Haro, director deportivo del LCR Honda, devastado tras el fallecimiento de su padre

Desgarrador testimonio de Óscar Haro, director deportivo del LCR Honda de MotoGP, tras el fallecimiento de su padre por coronavirus.


Óscar Haro, uno de los integrantes con más experiencia y más queridos en el paddock de MotoGP, ha vivido muy de cerca las graves consecuencias que está teniendo la pandemia del coronavirus.

El padre del director deportivo del LCR Honda falleció el pasado viernes sin prácticamente opciones de luchar contra este virus, ya que no había respiradores a su disposición. Su madre también dio positivo en las pruebas de coronavirus y se encuentra aislada.

El propio Óscar Haro, devastado, relató esta trágica situación en un vídeo en el que quiso lanzar un claro mensaje a la sociedad sobre las graves consecuencias que está teniendo la pandemia del Covid-19. Desde el equipo de Motorbike Magazine, mandamos nuestras condolencias y apoyo a Óscar y a toda su familia tras lo ocurrido.

Reproducimos el discurso de Óscar Haro en su vídeo:

«Quisiera hacer este vídeo para explicar un poco cómo está el patio, porque creo que el 80% del país no sabe cómo está el país. Seguramente ni yo lo sepa. No entiendo ni de números, ni de muchas cosas, no entiendo de política, no entiendo de religiones... No entiendo de nada, sólo entiendo de personas. No entiendo cómo es posible que un país tan grande como China, o un país como Italia, que tiene las puertas cerradas y se está muriendo gente, creamos que somos más listos que ellos. Y cuando hemos visto que los demás tienen las puertas cerradas y a la gente en su casa, a nosotros se nos ocurre, por ejemplo, hacer una manifestación feminista en la calle. Somos muy inteligentes. O de repente un mitin de VOX, un concierto de la Pantoja, o fútbol... Todo el mundo en la calle y no pasaba nada. No entiendo por qué, pero sí entiendo que si hubiera habido un poco más de información y hubiéramos sido más inteligentes, seguramente hoy mi padre no se hubiese muerto. Mi padre ha muerto por eso, pero aquí no pasa nada.

El lunes, mi madre y mi padre dieron positivo por coronavirus y a mi padre no lo he vuelto a ver. Lo llevé a urgencias. Mi madre se dio el alta voluntaria porque quería cuidar de mi padre y a mi padre lo aislaron hasta hoy, que ha muerto. Y no entiendo por qué ha muerto, no entiendo como una persona como mi padre, que lleva desde los 15 años trabajando, cotizando en la Seguridad Social de este país, se haya muerto porque no hay respiradores. Se ha muerto porque no han podido tratarle más, porque hay una ley que dice que con más de 75 años ya no interesa cuidarlos y los han dejado morir. Están muriendo todo el rato personas. Llevo toda la tarde en la funeraria y no sabéis lo que es eso. ¡No sabéis lo que es eso! No entiendo de nada. No entiendo que estamos diciendo que tenemos una Seguridad Social increíble cuando los chavales no tienen ni guantes que ponerse. No tenían batas, no tenían máscaras esta mañana.

No entiendo que mi padre, que ha estado toda su vida junto a su mujer, desde los 15 años, no haya podido despedirse de ella. No entiendo que yo, que me como a mi madre a besos cada vez que la veo y que cada vez que puedo me echo la siesta con ella, porque la amo, hoy no haya podido darle un abrazo ni un beso porque está contagiada de una enfermedad que no sé por qué, pero nos ha tocado. No entiendo de nada, no entiendo de números. Solamente sé que veo dinero por todos los lados, siempre, y que estamos dejando morir a una generación que ha hecho este país, que ha salido de una posguerra. Una generación que trabajaba 16 horas diarias para tener alimentos para sus hijos, para crear una familia.

Familias de cuatro y cinco hijos, no como ahora, que tenemos uno o dos, y no queremos tener más porque nuestro egoísmo no nos hace ver más que lo que nos interesa a nosotros. Una familia como la mía, que vivimos en un quinto sin ascensor en Aluche, de 60 metros cuadrados y con un baño. El primero que entraba en el baño era mi padre, luego entrábamos el resto. Siempre había tiempo para un amor, para una caricia para sus hijos. Nos hemos cargado esa generación. Está muriendo esa generación. No nos estamos dando cuenta. Esto no es un virus, no es una gripe, no... Vengo de ver a mi padre muerto y a mi madre encerrada en casa.

Vengo aquí y no puedo coger a mi hija en brazos porque tengo miedo. Tiene tres semanas. No entiendo por qué mi padre no podrá llevar a ver a su nieta los tomates de la huerta. No entiendo muchas cosas. Y ante todo, no entiendo el egoísmo del ser humano. Solamente entiendo una cosa: tenemos el mejor país del mundo. He dado más de 100 veces la vuelta al mundo, he vivido en muchos países y tenemos el mejor país del mundo. Vamos a cuidarlo, por favor. Señores políticos, no lo destrocen.

Me parece vergonzoso que en este momento en el que está muriendo la gente, la oposición está haciendo cargos contra unos y contra otros, diciendo lo que está bien y lo que está mal. Ya da igual lo que está bien hecho y lo que está mal. Da igual. Hay que tomar medidas ahora y la gente tiene que quedarse en casa. Nos estamos muriendo, joder. Nos estamos muriendo. No es el momento para decir si el Rey ha robado, o si el otro se queda con... ¡No es momento! Es momento para quedarnos en casa, levantar el teléfono a los que todavía tengáis vuestros padres y decirle cuánto los queréis, y darles las gracias por todo lo que han hecho por vosotros. Eso es lo que tenemos que hacer ahora. Tenemos que luchar todos juntos, quedarnos en casa y sacar este país a flote. Y el que lo quiera dividir y lo quiera joder, le invitamos muy gentilmente a que se vaya. Suerte a todos. Espero que no os toque, porque se pasa mal».

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