Resistencia y elasticidad. Dos de las principales características del acero se reflejan en la figura de un pentacampeón del mundo. La resistencia de su mentalidad y la elasticidad de su pilotaje han congeniado a la perfección para alcanzar por tercera vez la cima de la categoría reina y para proclamarse Campeón del Mundo por quinta ocasión en su vida. Siguiendo un camino muy bien marcado de viernes a domingo en cada Gran Premio, 18 citas después el piloto español ha encontrado la merecida recompensa en una temporada fantástica. Es el momento de analizar el año del campeón y de realizar una completa radiografía al mejor piloto de MotoGP en 2015.

 

«Juntos somos más»…

Ese era el conciso eslogan con el que Movistar mostraba un mensaje que se podría aplicar perfectamente a la manera de afrontar la temporada por parte del equipo oficial de Yamaha. Una multitudinaria presentación en Madrid en la sede de la compañía de telecomunicaciones sirvió para dar el pistoletazo de salida a un año que iba a acabar siendo dorado para la marca de los diapasones. Yamaha había puesto toda la carne en el asador dando los pasos correctos en la evolución de la YZR-M1 y, con una dupla de plenas garantías formada nuevamente por Lorenzo y Rossi, la fábrica de Iwata estaba conjurada para recuperar el primer peldaño de la categoría reina.

Los dos pilotos habían dejado a un lado las rencillas del pasado para luchar juntos por un objetivo común como era devolver a la cima a Yamaha y frenar así el dominio arrollador que Marc Márquez estaba ejerciendo desde que llegó a MotoGP en 2013. Pero pronto quedó claro que era el año del Movistar Yamaha. Los errores de Marc y los problemas de la Honda RC213V de 2015 levantaron una losa durante el primer tercio de temporada que, en lugar de ir disminuyendo durante el año, se iba haciendo más alta a medida que el de Cervera acumulaba abandonos. Así las cosas, antes de mitad de temporada la situación del campeonato incitaba a pensar en un mano a mano entre Rossi y Lorenzo hasta la última carrera, algo que acabó confirmándose con el paso de las citas. El objetivo común del que hablábamos antes ya estaba cumplido, llegaba entonces el momento de pelear por caminos diferentes.

…Pero mejor por separado

A medida que los fines de semana ingerían cada cita del calendario, la tensión crecía a marchas forzadas en el seno del Movistar Yamaha. El buen rollo inicial dio paso a unos tímidos cruces de declaraciones que fueron creciendo en intensidad mientras se acercaba el desenlace del campeonato. Lorenzo, que empezó afirmando que la compartición de datos beneficiaba a Valentino, se empeñó en “barrer para casa” y el box acabó separado por un biombo en Malasia. Pero aún había más: la férrea defensa a Rossi en su batalla con Márquez dejó de lado a Lorenzo, que se dio de bruces con el gigante japonés cuando intentó hacer la guerra por su cuenta. Y entre tanto, el duelo del 46 y el 99 quedó aplazado para el último capítulo de la temporada.

El campeonato, que tendría que haber llegado a Valencia como una fiesta, lo hizo con un clima enrarecido. El «Juntos somos más» acabó roto en añicos y Yamaha, en un año de ensueño, ganó todo y no celebró nada. Una fiesta post-temporada en Madrid y un acto preparado en Valencia para festejar todos los títulos de la marca en diversas disciplinas fueron cancelados; y las caras de sus máximos mandatarios en el último Gran Premio de la temporada reflejaban de todo menos euforia por un doblete histórico y por una triple corona –pilotos, equipos y constructores- con la que soñaban al inicio de año. El duelo de titanes dentro del mismo box acabó por herir el orgullo de la fábrica de los tres diapasones, que quizá no supo gestionar la situación. El deja vú de 2009 regresó al garaje del equipo aunque, en esta ocasión, varió el nombre del piloto encargado de alzar los brazos.

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El título de la velocidad

Asegurar que un Campeón del Mundo no se merece un título es una ofensa a todo aquel que cree en este deporte y al propio ganador del campeonato. Jorge Lorenzo ha tenido que lidiar con una serie de declaraciones llegadas desde el otro lado del box con el objetivo de menospreciar un título que ha ganado en la pista con total merecimiento y que ha forjado en todos y cada uno de los 18 Grandes Premios –sí, 18, que no son pocos- que componen el calendario del campeonato.

