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Probamos los neumáticos Continental TKC 80 en el desierto

7 días, 12 motos y más de 1.200 kilómetros. Esto es lo que nos había preparado Continental para probar a fondo sus neumáticos TKC 80 a fondo en un raid inolvidable por Marruecos.


La crecida exponencial en la venta de motos trail refleja el gusto que tenemos en este país por viajar y descubrir lugares nuevos. Con los TKC 80, Continental ofrece un neumático ideal para un uso mixto de carretera y campo. La relación entre agarre y durabilidad es óptima y te asegura una respuesta ideal ante cualquier condición. Es por eso que Continental se está haciendo un hueco importante en el mercado trail, batiendo records, siendo proveedor oficial del KTM Adventure Rally o incorporando sus neumáticos de serie en determinados modelos. Sin duda un resultado que se ve reflejado en su buen hacer cada año.
Pero muchas veces hay que pararse, mirar hacia atrás para saber de dónde vienes y a dónde quieres ir. Para cambiar las cosas hay que hacer algo diferente, arriesgarse, ponerlo todo sobre la mesa. Con esta premisa Continental nos invitó, junto a sus mejores clientes, a vivir una experiencia única por el desierto africano.

Destino: Marruecos

Si un mes atrás me hubiesen propuesto elegir un viaje para hacer en moto, uno de los destinos posibles lo tendría claro: Marruecos. Pocos países disponen de una variedad tan amplia de paisajes y caminos transitables. Por eso últimamente está muy de moda ir allí a empaparte de su cultura y recorrer cada camino que lo recorre.

Un mes más tarde, estaba subido a un avión con una mezcla entre nervios e impaciencia por empezar esta aventura, que pronto descubriría que sería un auténtico reto para mí.

A nuestra llegada a Fez, un minibús nos esperaba para llevarnos a nuestro punto de partida del raid. Tras 3 horas de conversaciones y risas pudimos conocer un poco más tanto a nuestros amigos de Continental, como a algunos de sus clientes, propietarios de talleres y distribuidores oficiales. A nuestra llegada a Midelt nos esperaba Rubén, el dueño de África Star, una empresa con más de 20 años de experiencia en este tipo de aventuras con una organización excepcional, ya que cuenta con un equipo personal muy profesional, una flota de motos increíble, coches de asistencia y gran atención.

Rubén nos explicó una serie de normas que debíamos seguir durante toda la semana. Además nos explicó cómo navegar con los GPS que llevan las motos incorporados. No parecía difícil; simplemente había que seguir una flecha hasta llegar a los waypoints marcados en el mapa. La sonrisa de Rubén ya nos adelantaba que no iba a ser tan fácil como aparentaba.

Midelt – Er-Rachidia: dura toma de contacto

Amanecía con mucho frío y mucho viento, pero nos equipamos de arriba abajo y fuimos a las instalaciones de Africa Star, donde nos esperaban doce KTM 450 EXC-F impecables listas para montar. Nos dividimos en grupos por niveles, de tal forma que en cada parada, volvíamos a juntarnos todos para descansar. Cada mañana, Rubén nos reunía para darnos una hoja con la ruta que haríamos ese mismo día y una serie de pautas y consejos. A las 10 am ya estábamos con las motos listas y equipados para emprender nuestra aventura.

Nos dirigimos hacia las montañas por carretera para ir haciéndonos a la moto. Siguiendo las indicaciones del GPS, cogimos el primer desvío hacia una pista que nos adentraba en la imponente cordillera de El Atlas por caminos de tierra y muchas piedras, un tramo bastante exigente y lento que nos sirvió para estar alerta desde el primer minuto y para coger confianza sobre la moto.

En este ascenso por la montaña llegamos a superar los 2.000 metros de altitud. Esto sumado al frío y a que aún no nos habíamos hecho a la moto, complicó mucho los primeros kilómetros. Continuamos hacia Er-Rachidia, el final de nuestra primera etapa. Más de 250 km en 8 horas que consiguieron agotarnos toda la energía.

