¡Y probamos una Montesa Impala 250 Sport y una Montesa Texas 250!

Visitamos el mágico espacio del Museu de la moto de Basella dedicado a Montesa y sus 75 años de historia, donde pudimos descubrir el valor de la marca española en competición y su impacto a nivel mundial. Una visita que finalizó con la prueba de dos unidades míticas, una Montesa Impala 250 Sport y una Montesa Texas 250... un auténtico viaje al pasado.


La exposición de Montesa y sus 75 años de historia no es ningún secreto, es un reconocido espacio en el Museu de la Moto de Basella que recoge todo el legado y el valor de la marca española. Estanis Soler ha logrado reunir la mayor y más completa exposición de Montesas, contando de ese modo todo el nacimiento, crecimiento y éxito de la marca.

Tal y como iniciábamos en el artículo, la noticia no es ninguna novedad, pero su visita y las emociones que logra despertar en ti, sí. Montesa es la marca española de motos más antigua y la referencia en competición a nivel mundial en disciplinas como el trial. Poca broma.

Nada más llegar nos reciben Pep y Santi, los comisarios y expertos Montesa, quienes nos comentan año por año cada modelo de la marca. Se trata de un viaje en el tiempo con un valor incalculable, ya no solo por los objetos materiales allí reunidos, sino por el valor que solo allí puedes degustar tras sumergirte en su historia. Es sin duda una visita obligada para todo motero español, y una visita muy recomendable para todo aficionado a las dos ruedas. Ni que decir tiene para aquellos fanáticos del trial o del enduro.

La marca Montesa llevó el renombre nacional a lo más alto de la competición en la segunda mitad de siglo, tanto en velocidad como en off-road, donde a fecha de hoy sigue siendo la marca de motos con más títulos mundiales. Es por ello que, en los años 80, la marca número 1 de Japón quiso aliarse con la marca número 1 de España, formando así una de las uniones más importantes como Honda-Montesa, y sin ser enterrada por el gigante nipón. Gracias a ello Montesa resurgía de un declive económico y Honda lograba la mejor entrada posible al mercado español.

Tras aprender y conocer los verdaderos detalles de nuestra marca, nos sentimos uno más gracias a los comentarios de Pep y Santi, y cómo no, gracias a la tan bien presentada colección de Montesas. Además, gracias a esta exposición eres consciente del impacto que suscitó a nivel internacional, con modelos propios del mercado norteamericano como la Texas 250 o las King Scorpion... o prototipos italianos fruto del reconocimiento prestacional de las Montesa fuera de nuestras fronteras, como la Brio de 1957 refrigerada por agua, desconocida hasta para los técnicos de Montesa.

Prueba Montesa Impala 250 Sport


La guinda del pastel llega cuando, ante nuestra sorpresa, nos espera una hilera de Montesas Impala 175 y 250 esperando a las afueras del Museu de la Moto de Basella. Realmente había varias Montesa Impala 175, una Montesa Impala 250 Sport y una Montesa Texas 250. Tuve la suerte de probar las dos más especiales y exclusivas, la Impala 250 Sport y la Texas 250.

Lo especial de la Impala 250 Sport es su limitadísima tirada de apenas 600 ó 700 unidades, casi todas ellas destruidas debido que su destino eran las carreras y por lo tanto, hoy en día es muy raro encontrar una 250 Sport entera. La Texas 250 esconde su rareza en su mercado estadounidense, con ese claro toque Scrambler, propio del país americano.

Mi experiencia con motos clásicas es bastante limitada, y en ningún caso he tenido la oportunidad de probar una moto con el cambio al estilo antiguo, esto es con la palanca de marchas en el pie derecho y el freno trasero en el pie izquierdo. Esto era sin duda alguna el foco principal de la experiencia para la mayoría de nosotros, las sensaciones de un sistema de cambio cambiado, valga la redundancia.

Debo reconocer que no pude evitar acordarme de un viejo amigo, Javier Serrano, fanático de las motos clásicas y poseedor de varias Montesas. De hecho mi experiencia con motos clásicas se remonta al rally de las 5000 curvas del MotoClub Pistón, donde Javier me dejó una Kawasaki Z1r... pero aquello ya era una pieza moderna en comparación a las Impalas que hoy tocaba probar.

Dicho esto, tengo el gusto y el privilegio de subirme a una Impala 250 Sport con la decisión de reescribir parte de la historia de nuestro motociclismo nacional. La posición tipo R con la toma de mandos bien baja pero con unas estriberas sospechosamente adelantadas te descubre cómo eran las ergonomías de hace 60 años. El tacto de los mandos era... cómo decirlo... como si de una pinza de madera se tratara. El tacto del freno es el mismo que el de una bici antigua con frenos de zapata y cable. El embrague, por lo menos en parado, es bastante parecido al de hoy en día.

Arrancamos y... no, no arrancamos. El arranque a patada tiene su aquel y lamentablemente no soy capaz de arrancar la 250 Sport. Le pido ayuda a Santi, quien con la virtuosidad de un solo achaque logra arrancar la máquina. Petardeo, sonido, humo y olor 2 tiempos... Yes baby, I'm here again.

