In memoriam: La historia de Ángel Nieto

Un tipo ideal, un referente, un espejo en el que mirarse. Eso era Ángel Nieto para el motociclismo español; el gran impulsor en España de un deporte que nadie conocía en sus dos primeros títulos y que ahora mueve masas mientras los pilotos nacionales continúan agrandando la senda que Ángel inició con sus 12+1 títulos. El pasado 3 de agosto, el gran mito del motociclismo español nos dejó ocho días después de sufrir un desafortunado accidente de tráfico en Ibiza. Pero Nieto no se ha ido, deja un legado imborrable que queremos repasar en este emotivo número 32 de MOTORBIKE MAGAZINE.


Repaso a la historia de Ángel Nieto. Puedes leer el artículo en su versión interactiva entrando en el nº32 de Motorbike Magazine aquí.

 

Todo por un sueño


«Desde pequeñito todo lo que tenía ruedas me atraía mucho, sobre todo las motos. El colegio no me llamaba la atención y empecé a trabajar en todo tipo de cosas para no ir a clases. Estuve en una farmacia, en una tienda, carpintero, electricista… Todo lo hacía como aprendiz, pero no me gustaban esos trabajos y a la primera de cambio me iba de allí». Así recordaba Ángel Nieto Roldán (Zamora, 25/01/1947 – Ibiza, 03/08/2017) su infancia en la amplia entrevista que realizamos con él en el número 21 de MOTORBIKE MAGAZINE. Inquieto y enamorado de la moto, Ángel no paró de tocar todas las puertas posibles para estar vinculado a lo suyo, un mundo en el que acabó siendo todo.

Fue “el Niño” del taller de Tomás Díaz Valdés, donde aprendió a montar en moto; siguió con una brevísima aventura en Motos Yepes y acabó haciendo las maletas para irse a Barcelona cuando aún era un adolescente: «Tuve la suerte de darme cuenta de que el “lío” de la moto estaba en Barcelona. Allí estaban las fábricas de Bultaco, Montesa, Derbi, Ossa, Ducson… Estas fábricas estaban participando en el Campeonato de España, que aunque era un campeonato que sólo lo conocíamos los que seguíamos las motos, si querías hacer algo grande en las motos tenías que estar allí. Después de un año insistiendo, convencí a mis padres para que me dejaran irme a casa de mi tía en Barcelona», recordó con nosotros en #MBK21.

Pasó dos años en la ciudad condal trabajando en Bultaco, en Ducati, durmiendo en el sótano de una frutería… en definitiva, haciendo todo lo posible por conseguir un sueño. «Pasé de vivir con mis padres a una soledad absoluta, pero podían más las ganas que la tristeza y cada vez que me ponía a hacer las maletas, pensaba en las motos y me quedaba». Una carrera en la Gran Vía de Carlos III con una Derbi pedida por Bartolotti –jefe del departamento de carreras de Ducati cuando Nieto trabajaba allí-, marcó un antes y un después. Acabó quinto y llamó la atención de Derbi, que le ofreció un trabajo como mecánico.

Empezó a competir con la marca española, pero la decisión de dejarle fuera de Daytona por su juventud -18 años-, propició que Ángel volviera a irse a Ducati al recibir la llamada de los italianos. Sin embargo, el inicio del mito llegaría en Derbi, la firma a la que volvería para realizar sus primeros Grandes Premios y empezar a forjar su leyenda. Consiguió su primer podio en Assen ’67, la primera victoria en Alemania ’69 y el primer título en Yugoslavia ese mismo año. Ángel Nieto ya era Campeón del Mundo, pero su reconocimiento y el del motociclismo en España era mínimo: «Aquel título tuvo muy poca repercusión; había ganado un Mundial pero solo se había enterado la gente de mi barrio y algunos aficionados a las motos», nos relató. Al año siguiente, cuando ganó el segundo, más de lo mismo…

 

La leyenda del 12+1


Pero la verdadera leyenda de Ángel Nieto nace en 1971, en el Jarama. Allí llegaba con la posibilidad de conseguir dos títulos, los de 50cc y 125cc, en la misma mañana de carreras. Fue un impulso tremendo para el motociclismo español, con el Jarama a rebosar apoyando a Nieto. Sin embargo, aquella jornada de carreras arrancó con una fuerte caída en 50cc que hizo que su participación en 125cc pendiera de un hilo; aún así, se resistió a perderse la carrera y, tras coserle la pierna, salió a pista y acabó ganando la prueba y el título. El Jarama enloqueció con Nieto y el motociclismo empezaba a tener cabida en televisión, lo que catapultó la difusión de este campeonato.

