La llegada de Augusto Fernández al Mundial de Moto2 propició que el motociclismo balear tuviera nuevamente presencia en las tres categorías del campeonato. Ya sucedió así en 2016, pero el trágico accidente de Luis Salom le arrebató a Mallorca a uno de los mejores pilotos de su historia. Ahora vuelven a ser tres: Joan Mir en Moto3, Augusto Fernández en Moto2 y Jorge Lorenzo en MotoGP. Además de ser mallorquines, todos ellos comparten otra cosa en común: se iniciaron en el motociclismo junto a Chicho Lorenzo.

Chicho, padre de Jorge, se ha convertido en uno de los grandes impulsores del motociclismo balear. El método que creó para formar a su hijo no sólo ha recogido los frutos con el pentacampeón del mundo, sino que además ha servido para formar a grandes promesas del mundo de las dos ruedas. Mallorca vive una etapa de máximo apogeo en lo que al motociclismo de velocidad se refiere y demuestra que a veces, con menos infraestructuras y apoyos, también se puede llegar a lo más alto.

El inicio del método Lorenzo


Todo comenzó allá por 1989. Un amante del mundo de las dos ruedas como José Manuel Lorenzo, más conocido como Chicho, empezó a tejer un método para formar como piloto a su hijo Jorge. El sistema nació de su pasión por este deporte y recibió el impulso de una inspiración: «Recuerdo en una ocasión en Calafat, en un Superprestigio, el año que estaban Garriga y Pons luchando por el Mundial. Vimos pasar a Garriga con la agresividad que tenía y luego llegó Pons, que parecía que iba haciendo el rodaje del motor. Pero cuando cogimos los cronos, vimos que Sito iba más rápido. Aquello fue algo que me marcó a la hora de formar a mi hijo y de conseguir un piloto suave, fluido y elegante. Siempre hemos tenido esa referencia a la hora de formar pilotos», confiesa Chicho.

Metodo Lorenzo motociclismo mallorquin_08El caso de Jorge -o ‘Giorgio’, como le sigue llamando su padre- fue la semilla que hizo germinar un método que ha seguido creciendo y perfeccionándose con el paso de los años. En 2006, año del primer título del balear, Chicho se decidió a crear la primera de sus escuelas de pilotaje para empezar a aplicar su método con jóvenes pilotos. Actualmente, son más 25 escuelas repartidas entre Europa y América, lo que habla a las claras de la gran acogida que tiene este sistema.

Entre tanto, este gallego de nacimiento y mallorquín de adopción se ha encargado de impulsar otras competiciones como la Liga Interescuelas, la Youth Riders Cup y la Women’s Open Cup, todas ellas con la premisa de crear una competición atractiva, con nivel y a un precio sostenible que permita a las familias sobrellevar los costes en un deporte tan caro como es el motociclismo. Algo similar a lo que consiguieron otras competiciones como la Copa Aprilia, de la que salieron nombres como el de Jorge Lorenzo, Julián Simón, Álvaro Bautista o Xavi Forés, entre otros.

Jorge Lorenzo: «Siempre he dicho que sin mi padre no estaría aquí. Fue el que me inculcó la pasión y me entrenó durante miles y miles de horas»

Mallorca, una gran potencia

Que el método de entrenamiento de Chicho puede llevar al éxito está fuera de toda duda. El palmarés de Jorge es el mejor aval de este sistema, y el propio pentacampeón del mundo no tiene reparos en hablar de su padre como su gran valedor: «Siempre he dicho que sin mi padre no estaría aquí. Fue el que me aportó la pasión, el que me entrenó durante miles y miles de horas, y el que me inculcó también esa obsesión por la mejora y la disciplina», nos dice el piloto mallorquín.

Chicho tampoco escatima en elogios hacia su hijo y la conducción que atesora, fruto de sus enseñanzas desde la primera vez que el #99 se subió a una moto: «Ha conseguido resultados que le sitúan como el quinto mejor de todos los tiempos. A nivel técnico, es posiblemente el más técnico de la historia. Un piloto capaz de pilotar con una gran suavidad, fluidez y elegancia. Junto a él, eso es algo que quizá sólo tenga Pedrosa», asevera.