El momento en el que se desacredita el título del balear, es el momento en el que hay que sacar a relucir los números y que éstos hablen por sí solos: entre entrenamientos libres, cronometrados y warm up, Jorge disputó un total de 108 sesiones, de las cuales lideró 33 -6 FP1, 8 FP2, 8 FP3, 3 FP4, 5 Q2 y 3 WUP-. Por su parte, Rossi, que tomó la salida en el mismo número de entrenamientos, encabezó únicamente 4 -1 FP1, 1 FP3, 1 Q2 y 1 WUP-.

A estos datos cabe añadirle los más importantes: las 274 vueltas lideradas en carrera por Lorenzo, por las 50 comandadas por Rossi y, sobre todo, las siete victorias del mallorquín por las cuatro del italiano; casi el doble. Además, acabó por delante de él en 10 de las 18 carreras. Unos números tan claros como también lo son los 15 podios de ‘Il Dottore’ por los 12 del piloto español, la única estadística en la que cede sobre su gran rival y que describe a la perfección por qué Valentino llegó hasta el final con opciones y liderando el campeonato: porque en el cómputo global de los domingos, cuando se reparten los puntos, ha interpretado mejor que nadie las carreras, y porque ha sumado en todas y cada una de ellas.

Pero, números en mano, ¿hay alguna duda de por qué Jorge Lorenzo se merece ser campeón? ¿Es justo hablar de “alianzas” que sólo empañan un título peleado y ganado a pulso? Por supuesto que no es justo, como tampoco lo sería negar que el año que ha realizado Valentino Rossi ha sido sobresaliente. Pero, a la vez, no ha sido suficiente para ganar al piloto más veloz y más completo en esta temporada 2015.

En el duelo entre velocidad y consistencia, la velocidad ha tenido más peso en el resultado final. El enfoque de Lorenzo preparando cada carrera desde el primer entrenamiento libre ha podido con el de Rossi, acostumbrado a encomendar todo al domingo. Ahí es donde ha llegado una regularidad a prueba de bombas por parte del genio de Tavullia, abonado al podio, aunque más al tercer escalón que a cualquier otro. Y así, paso a paso, el 99 fue dando pequeños bocados hasta acabar comiéndole la tostada a un Rossi con la constancia por bandera, pero sin la velocidad necesaria para ser campeón por décima vez.

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Campeón de campeones

Poco después de lograr el título en Cheste, Jorge Lorenzo reiteró en rueda de prensa su felicidad; no sólo por ser nuevamente campeón, sino por haber conseguido ganar a todos los magníficos rivales con los que se ha enfrentado desde que llegó a MotoGP. Vencer en diferentes años a Valentino Rossi, a Dani Pedrosa, a Casey Stoner y a Marc Márquez es algo que sólo está al alcance de los elegidos.

Lorenzo nunca será el piloto más carismático ni el más querido, pero sus logros son innegables y dignos de admiración. Cinco títulos mundiales, 61 poles, 61 victorias y 135 podios componen unas estadísticas que a sus 28 años le han convertido en uno de los mejores pilotos de la historia de este campeonato y en una leyenda del motociclismo español.

El piloto de Palma de Mallorca se convirtió en el segundo de todos los tiempos capaz de recuperar la corona de la categoría reina tras haberla perdido en dos ocasiones, algo que hasta ahora sólo había logrado Eddie Lawson. Inició su estancia en MotoGP en 2008 y tuvo que esperar hasta su tercera temporada para ser campeón por primera vez. Derrocó a Valentino Rossi, campeón en los años anteriores, ayudado por la grave lesión que el italiano sufrió en Mugello y que le hizo perderse cuatro carreras; aun así, Jorge fue el claro dominador de aquel año y así lo demostró cuando Rossi regresó a los circuitos. Fue campeón por delante de Pedrosa, quitándose así la espina que tenía con el catalán en 250cc.

Cedió la corona en 2011, pero se la birló nuevamente a Stoner al año siguiente. Con Rossi desaparecido con la Ducati, Lorenzo volvió a ganar a Pedrosa y a Stoner. Pero aún quedaba un rival con el que no había podido: Marc Márquez, que hasta esta temporada contaba con un pleno de títulos en MotoGP.

