problemas en seco eran palpables, pero es que además en agua se multiplicaba el déficit de agarre. «Es imposible llevar esta moto en lluvia», llegó a decir Valentino Rossi después de la carrera de Sepang. Las dos motos oficiales llegaron a 21 y 28 segundos del ganador, respectivamente, mientras que Zarco había quedado tercero con la montura del año anterior. Eso en Sepang, pero dos semanas antes las cosas fueron aún peor en Motegi, con Viñales 9º y Rossi por los suelos también en agua. Las dos carreras en mojado dinamitaron cualquier opción de Viñales en el campeonato. Una vez pasado el GP de Malasia, Yamaha encadenaba ya nueve carreras sin ganar.

 

12 de noviembre de 2017. Valencia. Desesperación y vuelta al chasis 2016: Con Johann Zarco en un momento dulce y quedando en varias ocasiones por delante de las motos oficiales con su M1 de 2016, había quedado patente que el chasis del año anterior estaba funcionando mejor que el del ’17. El fin de semana de Yamaha en Valencia estaba siendo bastante frustrante y decidieron cortar por lo sano: el domingo montaron sendos bastidores de 2016 en las motos de Viñales y Rossi para tratar de salvar los muebles. No dio tiempo, ya que sólo lo probaron en el warm up, y acabaron la carrera con Rossi quinto y Viñales 12º mientras Zarco había luchado por la victoria. La situación era alarmante y los test post-temporada se antojaban fundamentales. En ellos volvieron a montar el chasis de 2016, probaron novedades aerodinámicas y compararon prestaciones entre el motor de 2017 y el que habían preparado para 2018.

3 de marzo de 2018. Qatar, final de la pretemporada. El chasis bien, pero sigue habiendo problemas. «Estamos más o menos como al final de 2017», dice Rossi: Acabó la pretemporada prácticamente con las mismas dudas que empezó. El chasis se desarrolló teniendo en cuenta la base de 2016 y en ese aspecto se acertó, pero los problemas de tracción y de consumo del neumático trasero seguían muy presentes. «Las sensaciones con la electrónica son iguales que en 2017. Ducati y Honda han conseguido entender algo que nosotros no hemos entendido», había dicho Rossi ya en febrero. Viñales coincidía con esta apreciación. Según las palabras de los pilotos, la electrónica estaba siendo la causante de esta situación y de que tanto Honda como Ducati estuvieran un paso por delante. Iban a empezar la temporada con muchas dudas.

21 de abril de 2018. Nada cambia, sólo algunos destellos camuflan los problemas: Ya antes de que diese comienzo la temporada se empezó a hablar de la posibilidad de que Yamaha planteara hacer fichajes en el apartado de la electrónica, incorporando a algún ingeniero con experiencia en los entresijos de la centralita Magneti Marelli. Honda, que incorporó a Filippo Tosi en 2016, y Ducati, con varios ingenieros que cubrían estos requisitos, estaban mucho mejor cubiertos en ese aspecto.

Pero en Yamaha siguieron su camino sin cambios, a pesar de que el discurso de Rossi y Viñales apuntaba siempre en la misma dirección. A todo esto había que añadirle que el referente de la marca en el tramo inicial de la temporada estaba siendo Johann Zarco, que empezó el 2018 pletórico con una pole en Qatar y un podio en Argentina. Sin avances en lo referente a los problemas, sólo algunos destellos como el tercer puesto de Rossi en Qatar o el segundo de Viñales en Austin sirvieron para calmar un poco las aguas. Con un discurso más comedido que en 2017 y más paciencia, Viñales parecía haber encontrado la senda al inicio de temporada, aunque todo acabaría siendo un espejismo.

7 de mayo de 2018. Jerez. Rossi avisa de nuevo y sube el volumen: «Espero que Yamaha le ponga más empeño en los próximos meses», comentó Valentino después de la carrera de Jerez. El italiano no pudo pasar allí de la quinta posición y Viñales acabó séptimo, dos resultados muy pobres si además se tiene en cuenta que por delante hubo una caída triple entre Dovizioso, Lorenzo y Pedrosa. Para más inri, Zarco fue segundo. El nueve veces Campeón del Mundo, cansado de repetir el mismo discurso, empezó a lanzar con más fuerza los dardos hacia Yamaha: «Llevo mucho tiempo pidiendo lo mismo a Yamaha, pero no terminamos de resolver los problemas; desde septiembre ya dije lo que había que hacer, pero ya estamos en mayo y no se ha conseguido nada. La falta de tracción es un 25% mecánica y un 75% electrónica. Para solventar los problemas se necesita tiempo, pero si Yamaha se volcara en ello, cuenta con capacidad para reducir los tiempos de reacción», expuso Valentino. Todo muy claro, pero seguía sin tener respuesta por parte de la fábrica japonesa. Ya sumaban 14 carreras sin ganar. El binomio Honda-Márquez ya estaba muy por encima pese a tratarse del primer tramo de temporada.