Casualmente, los tres pilotos mallorquines que ahora se encuentran en el Mundial –Joan Mir, Augusto Fernández y Jorge Lorenzo-, han trabajado en algún momento u otro con Chicho, sobre todo Augusto Fernández y Jorge Lorenzo, que se formaron junto a él. Joan Mir estuvo poco más de un año, dando sus primeros pasos antes de encaminar su formación hacia otra dirección, con Daniel Vallido, su entrenador, como principal apoyo. «Estuve muy poco tiempo, fueron mis inicios y me enseñó muy bien la base, pero yo me formé después junto a mi entrenador y con la escuela de la federación balear», recuerda Mir.

Pese a ese poco tiempo, Joan, que está encaminado hacia su primer título mundial, no pasó nada desapercibido para Chicho: «Es, con mucha diferencia, el piloto con más talento de todos los que he conocido en mi vida. Realmente es una pasada. Quizá en aquella época le faltaba un poco tener la cabeza mejor amueblada, pero en las últimas conversaciones que he tenido con él he podido ver que ha avanzado mucho en este aspecto».

Jorge Lorenzo, el gran abanderado balear y el mayor puntal español en la historia de la categoría reina junto a Marc Márquez, señala esa proyección de los pilotos de su zona: «Sobre todo Augusto y yo hemos estado trabajando con mi padre. Además de Joan Mir y Luis Salom, que estuvieron menos tiempo con él. Desafortunadamente, con Luis pasó lo que pasó en 2016, pero los cuatro pilotos que estábamos corriendo y que ahora estaríamos en el Mundial, hemos entrenado con mi padre. Debe tener un buen método y una buena escuela para que los más destacados hayan pasado por allí», expone.

 

Las claves del método


¿Cuáles son las claves del método Lorenzo? Después de hablar con Chicho y con los tres pilotos mallorquines que actualmente compiten en el Mundial, me quedan bastantes claras las pautas principales: la técnica encima de la moto y el aspecto mental son los cimientos sobre los que se basa este sistema.

«Para nosotros son muy importantes los movimientos del cuerpo, ya que ayudan a formar un piloto más completo y son una buena base para después trabajar otros aspectos. Ese es nuestro sello; todos nuestros pilotos dominan el movimiento del cuerpo, llegan a posturas extremas con mucha facilidad y saben moverse muy bien encima de la moto», destaca Chicho.

Todo ello hay que conjugarlo con las capacidades mentales para que el piloto sepa en todo momento lo que hace encima de la moto, tratando de perfeccionar así sus habilidades: «Trabajamos mucho también en los aspectos mentales, que son los que marcan la diferencia. Prácticamente, trabajamos todas las partes del cuerpo para, de entrada, eliminar todos los movimientos que no son necesarios; y los que sí lo son, realizarlos a la perfección y en toda su amplitud. Desde el punto de vista mental es muy importante que el piloto sepa en todo momento lo que está haciendo y que al mismo tiempo sea consciente también de cómo reacciona la moto a esos movimientos; es decir, la consciencia total. Hay que desarrollar esa capacidad».

Para conseguir la regularidad extrema, ese “martillo” del que suele hacer gala Jorge Lorenzo, todo este trabajo de concentración es clave, según aporta Chicho: «En Le Mans, Jorge enlazó 12 vueltas consecutivas en la misma décima. Para eso el nivel de concentración mental es destructivo para una persona normal, pero para ellos quizá no, porque han desarrollado esa capacidad durante años. Incluso tenemos ejercicios específicos para desarrollar la concentración, unos ejercicios que no se pueden hacer durante más de cinco minutos seguidos para que no le duela la cabeza al piloto. Sabemos que ese es el límite, y a veces es menos».

