Daniel Albero ha sido el primer diabético tipo 1 en correr el Dakar en moto

Tras mucho tiempo empujando su ilusionante proyecto "Un diabético en el Dakar", Daniel Albero ha logrado participar en la carrera más dura del mundo. Pese a su abandono antes de arrancar la cuarta etapa, ha dejado su sello con una de esas historias que reflejan a la perfección el espíritu dakariano.


Hace casi dos años, mientras remataba los últimos flecos con la información del Dakar 2017, cogí el teléfono para hablar por primera vez con Daniel Albero. El valenciano quería cumplir el objetivo de ser el primer diabético tipo 1 que conseguía participar en el Rally Dakar. Su voz transmitía una energía tremenda cuando hablaba sobre ello. Llevaba tiempo persiguiendo esa meta y había puesto el foco en estar en la edición de 2018, algo que finalmente no fue posible.

Cuadrar todos los requerimientos para estar en la salida de la carrera más dura del mundo es una tarea muy complicada, sobre todo cuando se trata de un piloto privado con medios limitados para afrontar un proyecto de semejante envergadura. La opción de 2018 se desvaneció, pero Daniel no desistió en busca de poder cumplir su sueño al año siguiente.

Compaginó su trabajo como conductor de autobuses con la preparación física para poder participar en el Dakar, lo que también implicó participar en pruebas previas como el Merzouga Rally y la Baja Aragón. A todo ello había que sumarle la búsqueda de patrocinadores para conseguir el presupuesto, papeleos y demás trámites necesarios para poder estar en el podio de salida en Perú. En julio había recibido una noticia inolvidable: la organización había aceptado su solicitud y le había enviado el dorsal #135 para participar en el Dakar 2019.

«Fue una emoción muy grande. Recibí la confirmación en julio con muchísima alegría. Por otro lado no tenía tanta, porque sabía el reto al que me tenía que enfrentar, también económicamente. Habíamos gastado todo en correr el Merzouga y en julio no tenía un duro para correr el Dakar, pero hice una apuesta a título personal; parte del equipo no quería, pero aposté por ir y tratar de conseguir el dinero en los meses previos. Hemos trabajo mucho, hemos removido cielo y tierra para poder conseguir lo que nos faltaba», decía Dani a MOTORBIKE MAGAZINE justo antes de poner rumbo a Perú, en otra conversación telefónica que mantuve con él.

Por si fuera poco, Daniel también había recorrido media España para dar conferencias sobre su experiencia con la diabetes, enfermedad que contrajo con 10 años como consecuencia de una meningitis aguda que había tenido con sólo 8. Su objetivo no es otro que concienciar a quienes la sufren de que no han de ponerse limitaciones: «Hemos ido haciendo peregrinaje por toda España. Cuando empecé me costó bastante, pero es algo que a día de hoy me gusta mucho, porque es la forma que tengo de compartir mi proyecto y lo que voy aprendiendo. A la gente le gusta que les cuente mis aventuras y a veces me usan un poco como icono. De hecho, en Valencia organizamos una carrera y varios padres vinieron a darme un abrazo y a decirme “no te puedes ni imaginar lo que estás ayudando a nuestros hijos a llevar la diabetes”. Esto te carga las pilas y es donde ves que realmente estamos haciendo algo. Me estoy dando cuenta de que estamos trabajando para esta gente joven, abriendo puertas para un futuro sin barreras para la gente con diabetes. Por ejemplo, cuando yo empecé no me dejaban participar en carreras. Creo que hemos aportado nuestro granito de arena», nos contó el valenciano.

«La diabetes es una condición sobre la que tenemos que estar muy pendientes. Es muy caprichosa. Aún teniéndola por la mano y siempre muy controlada, ella tiene su vida propia», expone sobre una enfermedad que ha tenido que controlar al detalle en cada momento, disponiendo, entre otras herramientas, de un medidor de glucosa continuo cada vez más avanzado que le iba "chivando" los niveles de azúcar en cada momento.