Modestia aparte y honestidad por delante, debo reconocer que no se me dio nada mal. Sólo en el parking ya veías quién había tenido motos de este tipo, quién a pesar de no haber tenido motos de hace 60 años conocía la mecánica 2T y, quién simplemente era un inútil fruto de la cultura moderna. Puedo encasillarme en el segundo tipo.

Nada más sentir el pálpito del motor de agujeros se abrió de manera instantánea un archivo en mi cabeza, como si se desbloqueara un conocimiento olvidado u oculto (igualito que Neo en Matrix cuando aprendía nuevos estilos de combate). Ese archivo se llamaba "TZR" y reunía mi experiencia 2T...  Sin darme cuenta ya estaba con la mano izquierda peinando el embrague y la mano derecha dando toques de gas para calentar las mecánicas y evitar el apagado.

Pero aún había otro detalle que solo los del grupo 1 podrían lidiar sin problema: el cambio en el lado derecho. Cuando competí utilizaba un cambio invertido, esto es 1ª hacia arriba y el resto para abajo, al contrario que en las motos de carretera (1ª para abajo y resto hacia arriba), por lo que ya estaba habituado a los "cambios de chip" y a mentalizarme que no hay que conducir como siempre.

Dicho esto podías ver cómo varios pegaban repentinas derrapadas con la rueda trasera... Supongo que querrían bajar de marcha e instintivamente pisaron con el pie izquierdo. En mi caso no llegué a frenar así, pero sí me costó bastante no liarla con alguna reducción indeseada ya que, tiendo a conducir mucho "timoneando" con el freno trasero.

La Impala 250 Sport era un purasangre de hace 60 años. Más me valía que lo siguiera siendo, sobre todo porque se trata de una superviviente del peligroso mundo de las carreras. Tras cuatro curvas me hice rápidamente al cambio, mientras mi archivo mental de conducción 2T iba desarrollándose correctamente: evitar la conducción a bajas vueltas, repelar gas con tacto y evitar las aperturas de gas parciales. Fruto de ello es que no fui del grupito que perlaron la bujía ni ahogaron las motos. Así iba, libre y ligero, a vertiginosas velocidades de 70-80 km/h y sintiendo el acecho de la muerte en cada viraje. Toda una experiencia.

El motor es, como dirían hoy en día, "muy de carreras", con sus 26 cv disponibles en la zona final del tacómetro y con una "patada" rabiosa a partir de medio régimen. Las suspensiones subían y bajaban sin freno hidráulico y el reparto de pesos era similar al de una custom. La entrada a curva era sorprendentemente ágil, pero su estabilidad en curva te obligaba a reconsiderar las velocidades... y las físicas modernas. Los frenos son todo lo contrario a lo que esperas: el delantero es inexistente, además de ofrecer un tacto muy raro, con la maneta haciendo contacto con el puño y una frenada paulatina. Sin embargo, el trasero tenía una mordida espectacular, con la que debías re-aprender a modular y evitar ahogar el motor. Todo un desafío.

Las sensaciones son muy diferentes a una moto de hoy en día, pero la sonrisa es exactamente la misma.

Prueba Montesa Texas 250


La otra moto que tuve oportunidad de probar es la Montesa Texas 250, una de las pocas Montesas del mercado norte-americano, con un evidente estilo scrambler y con inspiración flat track. El motor 250 de esta moto era ligeramente diferente al de la Impala 250 Sport, principalmente en el número de tranfers (3 en la Texas). La posición de mandos también era evidentemente diferente, así como el tacto de las suspensiones y las sensaciones del tren delantero, bastante más imprecisa en carretera pero más fácil y agradecida.

Esta era su diferencia más notable, lo fácil que resultaba manejarla y hacerla cambiar de dirección a pesar de la poca información que transmitía su rueda delantera. No debemos olvidar que se trata de motos de hace 60 años...

Supongo que el estado, mantenimiento y ajuste de estas motos tiene casi tanto o más que ver en su conducción que el ajuste de fábrica, pero en el caso de la Texas el motor era bastante más alegre en la zona baja y media, así como su relación de cambio, más cortita y fácil. Todo ello supuso que me adaptara mucho más rápido y pudiera disfrutar de ella con menos tensión.

La Montesa Texas no es una moto de carretera pero, por esta zona de curvas lentas y reviradas pude disfrutar igual o más que con la Impala 250 Sport, una moto con ADN de carreras.

Las suspensiones tenían un tacto similar, rebotón e impreciso, pero con mayor recorrido. Los frenos un poco más de lo mismo. Sin embargo, su aplomo en curva era superior. Tras un intercambio de sensaciones con Daniel Navarro, compañero de la prensa y experto en este tipo de motos, llegamos a la conclusión que los rodamientos del basculante de la Impala 250 Sport no estaban en su mejor momento, a diferencia de la Texas que se veía mejor conservada.

En definitiva, el olor 2T, el tacto de moto clásica y la alegría de conducir vehículos tan representativos de la historia del motociclismo español concluyó una jornada inolvidable gracias a Honda España y al Museu de la Moto de Basella, el cual recomiendo encarecidamente visitar. ¡Sobre todo si vas de camino a Andorra, pues pilla de paso!

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