Para alcanzar la excelencia se trabaja muy intensamente, sobre todo a nivel mental. Esa es una de las premisas de Chicho: «Nos pasamos mucho más tiempo analizando, pensando y viendo vídeos que encima de la moto, pero cuando el piloto está encima de la moto buscamos la máxima intensidad mental para que haya una progresión. El piloto tiene que estar en una zona incómoda y buscamos que esté así para encontrar progresión. Si estás en la zona cómoda no la hay. Para tenerla hay que irse al borde del precipicio», expone.

Jorge Lorenzo: «El trabajo diario con mi padre se basa mucho en la técnica y en ser muy consciente de lo que haces encima de la moto»

¿Qué opinan los pilotos?

Jorge, el que más experiencia y credenciales tiene, opina que el piloto que es capaz de aguantar esa disciplina que inculca su padre, tiene muchos números de acabar recogiendo los frutos: «Tiene un carácter difícil, duro, pero si eres capaz de aguantar durante mucho tiempo ese carácter y esa mano dura, al final los resultados recompensan. El trabajo diario con él se basa mucho en la técnica y en ser muy consciente de lo que haces encima de la moto. El problema es que muchos, por diversas razones, no han aguantado su mano dura y su carácter fuerte, y al final no han mantenido esa disciplina. Algunos no han seguido mejorando, otros se han desviado del camino; o también hay algunos a los que les ha ido bien coger otro camino y estar más tranquilos. Depende mucho de cada uno».

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Augusto Fernández es otro de los pilotos que más ha trabajado con Lorenzo Competición. Lo hizo desde los ocho años, sólo dos después de empezar a montar en moto junto a su padre. «Con él es todo técnica. No vas a entrenar a un circuito y a ver quién es más rápido. Su método va muy bien, porque te ayuda a ser consciente de tu pilotaje. Tengamos más o menos talento, a los pilotos nos salen las cosas de forma automática, pero es importante que salgan las cosas pensando y sabiendo cómo las haces. Junto a él trabajamos eso», dice sobre la metodología de Chicho.

Nacido en Madrid pero afincado en Mallorca desde que tenía un año, Augusto se ha hecho un hueco en el Mundial a base de talento y de aprovechar las oportunidades. Marchó hacia la European Junior Cup, la cual ganó en 2014, se hizo con el título del Campeonato de España de Velocidad de Superstock 600 en 2016 y debutó con buenos números en el FIM CEV. Ahora está en el Mundial con el equipo Speed Up y, tras varios años sin trabajar con Chicho Lorenzo, ha retomado ahora esos entrenamientos: «Todo suma y ahora en el Mundial es importante estar al máximo nivel, por eso he vuelto a entrenar con él de vez en cuando. Yo era un piloto muy fino antes y me he vuelto bastante agresivo, pero poco a poco voy retomando esa finura que también hace falta en Moto2, ya que cuando castigas los neumáticos no avanzas. También estoy aprendiendo mucho en cada entrenamiento y en cada carrera en el Mundial», nos cuenta. Siendo un piloto ya formado y con un gran potencial, Augusto quiere ahora seguir perfeccionando su técnica ante el desafío más importante de su carrera.

 

Innovación constante


«No para de buscar cosas para ver qué se inventa de cara a los entrenamientos», dice Augusto Fernández sobre Chicho Lorenzo, quien lo reafirma. Junto a su equipo de trabajo, constantemente está buscando cómo perfeccionar el método: «Siempre estamos investigando y probando cosas; contamos con las sensaciones que nos dan los pilotos cuando las prueban y también con el crono para ver si son efectivas o no. A veces hay trucos que son efectivos en los ejercicios pero que cuando los llevas a la pista no lo son, pero esto también ayuda al piloto para desarrollar una mayor sensibilidad».

