En una temporada brillante para Yamaha, Valentino Rossi y Jorge Lorenzo centran toda la atención en su lucha por el campeonato. Seis años después de pelear de tú a tú por la corona de MotoGP, el italiano y el español vuelven a retarse en pista. Pero no todo se juega en el asfalto, ya que desde los boxes los conocimientos de Silvano Galbusera y Ramón Forcada son fundamentales para lograr el mejor compromiso en el apartado técnico. Silvano y Ramón, dos técnicos con décadas de experiencia a sus espaldas, son las personas de confianza de los dos candidatos al título y los hombres destinados a hacer que sus pilotos sientan la M1 como un guante. Dos veteranos de la Vieja Guardia que trabajan por vencer una nueva batalla.

 

Ramón Forcada: El insustituible

No es incierto definir a Jorge Lorenzo como una persona inestable. Un calificativo que, por otro lado, no tiene nada que ver con sus tremendas aptitudes como piloto, entre las que destaca una consistencia a modo de martillo que cuando está bien calibrado es implacable con sus rivales. Una prueba inequívoca de esa inestabilidad personal es el vaivén de nombres que han pasado por su círculo más cercano en su carrera deportiva: desde jefes de prensa, pasando por preparadores físicos o mánagers… En la cuadratura de su pirámide no ha habido plena firmeza. Pero si hay alguien que se ha mantenido en todo momento desde que desembarcó en MotoGP en 2008, ese es Ramón Forcada, su jefe de mecánicos desde entonces. Por no hablar, claro está, de su inseparable “Juanito” Llansá, un mecánico que le ha acompañado desde sus primeros pasos en la competición.

Centrando las miradas en su unión con Ramón Forcada, los números de este binomio están fuera de toda duda. Afrontan juntos su octava temporada con serias opciones de lograr el tercer título tras los cosechados en 2010 y 2012, y además acumulan tres subcampeonatos -2009, 2011 y 2013-. Tanto el técnico catalán como el piloto mallorquín se complementan a la perfección  y saben remar juntos en la misma dirección. El carácter de ambos se conjuga perfectamente a la hora de trabajar y los resultados así lo transmiten.

Forcada es una de esas personas que se ha ganado a pulso el respeto del paddock. Habla claro, bastante, y podrá gustar más o menos lo que diga, pero hay que escucharlo porque siempre se aprende algo.

Su trayectoria empezó aprendiendo de maestros como Eduardo Giró, Enric Palero y el inigualable Antonio Cobas. En lo que respecta a los pilotos, trabajó junto a un joven Álex Crivillé, y años más tarde tuvo un papel destacado en el equipo de Sito Pons en 500cc con Honda. Allí coincidió con Álex Barros, a quien acompañó en su paso por el Repsol Honda y también en su regreso al Pons Racing. Ramón fue técnico de Casey Stoner en el debut del australiano en MotoGP -2006- y al año siguiente, el primero de las 800cc, se mantuvo en el LCR Honda como jefe de mecánicos de Carlos Checa.

Con un extenso currículum a sus espaldas llegó el momento de cambiar de marca. Yamaha y Jorge Lorenzo le abrieron las puertas de su box en el año 2008, el mismo en el que el mallorquín se estrenó en MotoGP. El entendimiento fue mutuo y el trébol Lorenzo-Forcada-Yamaha carburó desde el inicio, mostrando una compenetración que se mantiene hasta la actualidad. Y viendo el nivel actual de Jorge, todo indica que esta unión puede extenderse durante muchos años. Ramón Forcada es el insustituible.

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Rossi – Galbusera: Una conexión especial

La temporada 2013 significó el retorno de Valentino Rossi a Yamaha tras dos años de nefasta relación con Ducati. Nada más volver a subirse a la M1, el italiano mejoró sustancialmente sus resultados con respecto a la marca Borgo Panigale, pero aún faltaba algo más para volver a sentirse plenamente competitivo, puesto que estuvo toda la temporada a la sombra de Márquez, Lorenzo y Pedrosa. Con 34 años las dudas se multiplicaban y lo más fácil era darle por vencido. Era el momento de buscar soluciones, el momento de lanzar un órdago: ahora o nunca.

El cambio más notable, contra todo pronóstico, llegó en el apartado técnico. Rossi mantuvo a su inseparable grupo de mecánicos, esos que le acompañan vaya donde vaya, pero decidió sustituir al boss de todo ese equipo. Después de 14 temporadas de vino y rosas, el dúo de Jeremy Burguess y Valentino Rossi había dejado de funcionar. Quizá la monotonía de esa pareja que acumulaba siete títulos de la categoría reina tanto con Honda como con Yamaha perdió la afinidad en Ducati, y no la recuperó después en el retorno a la casa de los tres diapasones. El 46 necesitaba recuperar la chispa encima de su M1 y para ello se dispuso a tomar una elección que pilló a todos por sorpresa, incluso al propio elegido.