Er-Rachidia – Merzouga: en busca de la arena

Las caras al día siguiente en el desayuno eran un ‘cuadro’. A pesar de las agujetas y las contracturas en casi todo el cuerpo, empezamos el día con fuerza y con muchas ganas. La segunda etapa empezaba con pistas llanas de tierra y piedras, con tramos bastante más rápidos que los del día anterior. Después de una parada, continuamos hacia nuestro destino por llanuras inmensas que poco a poco nos adentraron en montañas bajas con caminos estrechos que nos llevaron hasta nuestra segunda parada, un oasis espectacular lleno de palmeras y un pozo de agua, en mitad de la nada.

Aquí, esperamos a reunirnos todos y realizar uno de los tramos más difíciles hasta el momento: el río de arena. Aquí pudimos comprobar que la moto se comporta de manera muy diferente a como lo hace por pista. Sobre la arena es importante dar gas constante en marchas largas, puesto que si dejas de acelerar, la rueda delantera se clava en la arena y si lo haces en marchas cortas, el neumático excava y no avanzas como deberías. Tras los primeros metros y siguiendo los consejos de Rubén, pudimos comprobar cómo la moto “flotaba” sobre la arena como si de una lancha sobre el agua se tratara. Una vez que le cogías el truco, era divertidísimo notar cómo la arena apenas ejercía resistencia al avance y la moto se movía y retorcía, preguntándose dónde la habíamos metido ¡Qué gozada!

En el último tramo pudimos ver paisajes increíbles bordeando imponentes dunas. Nuestra etapa terminó en un hotel espectacular, presidido por dos enormes dromedarios, a pocos kilómetros de las dunas en el que pudimos disfrutar de masajes, piscina, terrazas y una muy agradable temperatura.

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Por las dunas

Erg Chebbi: navegando por las dunas.

Al día siguiente tocaba el Erg Chebbi, un auténtico mar de más de 100 km cuadrados de dunas, con algunas que alcanzan los 150 metros de altura. En esta etapa, Rubén se subió a su moto para hacernos de guía por este laberinto de arena y enseñarnos a navegar sobre ellas, algo muy diferente a todo lo que habíamos hecho hasta el momento.

El comportamiento de la moto cambia radicalmente una vez entras en las dunas ya que debes llevar una velocidad constante, dando gas continuo y no dejando caer las revoluciones. De lo contrario, la rueda delantera se podría enterrar y hacernos caer. Y lo peor no es la caída, sino levantar la moto una y otra vez. “Basta con caerte 2 ó 3 veces para agotarte y no poder seguir rodando sin tener que descansar”, nos comentaba Rubén.

Poco a poco nos íbamos haciendo a la moto y al terreno, pasando de ir coronando dunas pequeñas a realizar “ochos” entre dunas cada vez más grandes. Sin duda es una experiencia que no te la imaginas hasta que la vives. Para mí fue un gran reto y una experiencia inolvidable. Como anécdota os contaré que durante nuestro recorrido nos cruzamos con un nativo sobre una pequeña moto de 125 que había que verle coronar las dunas; increíble.

Por la tarde nos dividimos en dos grupos, los que repitieron dunas y los que decidieron tomarse la tarde libre y visitar Khamlia para conocer a los Gnawas, una tribu de origen subsahariano famosa por su música y sus bailes.

Una tarde de relax que no venía nada mal para reponer fuerzas y encarar la segunda mitad del viaje con energía.

Merzouga – Erfoud: aumentamos el ritmo.

Llegó la etapa más larga, 300 km de interminables llanuras hasta Erfoud que, bajo mi punto de vista, fue la más espectacular del viaje.

Nos enfrentamos a caminos estrechos y rápidos que, gracias a la experiencia de los días anteriores, nos hizo aumentar el ritmo, pero también los errores de navegación. Es aquí cuando te das cuenta del mérito que tienen los pilotos del Dakar… Llegamos a nuestra primera parada para desayunar, una antigua prisión portuguesa en lo alto de un acantilado con unas vistas espectaculares, lugar donde se ha rodado alguna que otra película, como La Momia.

