EDITORIAL: Este texto es el editorial de la revista número 11 de Motorbike Magazine. 

En el Gran Premio de Valencia tuve la oportunidad de acudir a las diferentes ruedas de prensa que se dieron tras esta histórica carrera, lo que me permitió vivir y sentir en primera persona lo que allí sucedió. La conferencia de los tres vencedores de la carrera, la del recién coronado campeón del mundo, las individuales de Dani Pedrosa y Marc Márquez y, por último y muy a mi pesar, la rueda de prensa de Valentino Rossi.

Para empezar y siendo 100% neutral, es de recibo destacar el contraste que hubo entre la actitud de los tres pilotos españoles y la del italiano. La rueda de prensa de Jorge, Marc y Dani –así como las individuales de cada uno de ellos– giraron principalmente en torno a las acusaciones vertidas hacia ellos por parte de Valentino; acusaciones que gestionaron de forma elegante y muy respetuosa, tratando de huir de la polémica y centrándose únicamente en dar –sean éstos ciertos o no– su versión de los hechos.

Del otro lado, el nueve veces campeón del mundo comenzó a lanzar críticas minutos después de bajarse de la moto. Sin tiempo si quiera para ver la repetición de la carrera, no tuvo ningún remilgo en acusar a Márquez de haber sido el “guardaespladas” de Jorge durante toda la carrera afirmando que el único objetivo del piloto de HRC era evitar que él lograse un nuevo título. Equivocado o no, lo que sí es cierto es que la diferencia de actitud entre una parte y otra dejaba en muy mal lugar a un Valentino que actuaba de forma poco coherente y sencillamente decepcionante.

Pero mi decepción se convirtió en profunda tristeza cuando tuve la “dichosa suerte” de asistir a la rueda de prensa de Rossi. Sentado en primera fila, a escasos metros de Valentino, me sentí mucho más que incómodo escuchando cómo el italiano no tuvo ningún escrúpulo en atacar, ridiculizar e ironizar sobre lo sucedido, faltándole al respeto a sus más directos rivales y, por asociación, al motociclismo como deporte.

Un piloto de su talla tiene la inexcusable obligación de asumir con elegancia las situaciones adversas, ya sean justas o injustas, y estar a la altura de las circunstancias como han hecho tantos y tantos campeones a lo largo de la historia.
Valentino superó una barrera infranqueable, que es la de sentirse por encima de sus rivales y por encima de un campeonato como es el de MotoGP. Superada la agitación de las primeras horas, lejos de calmar los ánimos, aquella noche Valentino se tomó la libertad de no asistir a la Gala de Campeones que pone fin a la temporada, un sonoro y directo gesto de desprecio hacia el deporte que le ha hecho grande.

Porque, no nos equivoquemos, el motociclismo le debe mucho a Rossi; pero Valentino le debe todo lo que él es al motociclismo y parece que no se está dando cuenta de ello.