No obstante, Nieto tuvo que pelear mucho para ello: «Con cierta asiduidad me llamaban desde la televisión para hacerme entrevistas o participar en algún programa. Pero las preguntas eran siempre muy tontas y me las hacía gente que no sabía nada de motos. Me cansé de que me preguntaran que si en las motos ganaba el que estaba más loco o que si a mi madre no le daba miedo verme competir, así que les eché un órdago. Hablé con la televisión y les dije que o empezaban a hablar de motos y a retransmitir las carreras o no volvía a dar una entrevista». Y Ángel ganó el órdago, y también ganó más títulos. En 1972 se volvía a jugar los de 50cc y 125cc en Montjüic, y certificó ambos. Eran el cuarto y el quinto de su carrera deportiva.

Sin embargo, la retirada momentánea de Derbi le hizo poner rumbo a Morbidelli, la única marca con la que no ganó ninguna carrera. Volvió a correr con Derbi en 1974 y tampoco fue campeón. Pese a estar dos años en blanco, arrasó en 1975 en 50cc con la Kreidler y fichó por Bultaco, donde obtuvo otros dos títulos más de 50cc, mientras que en 125cc la montura española no llegó a estar al nivel para seguir cosechando éxitos.

Tras un desastre de inicio en 1978, decide irse a Minarelli, corriendo ya únicamente en la categoría de 125cc y volviendo a ser campeón de la misma en 1979 y 1981. Eran el noveno y décimo título que lograba, antes de Minarelli dejase las carreras y Garelli tomase las riendas. Con ellos, Nieto vive una etapa que recordaba como la más dulce de su carrera deportiva: gana los campeonatos de 125cc de 1982, 1983 y 1984, éste último en un año en el que los planes pasaban a priori por competir en 250cc, pero que se llevaron a cabo finalmente en el octavo de litro al no estar terminada la Garelli de 250cc.

En 1984 llegó ese ‘+1’ después de los 12 primeros títulos y lo cerró en Silverstone, el lugar en el que tiró la caja de herramientas en parrilla para que la carrera empezase más tarde, ya que había roto el manillar de su Garelli. Acabó venciendo aquel día y accediendo a los deseos de la fábrica para ir a Mugello pese a que ya tenía el título ganado, puesto que Garelli se jugaba el de constructores. En el trazado italiano, tratando de vencer al entonces joven prometedor Maurizio Vitali, sufrió una aparatosa caída y se lesionó en la mano y el tobillo. Fue un antes y un después a sus 37 años; quizá, la caída que le ‘retiró’. Aun así, la leyenda de 12+1 ya brillaba con fuerza.

 

Dejando huella


Quedaban dos años más de trayectoria y otra victoria que contar, la 90ª, en el GP de Francia de 1985. El ’86 fue el último con Ángel en pista; ya había perdido la chispa y decidió que era el momento de dejarlo. Lo hizo después del Superprestigio, en Calafat, una carrera que iba a ser un gran homenaje para el 12+1, pero que se tornó en un día con mal recuerdo tras una fuerte caída en la que se fracturó el pie derecho. Ahí sí, la trayectoria de uno de los pilotos más laureados de todos los tiempos llegó a fin.

Pero Ángel Nieto siguió muy ligado al mundo del motociclismo. Si algo le caracterizó a lo largo de su vida, es que dejó huella en todas las facetas que desempeñó. Como piloto no cabe duda, pero también como comentarista marcó una época formando con Valentín Requena un dúo inolvidable en las retransmisiones. No paró ahí, ya que siguió yendo a los circuitos y ocupando cabinas de comentaristas hasta 2016 haciendo gala de una peculiar forma de ver las carreras, colmada de experiencia y con una pasión que quedó prendada en muchos recuerdos de hemeroteca. «Al principio le costó adaptarse. Ángel quería retransmitir y su función era la de aportar su visión como piloto, pero poco a poco nos sincronizamos y desde 1986 hasta 2004, que fue mi última temporada, hicimos un gran equipo», recordó Valentín Requena en su entrevista con MOTORBIKE MAGAZINE para el número 16 de esta publicación. Tanto por TVE como por Mediaset, donde recaló en 2012 cuando los derechos pasaron a esta cadena, Nieto compartió micrófono con muchos periodistas a los que les contagió su sabiduría, su amor por el motociclismo y su vitalidad. Era una figura imprescindible en el paddock, donde se le realizó un gran homenaje en Assen 2016 cuando cumplió medio siglo visitando la Catedral, ese trazado en el que ganó nada menos que 15 veces.