Ganar en 2015, año que ha contado con una parrilla dotada de un nivel de ensueño, da un sabor más especial al título. Es por ello que el campeonato del 99 cobra aún mayor importancia y le permite cerrar el círculo tras superar a Márquez y haberlo hecho una vez más con Rossi. Jorge Lorenzo ha ganado a todos y cada uno de los mejores pilotos del siglo XXI. Es un campeón de campeones.

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El quinto título, en cinco claves

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Un campeón nunca deja de aprender. Al inicio de año, Jorge aseguraba que una de las claves de la temporada para él iba a ser aprender de los errores cometidos en 2014, uno de sus peores cursos desde que llegó a MotoGP. Una mala preparación física lastró desde el comienzo un 2014 que empezó a reconducir a mitad de temporada, cuando ya era tarde. A la vista de los resultados obtenidos este año, está claro que ha aprendido una lección que le ha hecho mejorar como piloto. Sobre ello, le preguntamos en la rueda de prensa que ofreció minutos después de ser campeón: «Siempre he dicho que es importante aceptar los errores y ser consciente de ellos, y el año pasado cometí muchos. El principal fue no prepararme con antelación y de mejor modo, llegué a Qatar sin forma física y me costó mucha alcanzarla. Espero no volver a repetir en el futuro esa falta de preparación física que tuve en 2014».

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El impecable estilo de pilotaje de Jorge Lorenzo está fuera de toda duda. El balear parece ir sobre raíles y es el piloto más capacitado de la parrilla para calcar un ritmo durante múltiples vueltas. Sus siete victorias de la temporada han llegado dominando todas esas carreras de principio a fin. Para sacar su máximo nivel Jorge ha de tener siempre todo en su sitio, y la YZR-M1 que Yamaha ha puesto en pista este año ha facilitado bastante las cosas en este aspecto, a lo que hay que añadirle el fantástico trabajo, una vez más, de Ramón Forcada. La moto más completa de la parrilla le ha permitido al 99 exprimir al máximo su potencial y su forma de trabajar, siendo en muchas ocasiones el más rápido desde que la moto bajaba del camión hasta que ondeaba la bandera a cuadros el domingo.

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Un mal inicio de temporada hizo que volviesen a aparecer los fantasmas del pasado. El problema con la espuma del casco en Qatar le relegó a la cuarta posición, mismo resultado que consiguió en Austin corriendo con bronquitis. En Argentina, donde completó su peor fin de semana de la temporada, acabó quinto. Tres carreras fuera del podio nada más empezar el año encendieron todas las alarmas, pero Jerez fue un bálsamo que rescató a Jorge. Tal y como afirmó allí, recuperó el instinto e inició en el trazado andaluz una secuencia de cuatro victorias consecutivas –Jerez, Le Mans, Mugello y Montmeló– que le catapultaron de golpe a la lucha por el campeonato.

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No rendirse nunca fue, posiblemente, la mayor clave del éxito. Jorge tuvo que remontar hasta en dos ocasiones una importante desventaja para acabar llevándose el campeonato. Los problemas en las tres primeras carreras le dejaron a 29 puntos de Rossi, pero tras ganar las cuatro siguientes se quedó a uno. Volvió a ceder en Assen y Sachsenring, pero entre Indianápolis y Brno consiguió igualar a puntos a Rossi. La caída de Misano, su mayor error este año, volvió a abrir la brecha hasta los 23 puntos de desventaja con su compañero cuando sólo quedaban a cinco carreras. Pero su mentalidad positiva fue muy importante para darle la vuelta a la situación. ¿Las claves para ello?: «La experiencia, la cabeza dura que tengo, la concentración y saber que me estaba jugando algo importante», asegura.

EXPERIENCIA

Es cierto que en cuanto a experiencia estaba en déficit con respecto a su principal rival por el título, pero el paso de los años ha constituido a un Jorge Lorenzo capaz de gestionar a la perfección el campeonato más tenso de los últimos tiempos, derrotando al mayor experto en estas lides. Otro detalle fundamental es que el piloto español ya está curado de espanto con las dosis de picardía de Valentino Rossi, y la batalla psicológica no le afecta para nada. La madurez adquirida a sus 28 años y después de 14 temporadas en el Mundial sirve muy mucho para templar los nervios a la hora de la verdad. Hacer una pole de escándalo y una carrera perfecta en el fin de semana en el que se jugaba el título demuestran la solidez del merecido de 2015. Jorge Lorenzo: un campeón de acero.

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