Jorge Lorenzo desgrana sus recuerdos y anécdotas que ha vivido tanto dentro como fuera del paddock en sus treinta años. Su relación con Valentino y el resto de su equipo, el entrenamiento precoz de su padre y su recientemente adquirido interés por la moda son algunos de los detalles que el de Ducati recoge en algo más de 200 páginas. Cada capítulo es una lección que, como él mismo dice, “somos afortunados de poder leer solo por el hecho de haber nacido en esta parte del mundo”.


«Nueve meses antes de nacer conseguí mi primera victoria en una carrera: competí contra doscientos millones de espermatozoides y llegué el primero al óvulo de mi madre». Así de competitivo es Jorge Lorenzo, ya quiso correr antes incluso de poder recordarlo después. Y esta es la primera confesión de las que el mallorquín cuenta en ‘Lo que aprendí hasta los 30. Mis secretos para alcanzar el éxito en todo lo que te propongas’. Su padre le presentaba como lo haría un speaker en su más tierna infancia y él lo recuerda en esas páginas. Max Biaggi le recomendó viajar en avión privado en las carreras de Europa y reconoce que le viene bien para llegar más fresco a los circuitos. Y Nairo Quintana y Alejandro Valverde le metieron una paliza en bicicleta de la que aún se asombra.

Jorge desvela en 232 páginas algunos detalles de su vida en el paddock. En 2013 Rossi volvió a Yamaha con un papel secundario por su evidente falta de competitividad en sus años en Ducati. Pero al inicio de la siguiente temporada, volvió a ser competitivo e incluso superó a Jorge al final del año. El 99 asegura que el italiano le copiaba los settings antes de las carreras, y hasta la forma de entrenar: «Mi preparador físico, Antonio Cascini se había reunido con Rossi y su entrenador en Tavullia […] Semanas después me enteré de que Valentino había empezado a entrenarse con motos idénticas a las que yo utilizaba en Gerno (una Yamaha R6 y una Yamaha YZ85), realizando además ejercicios parecidos».

Esta rivalidad tensa le costó su relación con Maio Meregalli, su jefe de equipo de entonces: «Le dije que prefería que no estuviera en las reuniones técnicas porque sospechaba que se lo transmitía todo al equipo de Rossi […] Maio no se lo tomó muy bien, y a partir de allí, su relación conmigo se enfrió. No me arrepiento», zanja.

¡Tierra trágame!


Jorge escenificó su desconcentración y falta de forma en el Gran Premio de Austin de 2014 cuando se adelantó a la salida oficial de la carrera. Ese día le motivó para volver a ser Campeón del Mundo en 2015. Pero en el Circuito de las Américas fue el plástico del casco el que tuvo la culpa: «Normalmente nos quitamos el tear-off durante la carrera, pero tenía tantos mosquitos que decidí quitarme el primero justo en el momento en el que el comisario empezaba a abandonar la pista. Aquella acción inusual me desconcentró y durante unos segundos perdí la noción del tiempo».

El resto todos lo sabemos. Tsuji San, el líder de Yamaha en MotoGP, llegó entonces al box para recriminarle su actuación. «Al final, gritando, le respondí: ¡¿Y qué quieres que haga Tsuji, que me ponga de rodillas!? Ya he explicado y pedido perdón», recuerda avergonzado Jorge.

Inicios duros en Ducati


A pesar de que él mismo haya reconocido que este es su peor momento con los de Borgo Panigale, el inicio de su aventura ducatista le “mosqueó”, en términos del propio Jorge. «En los test de Sepang Dovizioso, mi compañero de equipo, estaba entre los más rápidos, yo quedé a dos segundos por vuelta, así que estaba claro que el problema no era la moto». Y aquella noche se quedó hasta las doce de la noche estudiando las telemetrías de Dovizioso y Bautista con Cristian Gabarrini, su jefe de mecánicos; Tommi Pagano, su telemétrico; y con Michelle Pirro. «No pudimos ni cenar aquella noche. Pero al final del tercer día de tests estaba séptimo, a cuatro décimas del más rápido».

Aunque la primera victoria con la marca italiana ha estado cerca de suceder en el Gran Premio de Malasia 2017 es algo que obsesiona al mallorquín según reconoce él mismo y tal como reza el propio título del capítulo 39: ‘No estoy motivado ¡Estoy obsesionado!’. Y no como un concepto negativo, porque defiende que si de verdad se quiere tener éxito, «se debe estar dispuesto a sacrificar incluso tu descanso».

Debón como su guardaespaldas en 2006


El año en el que consiguió su primer campeonato del mundo no arrancó todo lo bien que se esperaba el propio Lorenzo: dos victorias en las dos primeras carreras, pero dos ceros y una carrera fuera del podio minaron su confianza. Tras esas dos primeras carreras Jorge había dejado de trabajar con el psicólogo deportivo que le recomendó su padre, Joaquin Dosil, y necesitaba una inyección de moral. Ya por entonces se la dio el que era su asesor en pista durante esa época y que lo fue al inicio de este año, Álex Debón: «La de mañana es una carrera muy importante. Va a ser difícil, pero voy a estar ahí contigo. Serás el único piloto del grupo que tendrá un escolta». Debón era wildcard con el Fortuna Aprilia aquella carrera en Mugello.