MotoGP, nuevo logro desbloqueado para KTM

El «Ready to Race» que KTM luce como lema a lo largo y ancho del planeta quizá se queda corto. No sólo están listos para competir, siempre lo acaban estando para ganar, sea donde sea. MotoGP es el último desafío completado por los de Mattighofen.


Cuando uno tiene la oportunidad de visitar la sede de KTM Motorsport, el departamento de carreras ubicado en el municipio austriaco de Munderfing (pueblo colindante a Mattighofen, donde está la sede central de la marca), pronto le queda claro que allí se respira un ambiente diferente.

La familia naranja trabaja con una unidad que llama la atención. Se respira pasión y profesionalidad. Por otro lado, también sorprende ver cómo aplauden cada discurso de Stefan Pierer -CEO de KTM-, que ha inyectado a todos los trabajadores del departamento de competición ese gen ganador que tiene la marca. Los austriacos son muy suyos, quizá demasiado en algunos momentos. Representan una gran familia y, al mismo tiempo, no dejan de lado esa frialdad propia de su territorio. Si hay que festejar, se festeja en condiciones; pero si el resultado no termina de acompañar y todo se reduce a palmadita en la espalda, tampoco es de extrañar.

Pero si hay algo que nos queda claro (o que nos debería quedar) después de las últimas dos décadas en el mundo de la competición sobre dos ruedas, es que si KTM se embarca en algún proyecto es para acabar ganando. Y siempre lo consiguen. Tampoco hay que dejar de lado el músculo económico que atesoran. Tener al lado en ese camino a un gigante como Red Bull es como irse de viaje con un compañero con el que sabes que nunca te faltará de nada. Y eso, en un mundo como este, facilita mucho las cosas.

En la era moderna se han convertido en un modelo a seguir en competición. Primero pusieron las bases en el mundo del off-road, donde son la auténtica referencia en motocross, enduro y el Rally Dakar (hasta el triunfo de Honda este año, KTM acumulaba 18 victorias consecutivas allí). Se fueron a Estados Unidos a triunfar también en el Mundial de Supercross y, aunque costó, lo acabaron consiguiendo.

Entre medias, también pusieron sus esfuerzos en velocidad. Llegaron al Mundial de 125cc en 2002 y dos años después ya estaban ganando carreras. Lograron un total de 13. En 250cc desembarcaron en 2005 e hicieron podio a la primera, cosechando triunfos a partir del siguiente curso. En Moto3 llevan tres títulos y un buen puñado de victorias (65), y en Moto2 sólo estuvieron tres años en los que obtuvieron 14 victorias y dos subcampeonatos.

¿Y en MotoGP? Hicieron un primer intento en 2005, en un proyecto junto a las Proton KR que fue un auténtico fracaso. Esperaron más de una década para volver y lo hicieron con un proyecto 100% suyo: en 2015 la KTM RC16 estaba por primera vez en pista, en 2016 hizo un amplio programa de test y en 2017 ya estaba dentro de la parrilla del Mundial de MotoGP. Sólo tres años después, ya tienen su primera victoria y se han convertido en la gran sorpresa en lo que va de temporada. ¿«Ready to Race» o «Ready to Win»? Más bien lo segundo.

 

Reparto de roles, reparto de méritos


A raíz de esa primera victoria de KTM en MotoGP se ha despertado un debate, en ciertos aspectos injusto, en esa mesa redonda en la que a veces se quieren convertir las redes sociales. Binder, Pol Espargaró, Pedrosa... pero nadie menciona a los líderes del proyecto o a los ingenieros que son los principales culpables de la constante evolución del proyecto en sólo cuatro años.

El equipo de KTM en MotoGP se formó con un plantel de primer nivel. Con Stefan Pierer supervisando y Pit Beirer gestionando el departamento de competición, se confeccionó un equipo de garantías. Mike Leitner, que fue jefe de mecánicos de Dani Pedrosa durante 14 temporadas, se convirtió en el Team Manager. Ficharon a ingenieros de mucho talento para llevar a cabo el desarrollo de motores y electrónica (los chasis, multitubulares, eran made in KTM); 'robaron' talento a la competencia y, además, apostaron también por ingenieros y técnicos muy jóvenes que día tras día se rebanan los sesos tanto en Munderfing como en los Grandes Premios.

El trabajo ha sido encomiable, prácticamente sin descanso, para llegar a donde están ahora. Si algo caracteriza a KTM en este proyecto de MotoGP, es que técnicamente están muy preparados para seguir dando pasos adelante. Sólo era (y es aún) cuestión de tiempo.

