«Me asaltaron y bloquearon mi salida cuando iba a subirme a la moto», comenta

Por medio de un comunicado oficial, el cinco veces Campeón del Mundo ha expresado la situación que vivió con Hacienda, que llegó a reclamarle casi 11 millones de euros. Los jueces le han dado la razón al expiloto mallorquín, que ha acabado ganando en los tribunales a la Agencia Tributaria.


Cinco años y medio después, Jorge Lorenzo ya puede respirar tranquilo tras superar su batalla con Haciencia. Desde entonces, el fisco español le reclamaba cerca de 11 millones de euros por el IRPF del año 2016, un litigio que el pentacampeón del mundo ha acabado ganando recientemente.

No es el único, ya que en junio de 2021 también ganó la sentencia referente a los ejercicios de los años 2013, 2014 y 2015, que en ese caso se cifraba aproximadamente en unos 35 millones de euros.

Después de haber ganado la batalla a la Agencia Tributaria por partida doble, Jorge Lorenzo ha emitido un comunicado para describir cómo ha vivido esta situación en los últimos años, asegurando que ha sido una «pesadilla» y una «persecución» por parte de la Hacienda española. El fisco argumentaba que Lorenzo residía en España, pero no logró demostrar que el expiloto mallorquín residiera en nuestro país durante el mínimo de días que exige la ley española para tributar aquí. Cabe recordar que desde hace muchos años, Lorenzo vive en la ciudad suiza de Lugano.

En su comunicado, Lorenzo expresa que incluso fue asaltado en un Gran Premio minutos antes de subirse a la moto para ser obligado a firmar unos documentos, y reconoce que tuvo que adelantar el dinero exigido en primera instancia, un dinero que le fue devuelto tras la primera sentencia favorable que se emitió el pasado año.

Jorge Lorenzo entrevista 2022 18

Reproducimos íntegramente el comunicado de prensa emitido por Jorge Lorenzo:

«Recientemente ha salido publicada en diversos medios una serie de noticias sobre los contenciosos que he mantenido con la Hacienda Española. Quiero escribiros unas breves líneas para daros mi visión de lo sucedido.

Como todos conocéis, hace ya muchos años que decidí irme a vivir a Lugano, una pequeña pero moderna ciudad suiza a escasamente una hora de Milán. Me fui, como muchos otros deportistas, porque necesitaba la tranquilidad que me ofrecía la localidad cuando no estaba viajando por medio mundo y por la posibilidad de entrenar en las instalaciones del equipo Yamaha (a 60 km de mi casa). Y por supuesto, también valoré positivamente el régimen fiscal que ofrece a sus ciudadanos, mucho más razonable y menos agresivo y confiscatorio que el de otros sitios.

En junio de 2017 la Hacienda Española abrió una inspección tributaria desafiando mi condición de residente fiscal suizo. La inspección acabó abarcando del 2013 al 2016. A pesar de que las autoridades suizas insistían en que mi situación era perfectamente legal, la Hacienda Española siempre cuestionó todo. Así, envió cientos de requerimientos a mis patrocinadores y equipos, buscando no solo información sino mi descrédito frente a la opinión pública, haciéndome aparecer en los medios como un defraudador. Llegaron incluso a enviar unos emisarios al propio paddock para forzarme a firmar una documentación. Me asaltaron y bloquearon mi salida cuando me dirigía a subirme a la moto minutos antes de empezar una carrera. Igualmente, tuve que adelantar el dinero que me exigían, para evitar embargos y situaciones humillantes (como aparecer en las listas de morosos). Un auténtico escarnio.

He sufrido mucho estos cinco años y medio. Como profesional, siempre he tratado de permanecer concentrado en las carreras aislándome del ruido de terceros. Pero debo reconocer que la presión y angustia que me generó esta injusta y retorcida persecución de la Hacienda Española acabó afectándome en mi vida profesional. Llegaron a derrotarme anímicamente. Lo que otros competidores no pudieron.

Hace año y medio, a finales de junio de 2021, ya retirado de la competición, por fin vi la luz. El Tribunal Económico Administrativo Central dio la razón a mi abogado respecto de los años 2013, 2014 y 2015. Una contundente resolución anuló las liquidaciones que me habían girado indebidamente. Y naturalmente, me devolvieron el dinero que yo había adelantado. Ahora bien, nunca hubo ningún tipo de reparación del daño causado. Ninguna indemnización por los perjuicios. Ni una disculpa, pública o privada, carta o llamada. Nada.

En diciembre, un nuevo pronunciamiento, esta vez del Tribunal Económico Administrativo Regional de Cataluña, me ha vuelto a dar la razón en el año 2016. Confío que con ello se acabe ya esta pesadilla.

Los impuestos son necesarios y si el dinero es bien gestionado por la Administración (que no siempre es el caso), contribuir es algo de lo que uno se enorgullece. Pero lo que es también innegable es que los impuestos hay que pagarlos allí donde se viva. La Hacienda Española inició una caza de brujas y creyó encontrar un cabeza de turco. Se equivocaron. Eso sí, nadie me va a devolver las noches sin dormir ni la paz que necesitaba para concentrarme en los circuitos».