Tanto es así, que están desarrollando dentro de sus instalaciones una zona que recree al máximo las sensaciones que se tienen encima de la moto en curvas de alta velocidad. Ya contaban con un simulador muy efectivo, pero quieren ir un paso más allá: «Lo que buscamos nosotros es, a través de los ejercicios en una explanada, simular al máximo posible los movimientos que después tienes que hacer en un circuito. Tiene muchas ventajas: comodidad de no tener que desplazarte a un circuito, el gasto, que puedes entrenar con cualquier moto y la seguridad, porque trabajamos a velocidades bajas. Ahora estamos construyendo en Mallorca un simulador de curvas de alta velocidad para que el piloto también tenga esa sensación. Lo buscamos con el simulador que ya utilizamos en el pasado y ahora estamos construyendo uno mucho mejor de los anteriores. Jorge trabajó mucho con esto de pequeño y por eso es tan rápido entrando a curva», destaca el creador de Lorenzo Competición, que más de una década después de crear la primera escuela sigue pensando en cómo perfeccionar los entrenamientos: «Esta idea es cosa nuestra, como muchas otras. Al igual que ha habido bastantes que no han funcionado, pero seguimos probando».

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Joan Mir: «Recuerdo que entrenábamos en un parking, lo que demuestra que en un pequeño espacio se pueden hacer grandes cosas»

Aprovechando los recursos

Y es que si por algo destaca la escuela de Chicho Lorenzo es por haber maximizado los recursos de los que ha dispuesto. Generalmente, en pequeñas explanadas y parkings ha conseguido encajar las instalaciones necesarias para aplicar su doctrina: «Recuerdo que hacíamos muchos ‘ochos’ y que entrenábamos en un parking, pero esto demuestra que en un pequeño espacio se pueden hacer cosas muy grandes», rememora Joan Mir, la gran joya emergente del motociclismo español y balear, que no estuvo mucho tiempo junto a Chicho.

Jorge Lorenzo también defiende esta postura y opina que a veces no son imprescindibles unas grandes infraestructuras para llegar a la cima: «Mi padre ha hecho lo que ha podido siempre con los medios que ha tenido. No ha recibido excesivas ayudas, pero al final no es imprescindible para mejorar encima de la moto. Es cierto que el motociclismo en general es bastante caro, pero si te lo montas de forma inteligente y das prioridad a la técnica más que a la montura, no necesitas una gran infraestructura para crecer, como ha hecho mi padre durante tantos años», dice el pentacampeón.

Su progenitor refuerza la opinión de su hijo: «Está claro que no tenemos ni de lejos las instalaciones que puede haber en Valencia o Barcelona. Realmente, en Mallorca no tenemos nada. Hay un circuito que es propiedad de unos alemanes, con el que no podemos contar para nada. También a veces hace que te espabiles y busques alternativas que funcionan».

Lo explica con un ejemplo real, el de Nuria Llabrés, piloto de 15 años que ya lleva varios trabajando con él y compite en la Youth Riders Cup que promueve Chicho: «Nunca en su vida ha ido a entrenar a un circuito o a un karting; sólo ha hecho entrenamiento técnico en explanada, y el otro día en el Jarama en la Youth Riders Cup tenía la vuelta rápida, con pilotos que tienen mucha experiencia y que han hecho miles de horas de circuito. Este es un dato que por lo menos pone en duda que sean necesarios tantos circuitos e instalaciones maravillosas, y que en explanadas muy pequeñas no se pueda formar a un piloto perfectamente», justifica.

 

Llegar, pese a todo


Si eres un lector asiduo de MOTORBIKE MAGAZINE, ya habrás visto con anterioridad los análisis que realizamos sobre el motociclismo madrileño y andaluz. En el caso del balear, han conseguido posicionarse como una de las grandes referencias a nivel nacional e internacional con ejemplos como los de Lorenzo, Salom y Mir. Pero no sólo en la punta del iceberg -el Mundial-, sino que además llegan por detrás otros pilotos como Javier Orellana, Diego Pérez o Marcos Ruda, entre otros. A diferencia de otras zonas como Cataluña y la Comunidad Valenciana, en Islas Baleares no hay muchas infraestructuras para los pilotos que están empezando, algo en lo que coinciden todos los entrevistados y que refuerza el mérito de tener a un mallorquín en cada categoría.