Empezando por ahí es más fácil comprender y desgranar todo lo demás. Por KTM han pasado muchos pilotos, la mayoría probadores. No hay que olvidar que el desarrollo en pista previo al Mundial lo compartieron Alex Hoffman, Mika Kallio, Thomas Luthi, Karel Abraham y Randy De Puniet en 2016. De todos ellos, cuatro años después sólo sigue Kallio, al que se unió un Dani Pedrosa del que también hablaremos más tarde.

¿Y en cuanto a los pilotos oficiales? Es ahí donde hay que recalcar con todas las letras el nombre de Pol Espargaró. Nadie ha hecho más kilómetros que él con la KTM RC16, nadie ha competido más que él con la KTM y nadie mejor que él sabe valorar cómo, cuánto y por qué ha evolucionado la moto austriaca. Por no hablar de que nadie sabe mejor que él lo que es hacerse mucho, mucho daño intentando sacar a la RC16 esas décimas que le faltaban. Los 'palos' más grandes de su carrera deportiva han llegado con esta moto, con la que ha trabajado arduamente desde que se subió por primera en noviembre de 2016 en Valencia.

«Cuando Zarco se subía a la moto, se bajaba y decía que la moto era "equis", que la moto no funcionaba o que era muy mala, yo me llevaba las manos a la cabeza y pensaba 'Madre mía, si tú hubieras venido hace dos años, cuando este proyecto empezó en Valencia...': lo que vibraba entonces la moto en la recta, el motor parecía que estaba a punto de explotar, la electrónica no funcionaba bien, el chasis no giraba, la de caídas que he tenido que tener para poder hacer que esta moto funcione...», nos comentaba el propio Pol en una entrevista a MOTORBIKE MAGAZINE previa al inicio de temporada. Si en el apartado de pilotos hubiese que repartir méritos, simplemente por experiencias (buenas y malas) con esta moto, por estar dentro del proyecto desde el día uno y por ser el que mejores resultados había conseguido con diferencia hasta la victoria de Binder, Pol Espargaró se merece más que nadie.

¿Y Dani Pedrosa? No, no me olvidó de él, faltaría más... Cuando KTM le fichó como probador acometieron uno de los mayores aciertos que han tenido desde que pusieron en marcha el proyecto. Un piloto con la experiencia, el enorme talento y la sensibilidad de Dani nunca, nunca puede ir mal para un rol como el de probador (señores de HRC, tomen nota). Si a esto le sumamos que Pedrosa conocía mejor que nadie la Honda RC213V y que traía bajo el brazo una fuga de información, si tenemos también en cuenta que Pedrosa conoce a gran parte del equipo por haber trabajado previamente con ellos, si le añadimos que su implicación ha sido muy alta desde el primer día, y rematamos con que el #26 es una voz bastante autorizada (más que cualquier otro probador que hay a día de hoy en MotoGP) para hacer dudar a los ingenieros y que le hagan caso sobre algunos aspectos del desarrollo... ¿Qué podría salir mal?

La llegada de Dani fue un soplo de aire fresco, una ayuda muy grande para acortar plazos y para enderezar el rumbo. Además, ha sido uno de los culpables de que KTM utilice un nuevo chasis "híbrido" este año («80% tubular, 20% viga») y que haya moldeado su filosofía tan radical con el concepto multitubular.

¿Que Dani ha sido muy importante? Indiscutiblemente. ¿Que ha sido determinante para progresar más rápido? Por supuesto. ¿Que la KTM ya gana gracias al trabajo de Dani Pedrosa? En cierta parte sí, pero centrar toda la frase en Dani es no ser fieles a la realidad. El de Castellar del Vallés se ha convertido en una pieza más (y fundamental) en el engranaje, está muy por encima de cualquier probador que tenga o haya tenido la marca... pero tampoco se le han de atribuir los méritos de una forma desmedida, por muchos que tenga. Hay que poner las cosas en perspectiva.

De Binder hablaremos en breve.

Dani Pedrosa siguió de cerca el triunfo de Binder en Brno (Foto: KTM)

 

Pol Espargaró y la justicia poética


Nadie se esperaba que KTM estuviese tan arriba ya desde el principio de esta temporada. Han sido muy competitivos tanto en Jerez como, sobre todo, en Brno. Pero lo que tampoco era previsible es que el primer gran momento de la marca (al margen de aquel podio de Valencia 2018 en agua) no llevase ligado el nombre de Pol Espargaró. Hubiese sido de justicia por todo el camino recorrido hasta llegar hasta ahí, pero la justicia no siempre funciona con precisión.

