Cuando Valentino Rossi llega a la formación de parrilla de MotoGP, se sienta junto a su moto e inclina la cabeza hacia ella, se crea un aura alrededor donde reina el silencio. Minutos antes de que empiece cada carrera, Rossi siente y “escucha” a su M1. Hay una conexión especial con una Yamaha a la que antes de arrancar en Termas de Río Hondo le tuvo que expresar algo así como: «Hoy lo vamos a bordar».

Y así fue. La salida no fue la mejor y no remontó ninguna posición en la primera vuelta, pero a partir de ese momento Rossi se puso el traje de los domingos para dar un recital en los 24 giros restantes. Otro que estaba dando un recital era Márquez, cuya fuga en la primera parte de carrera hacía prever otra exhibición en Termas de Río Hondo. La distancia entre el 93 y el 46 alcanzó su cota más alta en la sexta vuelta (+4.593), en la que Marc lideraba con holgura y Valentino rodaba en la quinta posición.

Cinco vueltas después, Rossi se situó segundo y la distancia ya era menor (+4.151). Entonces empezó la remontada en un proceso que duró 13 vueltas: +4.1, +4.1, +4.0, +3.7, +3.4, +3.0, +3.1, +2.3, +2.0, +1.2, +1.1, +0.4, +0.1. Como si de un comecocos se tratase, ‘Il Dottore’ ingirió una diferencia que minutos antes parecía insalvable. El neumático trasero duro de Márquez (a su vez, la opción más blanda), acusó el desgaste, y Valentino llegó como una exhalación con el extra-duro.

Valentino Rossi - Marc Márquez - Motorbike MagazineQuedaban dos vueltas y estaba a su rueda. Rossi tenía ritmo para superar a Márquez y tratar de irse justo después pero Marc, que había liderado las primeras 23 vueltas de la carrera, no iba a dar su brazo a torcer. El inconformismo del campeón español podía llevarle de nuevo a la gloria pero en esta ocasión le llevó al suelo. Valentino se puso en cabeza y Márquez trató de devolverle el adelantamiento de forma instantánea; era la única opción de frenar a un piloto que llegaba mucho más fuerte a final de carrera. La opción más comedida era aguantarse y amarrar los 20 puntos del segundo puesto, pero conservar y Marc Márquez son dos términos tan opuestos que deberían aparecer en el diccionario de antónimos de la RAE.

Llegó el primer toque cuando el 93 soltó los frenos y el segundo cuando el 46 afrontó el cambio de dirección de la siguiente curva. Ése segundo toque acabó con la caída de Márquez y desató la tormenta. «Marc siempre va al cien por cien, con él siempre es todo o nada. Me ha tocado dos veces, creo que ha sido un error suyo», aseguraba tajantemente Valentino. Minutos después, en la primera comparecencia de Marc tras las caída, el piloto del Repsol Honda no quiso dar -ni quitar- la razón a Rossi: «En las imágenes se ve lo que ha pasado; siempre he dicho que Valentino ha sido un héroe mío, mi referente, y en cada carrera se aprenden cosas de él», afirmó el de Cervera, probablemente con segundas, y zanjó el tema sin recriminar nada a su rival: «Yo lo dejaría como que ha sido un lance de carrera». Borrón y cuenta nueva para Jerez, pero este lance de carrera tiene un amplio trasfondo.

El antes y el después

Charlas en las ruedas de prensa, abrazos en el parque cerrado, bromas tras espectaculares carreras como las de Laguna Seca 2013, Qatar 2014 o Montmeló 2014… Está claro que la buena relación entre Márquez y Rossi ha sido una tónica desde que coincidieron por primera vez en MotoGP. La admiración es recíproca y el respeto mutuo, dos sentimientos elevados a su máximo exponente por varias razones: la primera, el reflejo que existe entre ambos tanto dentro como fuera de la pista. La segunda, el bonito choque generacional que protagonizan. La tercera y más importante, que hasta ahora no estaban luchando por el mismo objetivo. Y si algo ha quedado claro en el inicio de esta temporada 2015, es que los dos son serios candidatos al título.

Valentino Rossi - Marc Márquez - Motorbike MagazineEntonces… ¿Se acabó el buen rollo entre ambos? Seguro que no, al menos de cara a la galería. Si son dos ídolos de masas es, en parte, por saber exprimir a la perfección el factor carisma. Ni se acabará el buen rollo, ni la admiración recíproca ni el respeto mutuo. Y, obviamente, el ídolo de Marc seguirá siendo Valentino. Pero ha cambiado algo: desde el primer momento de la temporada, si algo es seguro es que los dos tienen el título entre ceja y ceja. Y eso no había sucedido ni en 2013 ni en 2014. En la pista no hay amigos y cuando lo que está en juego en un Mundial los gestos y carantoñas fuera de la pista disminuyen exponencialmente.

Ha empezado una nueva fase en la relación entre Valentino Rossi y Marc Márquez. Que nadie busque mal ambiente porque no van a existir. Ambos saben encajar una derrota y saben también que el lugar más propicio para hablar es en la pista. Aunque la procesión va por dentro. El toque de Argentina, la contundente afirmación de Rossi y el mensaje posterior de Marc son un claro ejemplo de que lo de Termas de Río Hondo ha marcado un antes y un después. El Mundial de MotoGP 2015 promete emociones fuertes, y no sólo alimentadas por Marc y Valentino; Dovizioso se ha convertido en un experto del parchís y sólo suma de 20 en 20, Lorenzo no está en su mejor momento pero se le espera y Pedrosa calienta en la banda para que en Jerez empiece de verdad su temporada.

Pero en el GP de España, sobre todo en la rueda de prensa del jueves, los focos apuntarán a Valentino y Marc. El trazado andaluz, posiblemente lleno hasta la bandera, va a ser un hervidero de sensaciones. El maestro quiere sentar cátedra ante un alumno que lleva dos años acabando el curso con matrícula cum laude y que a buen seguro ha aprendido a la perfección la lección de Argentina. Ha arrancado una nueva etapa en la relación de dos genios del motociclismo, y va a ser interesante seguir la evolución de un antes y un después que puede protagonizar un año para recordar.

Foto principal: MotoGP.com
Fotos del cuerpo del texto: Repsol Media