Así lo explica Joan Mir, actual líder del Mundial de Moto3 y piloto de Moto2 a partir de 2018, que entrena constantemente en la isla: «Tenemos un circuito privado en el que realmente podemos rodar, pero como es privado, siempre que ellos quieren y cuando no, no se rueda. Pocas ayudas hemos tenido, por no decir ninguna, pero es lo que hay. Nunca me he metido en esos temas, eso lo saben mejor mi padre y mi entrenador. Hemos llegado al Mundial y esto deja ver que estamos haciendo las cosas bien. El circuito no será el mejor del mundo pero se puede entrenar, así que no nos podemos quejar».

Y así lo reafirma Augusto Fernández, actual piloto del Mundial de Moto2: «La verdad es que no tenemos muchas infraestructuras. Más que nada por los circuitos que hay y porque no tenemos facilidades para entrenar. De hecho, cuando voy a entrenar con Chicho vamos a un parking. Circuitos de motocross hay dos, y sólo uno de ellos está bien. No tenemos un buen circuito de velocidad. Tampoco nos ayudan mucho, a nadie. Es difícil, más que en lugares como Barcelona o Valencia, pero nos buscamos la vida y vamos saliendo».

En casos así llega el momento de buscarse las habichuelas, como sucedió con Jorge Lorenzo en la Copa Aprilia y el CEV, con Joan Mir en la Copa Bancaja –Valencia-, la Red Bull Rookies Cup y el FIM CEV; y con Augusto Fernández en la European Junior Cup, el Campeonato de España y el FIM CEV. «En Mallorca hay alrededor de 1.000.000 de habitantes y tenemos tres pilotos en el Mundial. Teniendo esto en cuenta, quizá somos las primera potencia en cuanto a relación pilotos/habitantes», dice Chicho Lorenzo.

Para Mir es una satisfacción la situación actual: «No sé si ha sido coincidencia o qué, pero realmente da gusto que haya tres pilotos mallorquines en el Mundial, uno por cada categoría. Estoy muy contento por ello, y quiere decir que estamos haciendo las cosas bien». «Es una isla pequeña, pero tenemos cantera», añade Augusto Fernández.

Mallorca tiene cuatro estrellas, tres en la pista y una que desde arriba, a buen seguro, disfruta de los éxitos de una isla que está dejando su sello

Con Luis Salom en el recuerdo

Evidentemente, uno de los grandes culpables de ese boom de los baleares fue Luis Salom, subcampeón del mundo de Moto3 en 2012 y tercer clasificado en 2013, con un total de nueve victorias en su poder. El “Mexicano”, que dejó una gran huella en el motociclismo español, fue un referente dentro de su territorio. Y es que de casta le viene al galgo, como se suele decir, ya que la pasión por el motociclismo le venía de familia y también su primo David ha sido piloto profesional.

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Luis también probó el ‘método Lorenzo’ y dejó un recuerdo imborrable para Chicho, quien llegó a trabajar como mecánico junto a su abuelo: «Luis vino siendo muy jovencito. Pasaba por la pista de AquaCity con unos cinco años y ya venía a entrenar con Jorge. Nos hacía mucha gracia, porque era todo vitalidad, era chispa, muy ocurrente y nos lo pasábamos muy bien con él. Entrenó con Jorge y luego en varias ocasiones volvió a trabajar con nosotros. Creo que algo se le pegó de nuestro método. Era un gran piloto y consiguió grandes resultados, con un palmarés fantástico. Pilotaba con el corazón, era muy valiente y se vaciaba en la pista. Era un piloto con mucha fe en sí mismo que siempre daba el máximo», recuerda con una sonrisa el padre de Jorge Lorenzo.

El gran trabajo de los pilotos que salen de Mallorca, con Lorenzo Competición como punta de lanza y el talento de los protagonistas como principal argumento, ha provocado que vivan una época gloriosa con un Campeón del Mundo consolidado como uno de los mejores de todos los tiempos, otro campeón en camino y la proyección de jóvenes promesas que empiezan a asentarse. Mallorca tiene cuatro estrellas, tres en la pista y una que desde arriba, a buen seguro, disfruta de los éxitos de una isla que está dejando su sello en el motociclismo.