Pero es que además fue director de equipo y Campeón del Mundo desempeñando esa función. El 14º llegó con Emilio Alzamora como piloto, después de un apasionante 1999 en el que la regularidad de ilerdense -no ganó ninguna carrera- le hizo ganar la corona por un punto: «Emilio Alzamora y Dani Amatriain se pusieron en contacto conmigo para sacar adelante un equipo. A mí me encantaba cómo pilotaba Emilio y fuimos adelante con ello. Con él logramos ganar el título de campeones del mundo de 125cc», rememoró con nosotros en la entrevista de #MBK21.

Nadie vivía con tanta pasión este deporte, hasta el punto de recorrerse Europa en autocaravana para seguir viviendo las carreras desde dentro. «Voy porque me divierto, porque me lo paso bien y porque la gente me quiere», confesó en el programa televisivo Centímetros Cúbicos. Y no le faltaba razón. La afición siempre le mostró su cariño y eran muchos los que en los circuitos le paraban para pedir un autógrafo o una foto mientras transitaba por el paddock con su inconfundible scooter eléctrica. Ángel era alguien con 12+1 títulos mundiales, 90 victorias, 137 podios y 23 Campeonatos de España cuya vida no se concebía sin el motociclismo, ni siquiera tres décadas después de haber colgado el mono.

 

El arquetipo del motociclismo español


Ángel Nieto ya no está entre nosotros, pero su legado quedará grabado a fuego durante toda la historia. España vive actualmente su época dorada en el motociclismo de velocidad, siendo la gran potencia en el Mundial de MotoGP de la mano de los Márquez, Viñales, Lorenzo, Pedrosa y compañía; mientras que por detrás siguen forjándose grandísimas promesas en esa “batidora” con la que Ángel definía a la cantera.

El esplendor que actualmente vive España en el Mundial tuvo su origen en aquel “Niño de Vallecas” que hizo de todo por cumplir su sueño, hasta viajar varias veces de Barcelona a Madrid -y viceversa- en una moto que no superaba los 50 km/h. Llamó a todas las puertas habidas y por haber; primero para trabajar, después para correr y más tarde para que su deporte fuera seguido, dotándolo de una gran repercusión. Y ya se sabe qué sucede cuando se logra esa repercusión, que son muchos los que intentan recoger ese testigo al haber un referente tan claro y exitoso.

Fue compañero de fatigas de pilotos de su generación como Santiago Herrero o Ricardo Tormo, el referente de los que llegaron por detrás como “Champi” Herreros, Jorge Martínez “Aspar”, Sito Pons o Carlos Cardús; el padre de los Álex Crivillé, Carlos Checa o Sete Gibernau; el icono de los Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo o Marc Márquez. Pero lo más importante es que fue el amigo de todos.

Más allá de sus éxitos como deportista, el Ángel Nieto persona fue el que verdaderamente conquistó a todo el mundo. Pasó 50 años en el paddock, 30 de ellos retirado, y todo el mundo le conocía. Todos sabían quién era y por qué estaba allí, por ser una leyenda del motociclismo internacional y el gran mito del motociclismo español. La afición nunca dejó de mostrar su cariño al hombre que hizo posible que el motociclismo se expandiera en España.

Había ganado todo y se seguía emocionando cada vez que una de las nuevas generaciones de nuestro deporte cosechaba éxitos y hacía historia, siguiendo de forma inmejorable el camino que él abrió, haciendo honor al legado que ha dejado. Probablemente jamás habrá una figura tan icónica como Ángel Nieto, el modelo original y primario en el motociclismo español, el arquetipo de este deporte. Su pérdida deja un gran vacío, pero todo lo que aportó a lo largo de su vida nunca caerá en el olvido, porque es imposible que sea así. Gracias por todo, Maestro.