Continuamos nuestra etapa por pistas rápidas de tierra y piedras con algunos tramos de arena que te hacían estar concentrado todo el tiempo. De lejos ya se contemplaban una especie de montículos de arena, aparentemente hechos por el hombre. Se trataba de una antigua colección de pozos de varios kilómetros de longitud por los que llevaban agua hasta la población de Jorf por un sistema de canales. Un guía nos mostró el mecanismo que usaban para sacar el agua y nos llevó a los túneles subterráneos, algo que no imaginas que te vas a encontrar cuando estás en la superficie.

Por si esto fuera poco, pudimos ver de lejos la Ciudad de Orion, una construcción de piedra enorme, digna de una película de ciencia ficción, rodeada por una especia de escaleras de unos 30 escalones, en medio de la nada e inaccesibles que usaban para contemplar las estrellas, otra de las maravillas de las noches de Marruecos.

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Hacia el final de la aventura

Erfoud – Midelt: De vuelta a las montañas.

Tocaba volver a nuestro punto de origen. La ruta de vuelta fue prácticamente la misma que a la ida, salvo algunos tramos, pero después de 4 días sobre la moto, iba mucho más cómodo que el primer día. Ya me podía permitir saltar, derrapar y abrir gas sin miedo a tener algún susto. A todo esto, las TKC 80 estaban aguantando de manera sorprendente y apenas se notaba un poco el desgaste en los bordes de los tacos. Con casi 1000 kilómetros de pista a un ritmo alto, todavía quedaba mucho neumático para dar guerra.

Tras pasar por las frías montañas, pusimos rumbo a Midelt por un tramo de carretera que recorría un puerto de montaña divertidísimo. No me esperaba que unos neumáticos que habían funcionado tan bien en tierra, lo hiciesen también sobre el asfalto. Chapó. Después de un día agotador, llegamos al mismo hotel desde el que partimos el primer día para descansar y afrontar el último día de ruta, previsiblemente el más duro de todos por las características de las pistas y la previsión climatológica.

Midelt – Azrou: lluvia, nieve y mucho barro.

Tal y como esperábamos, nuestro ultimo día de ruta comenzaba con mucho frío, sabiendo además que nos esperaba lluvia e incluso nieve a lo largo de la etapa. Sin pensarlo dos veces nos equipamos con toda la ropa térmica que teníamos y nuestras chaquetas impermeables y pusimos rumbo a Azrou.

El primer tramo de la etapa fue, quizás, el más sorprendente en cuanto a las vistas y paisajes. Atravesamos varios poblados por carreteras que discurrían paralelas a pequeños ríos en lo bajo de los cañones y terminaba en lo alto de la montaña con todo el valle a la vista, una estampa digna de postal. Poco después llegábamos a la cima de las montañas, donde ya se notaba la baja temperatura pero donde pudimos disfrutar de los espectaculares paisajes verdes.

A medida que avanzábamos, el terreno se complicaba. Lo que al principio era una pista de suelo duro y tierra, se convirtió más tarde en un barrizal prácticamente intransitable para la mayoría de nosotros ya que cada vez llovía más fuerte e incluso comenzó a nevar. Los más expertos del grupo sí podían continuar, poniendo de relieve la sorprendente capacidad del TKC 80 en estas durísimas circunstancias, pero la inexperiencia de parte del grupo nos obligó a tomar una ruta alternativa hasta nuestro destino.

Las motos se habían acabado para nosotros, pero terminamos la semana con muy buen sabor de boca. Fue una semana dura, más de lo que esperaba, pero también un sueño hecho realidad, una semana inolvidable conociendo grandes personas y disfrutando en moto probando los Continental TKC 80, unos neumáticos ideales para una aventura como ésta.

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