Daniel Albero, en acción durante el Merzouga Rally

 

Un final anticipado, pero un sueño cumplido


Antes de que comenzase el Dakar, Daniel ya sabía que se enfrentaba a un desafío doblemente duro, puesto que afrontaba la prueba sin asistencia, aunque con la posibilidad de que Pedregà le pudiese transportar el material y le diese un espacio en el vivac para repararse la moto después de cada jornada. «Me he inventado una categoría intermedia, entre la normal y la Original By Motul», nos decía antes de arrancar. «Tenía la intención de haber conseguido más presupuesto para haber podido tener una asistencia y poder tener más garantías en esta participación. En julio tuve que tomar la decisión de ir, aunque sólo fuese a ir al podio de salida a hacernos las fotos y volvernos a casa. Es triste, pero tampoco tenía más presupuesto. A medida que hemos ido consiguiendo más dinero, la cosa ha ido un poco a más. Pero voy sin asistencia, me tendré que reparar todos los días la moto, no he podido obtener los 15.000 euros que vale una asistencia», añadía al respecto.

Aquella entrevista que realizamos con Daniel a escasos días del inicio del Dakar 2019 iba a ver la luz durante esta jornada de jueves, precisamente el día en el que se conocía su abandono de la carrera después de tres etapas. La paliza para completar el recorrido del tercer día complicó demasiado las cosas. Un resfriado que ha ido a más y una muñeca lesionada por una caída a dos semanas del comienzo del Rally eran dos escollos más para salir a la cuarta especial, que además suponía la primera parte de la etapa maratón. No se encontraba en condiciones para afrontar otro día de competición.

«Estoy recuperándome», nos comentaba tras su abandono. «La experiencia ha estado bien. Para saber lo que es esto y aprender, hay que venir. Me he venido solo, sin asistencia y sin tener aquí a ningún familiar. Aunque aquí somos todos una familia, esto es una carrera y, como es muy normal, cada uno va a lo suyo. Tendría que venir aquí a pilotar y a controlar mi diabetes, y no ha sido así. Ha sido mucho trabajo, ha sido una barbaridad», explica Albero.

Tras superar una tercera etapa muy dura en la que se quedaron por el camino grandes nombres de la general como Barreda o Pedrero, entre otros, el enlace fue una odisea para él. Aparecieron algunos problemas en su moto, bautizada cariñosamente como Azucarilla, y este jueves ha decidido que lo mejor era no continuar: «Salí de España resfriado y con una muñeca maltrecha y ayer hice una gran etapa. Terminé muy bien en una etapa espectacular, súper dura. Logré terminarla, llegué a buena hora al final de la especial, pero después tuve que parar en un poblado y perdí mucho tiempo antes de hacer el enlace. Tuve que hacerlo a una media de 30-40 km/h, porque la noche aquí es muy cerrada y fueron casi 11 horas de enlace. El resfriado se me ha tirado encima esta mañana. Tenía el cuerpo destrozado, anoche llegué con un poco de hipotermia, hacía mucha niebla y frío, y yo sé dónde tengo el límite. Creo que cuando no se puede, no se puede. Salir hoy era muy arriesgado», nos comentaba con la emoción a flor de piel.

Sin embargo, pese al sabor agridulce de una despedida tan temprana del Dakar, en el caso de Daniel Albero la lectura que se extrae es que, por encima de todo, ha podido hacer realidad una ilusión que perseguía desde hace varios años. Ya fuera 1, 3 o 10 etapas, quería estar a toda costa en el Rally Dakar y, de paso, hacer historia como el primer participante diabético tipo 1 en la categoría de motos. Su ejemplo ha calado hondo y, camino de los 47 años, ha demostrado que los sueños se pueden cumplir si se pone el suficiente empeño en hacerlo. El futuro dictará si esta historia tiene más capítulos y si Daniel vuelve para poner la guinda y acabar la carrera. Sea como sea, siempre le acompañará un lema que ya es parte de la historia del Dakar: "Gas e insulina, ¡que no falte!".