17 de mayo de 2018. Le Mans. Viñales, harto: Y entonces llegó el turno de Viñales, que acabó bastante frustrado en Le Mans, el circuito en el que logró la que hasta la fecha es su última victoria. El gerundense fue séptimo en esa carrera y señaló a su equipo técnico, liderado por Ramón Forcada. La relación empezaba a ser delicada con el técnico catalán: «No estamos bien en nuestro lado del box. La otra Yamaha estaba delante, luchando por la carrera, y esto quiere decir que algo estamos haciendo mal. La otra parte del box ha hecho un gran trabajo, nosotros no», expuso.

«Quizá no me entienden bien o no lo explico bien, no lo sé, pero durante un año tengo el mismo problema, que es el agarre trasero. Cuando tengo grip detrás, estoy arriba. Estoy un poco harto de estar sufriendo ahí, donde no me toca estar. También decidí yo estar aquí (en Yamaha), así que no me puedo quejar. Lo único que puedo hacer es trabajar». Su cara era un poema. ¿Y Rossi? Pues a base de destellos; fue tercero en Le Mans, muy por detrás de Márquez y sin poder con Petrucci.

15 de julio de 2018. Sachsenring. Podios y más podios, pero la gloria es para otros. Un año sin ganar: Tras los podios de Rossi en Mugello -3º- y Montmeló -3º- se abrió una puerta a la esperanza para Assen, un trazado propicio para la M1 y en el que había llegado el año anterior la última victoria de la marca. Fue la carrera del año, Viñales y Rossi estuvieron en el grupo de cabeza hasta el final, pero sólo Maverick -3º- pudo alcanzar el podio. Los brotes verdes siguieron en Sachsenring, donde Rossi y Maverick escoltaron en el podio a un Márquez que dominó a su antojo aquella carrera. También eran segundo y tercero en el campeonato, pero después de nueve carreras Honda había ganado seis, Ducati tres y ellos ninguna. Al ver que la trayectoria era ascendente disminuyeron las quejas, pero en realidad seguían un paso por detrás de sus dos marcas rivales.

Entre medias de estas carreras había surgido la posibilidad de que Dani Pedrosa pasara a ser piloto de Yamaha junto al SIC Petronas, algo que estuvo realmente avanzado. Tanto Viñales como Rossi dieron su beneplácito para que Yamaha apostase fuerte, le fichara y le diese una tercera moto oficial. Finalmente, Dani optó por la retirada.

4 de agosto de 2018. Brno. Viñales rompe con Forcada, se desata la tormenta: El fin de semana de Brno estuvo marcado por la oficialización por parte de Viñales de que no seguiría al año siguiente con Ramón Forcada, quien aseguró que el piloto no le había dicho nada a él. El clima de tensión era patente y Yamaha optó por prohibir a los medios hacer preguntas sobre el tema. Ese fin de semana fue nefasto para Maverick y acabó con caída en la segunda curva tras un toque con otros dos pilotos. Si no hubiera los actuales problemas técnicos y el nivel del binomio Viñales-Yamaha fuese similar al de inicios de 2017, ¿se hubiera dado esta situación?

 

11 de agosto de 2018. Austria. ¡Yamaha pide perdón!: Y llegó Red Bull Ring, el peor circuito del calendario para sufrir problemas de aceleración derivados por la falta de tracción y por el déficit en la gestión de la electrónica. Por ende, el peor circuito del calendario para la actual Yamaha YZR-M1. Tocaron fondo, hasta el punto de que Kouji Tsuya compareció ante los medios para pedir perdón públicamente a los pilotos, un hecho inédito. Se programaron de inmediato dos test privados en Misano y MotorLand Aragón para buscar soluciones lo antes posible. Rossi no pasó ni a la Q2 en aquella cita pero fue sexto en carrera, Viñales acabó 12º. Mientras tanto, por segunda carrera consecutiva, las Ducati y Márquez ponían el espectáculo en la lucha por la victoria. En un mundo muy diferente.

12 de agosto de 2018. Más leña al fuego; Rossi revela que el problema también está en el motor: «No sólo es cuestión de electrónica, también el motor tiene cierta responsabilidad. Es una combinación entre ambas, pero no sé decir qué porcentaje». Así es como Valentino Rossi reveló que los problemas de Yamaha no se limitaban a la electrónica, de la que tanto había hablado, sino que el motor también tenía influencia en los problemas de aceleración y de entrega de potencia. Posiblemente, un mal diseño del cigüeñal causantes de los problemas en lo que atañe al propulsor, conjugado con que la electrónica no ayuda a reducir este hándicap. Lo grave de toda esta situación es el hecho de que los motores están sellados desde el inicio de temporada y es un elemento en cuyo desarrollo no se puede intervenir. Para encontrar una solución ahí hay que poner la vista en 2019, pero Yamaha -¡¡por fin!!- se puso las pilas para empezar a trabajar en la electrónica. Había pasado más de un año desde el primer aviso de Rossi.