La suerte le fue esquiva en el momento de la verdad. A Espargaró le anularon una vuelta en la Q2 en la que hizo el segundo mejor tiempo y que hubiese allanado las cosas de cara a la carrera, y después un incidente con Johann Zarco le dejó fuera en el día de la gran oportunidad. Segundos antes del toque había cometido un par de pequeños errores: uno más aparatoso al irse largo en la curva 13 y ceder el tercer puesto, y otro que fue colarse en la curva 1... con un desenlace bastante cruel.

Por todo lo mencionado en el apartado anterior, no hay un piloto que merezca más saborear éxitos con la KTM. Es el único de la parrilla que está dentro de su marca desde la primera carrera de dicha marca en MotoGP. Es el que mejor sabe cuánto ha costado llegar hasta ahí. Dejará la firma austriaca a final de año para irse al Repsol Honda y, a día de hoy, lo que más le quema es la incertidumbre de saber si lo de Brno fue circunstancial: «El hecho de no saber si esto se podrá repetir este año, me da muchísima rabia. Estas oportunidades a veces son únicas». Si esa justicia poética existe, debería tener al menos alguna opción más antes de irse.

 

Brad Binder, hay que decirlo más


¿Y si el famoso 'anti-Márquez' es sudafricano? Por último, y no por ello menos importante, toca hablar de Binder. Cuando un piloto gana su primera carrera en el Mundial tras salir último (34º) en una categoría tan 'canalla' como Moto3, es que es muy bueno. Cuando además se lleva el campeonato en dicha categoría con cuatro carreras de antelación, algo que nadie más ha estado cerca de hacer en Moto3, es que es muy bueno. Si además sube a Moto2 con un chasis que era nuevo esa temporada y hace sus primeros podios, acaba tercero del campeonato en su segundo año, subcampeón en el último y gana un total de ocho carreras, es que es muy bueno. Pero si sube a MotoGP y se impone en la que sólo era su tercera carrera, con una moto que aún no había ganado antes... es que igual estamos ante uno de los grandes del futuro (y quién sabe si del presente).

Brad Binder es uno de los mayores talentos que han salido en las últimas décadas. Quizá por falta de carisma, de padrino o de altavoz mediático no se ha hablado de él tanto como se debería, pero a los ojos de KTM el sudafricano es uno de los suyos. Corrió la Rookies Cup, ganó con ellos en Moto3, corrió en Moto2 y ahora ha dado el salto a MotoGP directamente al equipo de fábrica. Binder es un producto de Mattighofen y la de ambas partes parece una unión bastante sólida. El destino ha querido que el último en llegar (y el que menos marrones se ha tenido que comer) haya sido el primero en saborear las mieles de la victoria. Pero es que viendo su inicio de temporada y su gestión de una carrera tan difícil como la de Brno, cualquiera diría que es debutante en MotoGP.

Lo del GP de la República Checa fue histórico, entre otras cosas, porque también pudo suponer el inicio de una exitosa trayectoria de Binder en MotoGP. El suyo es un talento enorme y su llegada también ha sido una gran noticia para KTM, puesto que el sudafricano es el primer compañero que le puede complicar las cosas a Pol Espargaró y, por ende, hacer que el nivel de ambos suba hasta cotas como las que están alcanzando. El mejor análisis de esta situación la hizo el propio Espargaró en Jerez: «Se echaba muchísimo de menos un compañero rápido. Brad te saca las vergüenzas a relucir. Si yo no soy rápido en un parcial, él me demuestra que he sido lento. Yo me tengo que demostrar yo a mí mismo que he sido lento, sino que hay otro que viene, te da un 'toquecito' y te dice "oye tío, esto se puede hacer mejor". A mí esto me ayuda muchísimo y me motiva mucho».

El #33 ha llegado para quedarse y, quien sabe, si para ser el gran abanderado de la marca en el futuro una vez se vaya Espargaró. Lo de Brno fue una gesta y las gestas sólo las consiguen esos que están tocados por la varita.

Brad Binder fue la punta del iceberg en el día en el que cuatro intensos años de trabajo dieron sus frutos de forma inesperada. KTM ha hecho un trabajo encomiable desde la base, desde la fábrica, con muchos pilotos detrás, con Pol Espargaró como gran abanderado, con Dani Pedrosa como pieza de muchos quilates y con el talento de Brad Binder rematando la faena. Quizá esto sólo sea el inicio o un preludio de algo más grande en el futuro. Sea en la competición que sea, KTM siempre llega.

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