Philippe Le Gallo, piloto del Team Yamaha LaGlisse, se convirtió en Campeón de Europa de Superstock 600 a los 59 años. El pasado domingo certificó este éxito en Jerez. Te acercamos la historia de este piloto francés.


He paseado cientos de veces por el paddock del FIM CEV durante los últimos años; básicamente, porque en cada fin de semana allí son varios los ‘viajes’ que tengo que hacer para llenar la grabadora de audios a los que luego dar forma cuando me pongo delante del teclado en sala de prensa. Pasear por el paddock de este campeonato, de la gran antesala al Mundial de MotoGP, supone ver un sinfín de adolescentes ataviados con las ropas de sus respectivos equipos o con el mono antes de salir a pista. Sobre todo ahora que ya no hay categoría de Superbike, sustituida por una fórmula de promoción como la European Talent Cup que ha bajado más aún la media de edad del campeonato. Ellos son las grandes promesas del motociclismo mundial, los pilotos que dentro de unos años darán que hablar en el Campeonato del Mundo, y es realmente enriquecedor conocer desde sus inicios a aquellos que próximamente coparán los titulares.

Sin embargo, a veces en el paddock del FIM CEV los más jóvenes también se mezclan con otros pilotos cuyos ejemplos son muy diferentes. Pilotos que ya no son promesas, sino ejemplos que intentan aferrarse al último tren para encontrar su sitio en el Mundial, o bien “currantes” del mundo de la moto que invierten en su pasión por las dos ruedas. Algunos cargan con su propia estructura a cuestas, otros recalan en equipos con gran trayectoria y palmarés para poder preocuparse sólo de pilotar. Estos ejemplos se multiplicaban cuando existía la categoría de Superbike dentro del certamen, el momento en el que yo conocí a Philippe Le Gallo, un auténtico campeón que ahora además tiene un título europeo a sus espaldas.

Philippe es francés, corre desde el año pasado en el Team LaGlisse y lleva desde 2010 formando parte de la caravana del FIM CEV. Hasta ahí todo normal. Lo sorprendente llega al conocer su fecha de nacimiento: 11 de marzo de 1958. Sí, tiene 59 años, de los cuales los 12 últimos los ha dedicado a competir en moto tanto en Francia al principio como en España después. Cada vez se desenvuelve mejor con el castellano y ha pasado de “chapurrearlo” a hablarlo con relativa fluidez. Es uno más dentro de la familia del Team LaGlisse, donde su box está pegado al de otros seis pilotos, cinco de Moto3 y uno de la European Talent Cup, de los cuales ninguno supera la veintena. De hecho, si se suma la edad de los tres más jóvenes -Andrea Cavaliere, Riccardo Rossi y Rufino Florido- ni siquiera alcanzan los 59 años de este piloto galo; de hecho, se quedan a nueve…

«La edad es únicamente un papel y que todas las personas de mi edad pueden conseguir éxitos en el trabajo, en la vida o a nivel deportivo»

Le Gallo siempre había competido con motos de 1000cc, hasta que la supresión de la categoría de Superbike le obligó a cambiar de montura si quería mantenerse en el FIM CEV. Permaneció en el Team Yamaha LaGlisse, cambiando una R1 por una nueva R6 con la que corre en la subcategoría de Superstock 600, que comparte parrilla con los pilotos de Moto2. No las tenía todas consigo al inicio, pero pronto empezó a sentirse más cómodo con la 600cc que con la 1000cc.

No busquen su dorsal #66 entre los más rápidos de su categoría. Tampoco busquen una gran cantidad de rivales dentro de Superstock 600, porque son realmente pocos los inscritos en la categoría. Pero el verdadero mérito del título europeo que certificó el pasado domingo en el Circuito de Jerez no radica ahí, sino en superarse a sí mismo constantemente y demostrar que no hay barreras: «Lo que es maravilloso es que podemos demostrar que la edad es únicamente un papel y que todas las personas de mi edad pueden conseguir éxitos en el trabajo, en la vida o a nivel deportivo. Es importante que esta victoria puede hacer que otras personas de mi edad también lo intenten en los próximos años», comentaba tras asegurar el cetro de Superstock 600.

Philippe Le Gallo

Pese a compartir parrilla con pilotos a los que, en muchos casos, casi triplica en edad; nadie le gana en ilusión y en espíritu de superación. A sus 59 años se conserva como un ‘chaval’, completa unas seis tandas de entrenamientos durante cada fin de semana, aprieta sobre todo los sábados para poder clasificarse sin problemas para la carrera y no tiene problemas para soportar una doble manga cuando es su categoría la que tiene dos carreras. Así sucedió por ejemplo en el Circuit de Barcelona-Catalunya, donde incluso se impuso en la primera carrera tras un duelo hasta la última vuelta con Luc Mamet, recogiendo en el podio su primer trofeo como vencedor de una carrera. Ni en su equipo dieron crédito cuando cruzó la meta. Todos, desde sus propios mecánicos hasta los que preparan las Mahindra y Husqvarna de Moto3, y la Honda de la ETC, fueron corriendo a celebrarlo al parque cerrado.

Le Gallo siempre tiene una clara razón para correr: «Mi familia es la que me empuja a hacer esto y mi esposa también me ayuda desde el cielo». A ella también le dedicó su mejor resultado global en una carrera, el 11º puesto que consiguió en Albacete el año pasado.

Philippe gestiona su propia empresa, y cambia el traje y corbata por el mono de competición cuando aterriza en España para competir. De vez en cuando acude al circuito de Olaberria para entrenar con Efrén Vázquez, el asesor de pista del Team LaGlisse, con quien también ha compartido alguna escapada en Mountain Bike con la que seguir cuidando al máximo su físico. Siempre se ha cuidado e incluso poco antes de dedicarse a las motos bajó en dos ocasiones de las cuatro horas en una maratón. Quizá todo ello sea la receta para tener aún las pilas cargadas.

A veces las historias interesantes en los circuitos no sólo se esconden entre los pilotos más rápidos ni los más carismáticos, también los hay que dejan su sello simplemente compitiendo. Para muchos su título de Superstock 600 quedará deslucido o será intrascendente, pero lo que se esconde detrás es digno de elogio. A cuántos de nosotros nos gustaría llegar a los 59 años estando en forma, yendo rápido en moto y, lo más importante, progresando a cada año que pasa a la vez que disfruta de su gran pasión. Los títulos son los que quedan registrados para siempre, pero ser un campeón a veces va más allá de eso.

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