La historia de Manuel Poggiali

No todas las historias que arrancan de forma brillante tienen el final esperado. El caso de Manuel Poggiali, bicampeón del mundo de velocidad, es un claro ejemplo de ello. Con 20 años tenía el mundo a sus pies y uno de los futuros más prometedores del panorama internacional, pero su figura se diluyó incluso a mayor velocidad que con la que llegó a la cima del motociclismo.


Tenía todas las cualidades para triunfar como piloto, pero su frágil mentalidad hizo demasiada mella y truncó antes de tiempo la carrera deportiva del que en Italia situaban como el relevo natural de Valentino Rossi. Manuel Poggiali (San Marino, 1983) pasó a la historia del motociclismo y se convirtió en un ídolo nacional de la pequeña república de poco más de 30.000 habitantes gracias a sus logros a nivel mundial.

Cuando sólo tenía 16 años recibió el mayor golpe de su vida: la muerte de su padre, su máximo referente y su principal apoyo en sus primeros pasos como piloto profesional. Seguir adelante con su prometedora trayectoria en el motociclismo era la principal vía de escape, y esto le ayudó a construir a su alrededor una coraza que le amparó temporalmente, pero que años después acabó rota en añicos.

Esta coraza se fortaleció a base de talento, el que Manuel demostró desde su inicio en el Mundial de 125cc. Debutó en 1999 -el año del fallecimiento de su padre- realizando un estreno en constante progresión que no pasó desapercibido. Harald Bartol, el cerebro técnico de Derbi, puso su vista en él y le incorporó a las filas de la marca española como compañero de Youchi Ui y Pablo Nieto. Era su segundo año mundialista y empezó a asentarse con cierta regularidad en las primeras posiciones, sumando en Assen su primer podio en el campeonato.

Manuel Poggiali

El Grupo Piaggio seguía creciendo en el octavo de litro y, además de Derbi y Aprilia, en 2001 retornó al campeonato una firma histórica, Gilera. Bajo el paraguas de Giampiero Sacchi, Poggiali desembarcó en esta marca con una montura que era prácticamente calcada a la que había llevado el año anterior. Empezaba su tercer curso en el campeonato como uno de los pilotos de referencia, avalado por su experiencia previa y por el salto adelante que dieron las Derbi-Gilera. Pero acabaría superando las expectativas en aquel 2001; Manuel hizo sonar hasta en tres ocasiones un himno desconocido hasta entonces, el de San Marino, subió 11 veces al podio y acabó ganando el título por delante de Youchi Ui y Toni Elías.

Con 18 años ya tenía un título mundial en sus manos y no le pudieron las ansias por subir de categoría. Prefirió quedarse en 125cc y repetir proyecto con Gilera para intentar defender el 1 que lucía en su carenado. No pudo revalidar la corona pese a que lo peleó hasta la última carrera con el francés Arnaud Vincent, pero demostró ser uno de los pilotos con mayor proyección del momento. La categoría de 250cc ya le esperaba.

Manuel PoggialiGanó su primera carrera en 250cc, lo que fue el preludio de una temporada de ensueño en la que acabó como campeón. 20 años y dos coronas mundialistas hablaban por sí solas sobre el talento de este piloto sanmarinense.

En 2003 llegó el momento de dar el paso a los 250cc y no de cualquier manera, puesto que lo hizo como piloto oficial de Aprilia. El sanmarinense heredaba la moto y la estructura con la que Marco Melandri había sido campeón el año anterior, lo que ya de por sí era una garantía de buenos resultados. Lo que nadie esperaba es que deslumbrase de tal manera en su estreno en el cuarto de litro. Suzuka era el escenario de su primer Gran Premio en la categoría y allí empezó pagando la novatada en entrenamientos, en los que se clasificó en una discreta 23ª posición bajo la lluvia. Las tornas se giraron radicalmente en carrera, con asfalto seco, donde realizó una tremenda remontada y se hizo con la victoria en su primera carrera en el cuarto de litro. Esto sólo fue el preludio de lo que estaba por venir en un año que cerró con cuatro victorias, diez podios y el título mundial por delante de Rolfo y Elías. 20 años y dos coronas mundialistas hablaban por sí solas sobre el talento de este piloto que, al igual que había ocurrido en 125cc, decidió quedarse en la categoría intermedia al año siguiente de ser campeón para dar más preparado el futuro salto a MotoGP. Pero éste nunca llegó, porque en 2004 todo dio un giro radical… 

Laberinto sin salida

Esa coraza mencionada con anterioridad empezó a resquebrajarse en la temporada que defendía el título de 250cc. Tenía la presión sobre sus hombros y los resultados fueron pobres desde el primer momento, lo que derivó en un enorme bajón de prestaciones. De un plumazo perdió la motivación por las carreras mientras en pista era devorado por pilotos como Pedrosa, Porto o Elías. Sólo en Brasil, donde ganó un bonito mano a mano con Pedrosa, quedó algún resquicio del piloto que había sido campeón el año anterior. Pero no fue suficiente; un 2004 nefasto enturbió su relación con el “capo” de Aprilia en la categoría, Rossano Brazzi, y acabó quedándose sin un asiento de garantías.