9 de septiembre de 2018. Misano. Tocando fondo, 22 carreras sin ganar: Una vez pasado el GP de Austria se anunció la incorporación del ingeniero Michele Gadda, conocido como uno de los magos de la electrónica, a la estructura de MotoGP. El italiano trabaja para Yamaha pero en el Mundial de Superbike, por lo que la firma de Iwata le reclutó como la punta de lanza para solventar los problemas de electrónica. Se hicieron test privados en Misano con sensaciones positivas, pero no se pudieron refrendar en carrera. Bajo la lluvia de Silverstone tanto Rossi como Viñales clasificaron bastante atrás en parrilla y, pese a que Maverick era candidato a la victoria en seco, Yamaha no se opuso a la decisión de no correr el lunes allí, alegando la importancia de los test que tenían en MotorLand Aragón.

Misano fue la gota que colmó el vaso: el español fue competitivo en todos los libres y se clasificó en primera fila de parrilla, pero en carrera volvieron los problemas desde las primeras vueltas. No le funcionó ni el hecho de cambiar el embrague para mejorar las salidas, volvió a tener un mal inicio de carrera y no pudo pasar de la quinta plaza. Rossi fue séptimo en ‘su’ circuito, un resultado nefasto con el que agravaron su sequía. Ya son 22 carreras sin ganar, igualando la peor racha de la historia de la marca.

 

Yamaha ya trabaja en las posibles soluciones


La sequía actual de Yamaha es ya una de las peores etapas de la historia de la marca en el Mundial de MotoGP. La reacción tardía por parte de la firma de Iwata ha prolongado una agonía cuyo final tiene más visos de llegar en 2019 que en la presente temporada. Con el motor y la electrónica como puntos débiles, la solución pasa por trabajar ya en un nuevo propulsor de cara al próximo año y en sacar esta misma temporada el máximo partido a la electrónica para que ésta ayude a minimizar los problemas.

Para ello, tal y como avanzó el medio italiano “Corse di Moto”, Yamaha ya ha decidido crear la EMS (Electronics Management System), una división que tendrá a Michele Gadda al frente y que contará con cuatro ingenieros más -tres españoles y uno belga- que trabajarán desde Gerno di Lesmo en todo lo referente a la electrónica.

Desde que en 2016 se instauró el software único en la centralita Magneti Marelli, las marcas que disponían de la electrónica más desarrollada sufrieron al pasar a otra más ‘rudimentaria’. A Honda le costó bastante adaptarse al cambio, pero gracias a la contratación de Filippo Tosi en 2016, al que ficharon de Magneti Marelli, consiguieron dar con la tecla. Ducati, por su parte, tenía las espaldas bien cubiertas. A pesar de que la electrónica es la misma para todos, hay que tener la certeza de saber navegar entre ese mar de sensores y parámetros para hacer funcionar el software lo mejor posible, ya que aún hay algunos componentes que son de gestión libre como la plataforma inercial, que también pasará a ser única para todos en 2019. Punto a favor para Yamaha. Además, con la nueva EMS, deberían disponer de las armas necesarias para ponerse al nivel de Honda y Ducati.

En lo que respecta al motor, desde Japón tendrán que ponerse las pilas para no repetir el fallo de esta temporada. Supuestamente, un error en la concepción del propulsor es el quebradero de cabeza; el cigüeñal provoca demasiada inercia, crea los problemas de entrega de potencia y la electrónica no está ‘en su sitio’ para limar el hándicap. Hay incluso quien se pregunta si Yamaha debería dejar de montar un 4 en línea -sólo ellos y Suzuki lo hacen- y fabricar un motor V4 como el resto de marcas. En Iwata, posiblemente, estén barajando ya todas las opciones.

Otro de los cambios que llevará a cabo Yamaha será la creación de un equipo de test en Europa, algo que ya está totalmente extendido entre las marcas de MotoGP y que amplía el ratio de acción, ya que las marcas japonesas estaban acostumbradas a programar todos sus test en trazados asiáticos y con pilotos japoneses, algunos de ellos con un nivel lejano al de los pilotos de la categoría reina. Mientras que Honda apostó por Stefan Bradl para esto, Ducati tiene a Michele Pirro, KTM probablemente contará con Dani Pedrosa, Suzuki tiene a Sylvain Guntoli, Aprilia ha fichado a Bradley Smith y Yamaha ha movido ficha también contratando a Jonas Folger para ejercer este rol.

La marca de los tres diapasones ha tirado por la borda un año y medio, y ha tardado en buscar y aplicar soluciones, acumulando la peor racha de su historia. Posiblemente, están desaprovechando a uno de los mejores Rossi de los últimos años y el potencial de uno de los jóvenes con más talento de la parrilla como Maverick Viñales. Llega el momento de darle la vuelta a la situación, aunque quizá no lo consigan hasta 2019. Mientras tanto, el pastel de MotoGP se lo siguen repartiendo entre Honda y Ducati. Una marca como Yamaha no puede permitir que la brecha vaya a más. Han de frenar la sequía, paradójicamente, después de aguantar el chaparrón.