Pero lo cierto es que Silvano Galbusera conducía el bote salvavidas al que se aferró Valentino Rossi para volver a sentirse competitivo. El técnico italiano sólo había conectado una vez con ‘Il Dottore’: en su época de jefe de mecánicos de Yamaha en Superbike, Rossi acudió a Brno a realizar un test con la R1 que le sirvió para subirse nuevamente a una moto después de fracturarse tibia y peroné en Mugello. ¿El resultado de aquella prueba? Pues tan precisas debieron ser las directrices que dio Rossi en la puesta a punto de la R1, que Cal Crutchlow consiguió el doblete en la siguiente ronda, en Silverstone. Hasta entonces, aquella Yamaha no había ganado ninguna carrera en la temporada 2010…

Galbusera arrancó en el Mundial en 1979, pasó incluso por el Rally Dakar y regresó a las pistas para estar junto a Kocinski en Cagiva en 1994 y 1995. A partir de entonces, puso rumbo con Yamaha al Mundial de Superbike, campeonato en el que trabajó durante más de una década y donde ganó el título de 2009 con Spies. En 2011 coincidió con Melandri, quien le llevó consigo a BMW para las dos siguientes temporadas.

Y de pronto recibió la llamada de Valentino Rossi para desempeñar un cargo soñado por cualquier técnico, y a su vez una responsabilidad mayúscula. Aun así, esa conexión especial que surgió en aquel test de 2010 pronto se retomó en MotoGP; la unión empezó a dar resultados desde el primer momento y Galbusera se ha convertido en un líder silencioso capaz de suministrar las herramientas necesarias al genio de Tavullia para volver a brillar. El órdago que lanzó Valentino a finales de 2013 puede tornarse en la elección perfecta para lograr el décimo. Silvano y Valentino están plenamente conectados para lograr juntos lo que se daba por imposible hace un par de años. Si el 46 consigue finalmente ese ansiado título, el técnico italiano será una pieza clave en este preciado éxito. 

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En las mejores manos

Hay mucho trabajo detrás de un título. También muchas personas, bastantes. Más cuando hablamos de la categoría de MotoGP y de una gran fábrica como Yamaha. Si reducimos el ente a la estructura oficial de la fábrica de Iwata en la categoría reina, la agrupación de gente sigue siendo notable. Aunque sin muro como antaño, el Movistar Yamaha se divide en dos mitades que a su vez cuentan con un gran número de personas detrás. Y todo ello sin hablar de aquellos que trabajan a la sombra, desde Japón, para buscar esas soluciones técnicas que permitan a su fábrica tener la mejor moto de la parrilla. Engranajes no visibles de un enorme elenco de trabajadores congeniados para llegar a la cima de MotoGP.

En la cúspide del éxito -o del fracaso- se sitúan los pilotos. Las cabezas más visibles y las manos más fiables sobre las que se encomienda la labor de ganar y jugarse el tipo. Ellos son los verdaderos protagonistas, los que se suben a unas motos en cuyo desarrollo, preparación y puesta a punto han trabajado una gran cantidad de personas.

Al frente de toda esa labor dentro de las carreras se encuentran los jefes técnicos, los receptores de la información que ofrece el piloto y los intérpretes de esas palabras a la hora de buscar limarle décimas al crono. Las miradas apuntan a Valentino Rossi y Jorge Lorenzo en su intensa lucha por el título de MotoGP, pero a la sombra trabajan dos integrantes de la Vieja Guardia, dos técnicos curtidos en mil batallas que actualmente tienen, a partes iguales, la suerte y la responsabilidad de ser las manos derechas de dos de los mejores pilotos del mundo.

Tanto Silvano Galbusera como Ramón Forcada tienen una grandísima experiencia a sus espaldas con pilotos, categorías y marcas de toda índole. Pero el máximo reconocimiento profesional para ambos ha llegado desde que se hacen cargo del equipo técnico de Rossi y Lorenzo, respectivamente.

La fantástica labor de Yamaha en este 2015 está fuera de toda duda. Con su filosofía de trabajo por bandera -pequeños pasos pero bien dados- han dotado de las armas perfectas a dos pilotos que están respondiendo con creces en pista. La Yamaha M1 es a día de hoy la moto más equilibrada de la parrilla, pero es en los circuitos donde realmente se demuestran los resultados. Allí, tanto Rossi como Lorenzo lo están logrando tras repartirse gran parte de las victorias en juego y quedarse solos en la lucha por el campeonato.

El trabajo de sus respectivos jefes de mecánicos es una tarea vital, máxime con los dos pilotos peleando por el título con las mismas armas. Ante esa tesitura, cualquier detalle puede marcar la diferencia y ambos tratan de conseguirlo mediante dos líneas de trabajo muy diferentes; mientras que Forcada y Lorenzo logran establecer una buena puesta a punto desde el primer entrenamiento libre del viernes –algo fundamental para la confianza de Jorge-, Galbusera y Rossi tienen la capacidad de resucitar el domingo aún sin haber mostrado ritmo a lo largo del fin de semana; encomendar todo al warm-up, tirar la moneda al aire y que siempre salga cara. Dos modos de trabajar muy distintos, dos pilotos diferentes y un mismo objetivo. Lo que está claro es que, en el apartado técnico, están en las mejores manos.