Manuel Poggiali
A sus 22 años, decidió dar un paso atrás que escondía cierto romanticisimo. Regresó a 125cc con Gilera, la categoría y marca que le encumbraron cuatro temporadas antes. Pero 2005 también fue desastroso; un quinto puesto en Portugal fue su mejor resultado, no pisó el podio en todo el año y acabó décimo una temporada en la que si había bajado de cilindrada era para luchar por el título.

Con el rumbo perdido, en 2006 volvió a 250cc. Comenzaba otro proyecto ilusionante junto a KTM, marca que debutaba en la categoría. Al frente del barco se encontraba un viejo conocido, Harald Bartol, y Poggiali no dudó en acudir a su llamada para tratar de recomponerse en el mundo de la competición. Sin embargo, no hubo milagro; de nuevo llegó un mal año, sin podios, con un octavo puesto como mejor resultado y con la carta de despido de KTM encima de la mesa. Manuel seguía sumido en un bloqueo psicólogico sin salida, acabó hundido el 2006 y empezó a plantearse seriamente la retirada con sólo 23 años.

Respiro, regreso, retirada

Tres años le bastaron a Poggiali para completar esta triple R. Al quedarse sin hueco en KTM, en 2007 decidió tomarse un respiro provocado por el imparable descenso que había tomado su carrera deportiva. La solución fue la de un año sabático en el que incluso llegó a trabajar como camarero. En el tiempo que pasó alejado del motociclismo volvió a sentir el gusanillo por competir y, como su currículum hablaba por sí solo, no le faltó un proyecto con el que volver. Fue gracias a Giampiero Sacchi, su padrino deportivo y gran apoyo en sus primeros años en 125cc.

El regreso a la competición llegó en 2008, cuando fichó por el Campetella Racing para correr en 250cc, pero pronto quedó claro que la esencia de campeón ya se había diluido para siempre. No quedaba motivación y el miedo a las lesiones cada vez era mayor, por lo que su decisión fue la de colgar el mono definitivamente sin ni siquiera acabar aquella temporada. Sólo asomó la cabeza en Le Mans, donde acabó sexto, pero el resto del curso fue para olvidar. En el GP de San Marino, duodécima cita de aquel año, anunciaba su retirada de la competición con 25 años y sólo cinco después de haber alcanzado las cotas más altas de su carrera deportiva. Después de un ascenso fulminante hacia la cima, tocó fondo en un abrir y cerrar de ojos.

Una nueva vida

Manuel Poggiali
Su débil mentalidad quedó aparcada cuando puso fin a su carrera deportiva. Tanto, que en más de una entrevista aseguró estar plenamente feliz por su nueva vida y orgulloso por todo lo que había logrado en el mundo del motociclismo, aunque sin echar de menos el hecho de pertenecer al Grand Circus. Tanto es así, que hasta se animó a probar como futbolista y fue convocado por la selección de San Marino de fútbol sala, con la que retomó el deporte profesional en una competición muy diferente a la que había estado acostumbrado desde su niñez.

Tras sus escarceos en las canchas de futsal, Poggiali volvió a salir a la luz en un tímido regreso a la competición. Fue en el Campeonato Italiano de Velocidad, en la categoría de Superbike, compitiendo con la Ducati Panigale 1199 del Barni Racing. Lo hizo durante dos temporadas -2013 y 2014- con un pobre bagaje de resultados, aunque volvió a saborear las mieles del podio en una ocasión. Con la treintena ya cumplida y después de cinco años alejado de la competición, las carreras ya habían pasado a un segundo plano y sólo eran un hobby con el que recordar lo que había sido su vida desde pequeño. El 14º puesto de 2013 y el 11º de 2014 así lo demuestran.

Manuel Poggiali

Después de su paso por el CIV, Poggiali volvió a dejar de lado la competición, pero mantuvo una conexión con el mundo de la moto que ya había probado años atrás. Las últimas pistas sobre la vida de este bicampeón nos llevan a una nueva faceta como instructor de pilotos de la Ducati Riders Experience, dando cursos de conducción a ducatistas que tienen la suerte de aprender de un doble campeón mundial.

Manuel fue un triunfador atípico en el Grand Circus, que prefirió dejarlo de lado cuando no le vio sentido a seguir adelante y tras conseguir, con una rapidez asombrosa, aquello que muchos anhelan durante toda su trayectoria. Desde hace más de siete años afronta una nueva vida, alejada de los focos, sin presión de ningún tipo, disfrutando de su paternidad y de todo lo logrado en el mundo del deporte, que no fue poco. Es la historia de un destello fulgurante que nunca brilló con la fuerza suficiente pero que dejó un sello que ya nadie podrá borrar. Es la historia de Manuel Poggiali, el prodigio de luz tenue.