Las ‘eses’ marcan el destino de su relación

El fenómeno de la coexistencia entre genios puede traducirse en complicidad o conflicto. Cuando dos trayectorias se cruzan, sólo cabe uno; y las chicanes se han convertido en la intersección de la relación entre Valentino Rossi y Marc Márquez.

Cuatro años tenía Marc Márquez cuando Valentino Rossi conquistaba su primer título mundial, allá por 1997. Una brecha generacional que poco hacía pensar en lo que pasaría más de década y media después.

Valentino Rossi - Marc Márquez - Motorbike Magazine

Ni el propio Valentino podía llegar a imaginar que aquel niño con el que se fotografiaba en su box se convertiría en su némesis. Rossi era el rey indiscutible del mundo de las dos ruedas. Marc, sólo un niño entre un millón que se acercaba a su ídolo en busca de cumplir un sueño infantil.

Losail, 2013. El niño se había hecho mayor y se presentaba por primera vez en la parrilla de la categoría reina con dos títulos bajo el brazo, calcando la progresión que había llevado Rossi cuando apareció entre los inscritos del medio litro en 2000.

Eran tiempos de vino y rosas. Aquel día, Rossi también se sentía un debutante. De nuevo sobre su querida Yamaha, volvía a sentirse competitivo. Lucharon por la segunda posición, ganó el italiano. Ambos acabaron exultantes: uno por volver a disfrutar sobre la moto, otro por haberse estrenado en el podio después de batallar con su gran referente.

Todo era paz y armonía. Una historia de amor entre dos genios en dos puntos muy distintos de sus carreras: el niño que crecía a pasos agigantados y el mito que intentaba reinventarse a sí mismo. Por eso, la primera chicane no hizo mella. Al contrario: se tradujo en una maniobra que festejaron juntos.

Marc Márquez Valentino Rossi Laguna Seca MotoGP 2013 - Motorbike MagazineFue en el lugar más épico del motociclismo moderno: el Sacacorchos de Laguna Seca. Márquez, que iba a ganar aquella carrera sí o sí, hizo gala de un sentido del espectáculo sólo comparable al de Rossi para superarle replicando su adelantamiento más famoso. ‘Il Dottore’, cuya lucha estaba en reencontrarse a sí mismo, le obsequió con una carantoña de aprobación en el parque cerrado.

En 2014, el amor seguía fluyendo. Seguían en distintas dimensiones. Marc ponía el ‘modo dios’ para arrasar con todo y con todos y Rossi rejuvenecía rumbo al subcampeonato. La alegría era mutua: uno se alegraba de ver al otro superando al resto de los rivales. El otro, celebraba haber sido el primero de los mortales.

Aquello se acabó. Muy poco a poco. El principio del fin fue en Qatar. Márquez, indiscutible en todas las casas de apuestas, cometía el primero de su cadena de fallos y se borraba de una lucha entre Yamaha y Ducati que se llevó Rossi. Respondió ganando en Austin para hacer creer a todos que lo sucedido en el desierto no había pasado de simple lapsus.

Caida Marc Marquez Valentino Rossi GP ArgentinaLlegó Argentina. Dos estrategias diferentes de neumáticos y media carrera para cada uno. Márquez se largó al tiempo que Rossi se zafaba de sus rivales hasta ponerse segundo. Fue entonces cuando entró en escena la degradación de las gomas; convertida en un ‘póntelo, pónselo’ que acabó con el catalán por los suelos en un cambio de dirección (cuasi chicane).

Ya no había duda. Se les había agotado el amor, quién sabe si de tanto usarlo. Por primera vez, eran rivales por el título; premio cuya magnitud hace inviables las carantoñas. Por la forma de ser de ambos, la confrontación no fue directa. Sólo ‘pullitas’.

El ‘via crucis’ de Honda había corrido un tupido velo entre ambos, que de nuevo volvían a estar en distintas dimensiones. Uno en el podio y otro en el suelo. Apacible calma que sólo escondía –pero no ocultaba- un subtexto de tensión.

En Assen, la tensión se hizo visible entre la calma. Varias carreras después, ambos estaban para ganar. ‘Mensajitos’ velados en los micrófonos durante la previa servían de anticipo. En las catedrales sólo se le puede rendir culto a un dios. No podía acabar bien.

MotoGP Assen 2015 - Motorbike MagazineY otra chicane salvaje apareció. Nada que ver con el Sacacorchos, que sirvió de crónica de un adelantamiento anunciado, que podía haber sido en la siguiente curva o la siguiente vuelta. Era sábado y la fiesta estaba en juego. Un ahora o nunca. Como sucede con el escalón más alto del podio, en la entrada de esa curva sólo podía caber uno. Y los dos querían ser ese uno.

Lo sucedido ya es historia. Un leve toque catapultó a Rossi hacia la victoria tras poner a prueba su talento para el ‘motocross’, y Márquez se sintió ganador moral por haber dibujado la curva. Ni rastro del amor pretérito, convertido en un infantil sueño de una noche de verano.

A cambio, patadas de ironía y puñetazos de sarcasmo. La sala de prensa se convirtió en un ring dialéctico, en el que ambos querían ganar y donde las risas de los periodistas ejercían de tácitos jueces. Todo muy respetuoso. Muy divertido. Muy… falso.

El respeto debe prevalecer. La hipocresía, no. Aunque se agradece que la confrontación transcurra entre risitas en lugar de ataques directos, ya no cuela. No hay amor. No puede haberlo. No hace falta que lo haya. Lo que hay es un título de MotoGP en juego, que ya es bastante.