El piloto castellonense reencarna la historia que en su día protagonizó Nani Roma

Las trayectorias de Joan Barreda y Nani Roma parecen cortadas por el mismo patrón. Después de encadenar muchos sinsabores, el catalán se llevó el título del Dakar en motos con total merecimiento. El piloto de Torreblanca aspira a repetir semejante éxito tarde o temprano. 



18 de enero de 2004. A orillas del Lago Rosa, Joan “Nani” Roma saborea sobre su KTM un triunfo con tintes épicos. Había estado persiguiéndolo durante bastantes años, acariciándolo tantas veces que cuando agarró el Touareg no quería soltarlo. Había ganado el Dakar y, de paso, se había convertido también en el primer piloto español de la historia que conseguía algo así. Se quitó una losa y coronó un camino repleto de inmensas esperanzas que hasta ese día habían acabado tornándose en tragos amargos. A la novena fue la vencida, y eso que sólo había podido terminar dos. El Dakar le debía una y saldó su deuda con el piloto de Vic, que dejó su firma en el palmarés antes de pasarse a las cuatro ruedas, donde reinaría también diez años más tarde.

17 de enero de 2018. Parado en el kilómetro 100 de la especial que unía Belén y Fiambalá, un Joan Barreda lleno de dolor tira la toalla. Tiene la rodilla izquierda muy tocada, la muñeca también, y había sufrido una fuerte caída el día anterior a la que había que sumar una pérdida de 40 minutos en una auténtica escabechina. Va segundo en la general, pero no puede más. Se acabó el Dakar otra vez y con él las esperanzas depositadas junto a Honda por reinar en esta carrera. Joan lleva ocho Dakares a su espalda, cinco siendo el gran baluarte de una marca como HRC que quiere vencer de una vez por todas a KTM y que sabe que tiene a un piloto que reúne las condiciones necesarias para triunfar en esta carrera. Sin embargo, por H o por B, ese triunfo se escurre una y otra vez.

Roma y su carrera de obstáculos


El caso de Barreda recuerda cada vez más a esa carrera de obstáculos que Nani Roma tuvo que atravesar hasta alcanzar la gloria. Su historia en el Dakar es la de una leyenda que acabó encontrando la recompensa a su tenacidad, pero que durante unos años se quedó con la miel en los labios de una forma cruel; y es que, en ocasiones, la esencia del Dakar se cebó con él.

Su primera participación, allá por 1996 -n.dR. la carrera comenzó en Granada aquella vez- sirvió para que todo el mundo empezase a apuntar su nombre, pero sobre todo su sobrenombre. Nani caló hondo cuando, con sólo 23 años, ya demostró su velocidad y su agresividad a las primeras de cambio. Pocos pueden decir que lideraron el Dakar en su debut, y él lo hizo en la segunda etapa. No obstante, en la cuarta abandonó tras quedar inconsciente en una caída.

Su historia en motos, casi siempre ligada a KTM, también estuvo acompañada por las continuas desdichas. En 1997 se rompió la clavícula, en 1998 llegó a liderar la carrera y abandonó por una avería en su KTM, y en 1999 también alcanzó momentáneamente el liderato y acabó retirándose más tarde, en este caso por una caída en la que se fracturó en ocho partes el dedo pulgar.

Pero sin duda, los recuerdos más crueles llegan en el año 2000, cuando acarició la posibilidad de ganar el rally por primera vez. Fue el claro dominador; lideraba con una importante renta y se había quedado solo en la lucha contra las BMW mientras todas las KTM, bien por averías o bien por caídas, habían dicho adiós a la carrera. Tenía el Dakar en sus manos, pero el motor se rompió a dos jornadas para el final. No se retiró, permaneció durante horas y horas en el desierto hasta que llegó la asistencia, acabó esa etapa y, dos días después, la carrera. Para todos era el ganador del Dakar, para las estadísticas, el 17º clasificado tras ganar cuatro etapas. Por primera vez había llegado a la meta, aunque el varapalo había sido mayúsculo.

En 2001 pasó de KTM a BMW, apostando por la fiabilidad de la marca alemana para ganar por fin su anhelado Dakar. Pero aquella bicilíndrica era muy diferente, era mucho más pesada y el ‘gafe’ seguía acompañando al piloto de Vic pese a lograr tres triunfos de etapa. Caída, rotura en la rodilla y adiós al raid una vez más mientras KTM, el constructor que había dejado, ganaba por primera vez el Dakar con Fabrizio Meoni.

Nani volvió con los austriacos en una de las ediciones más bonitas que se recuerdan gracias a su mano a mano con Meoni. Roma siempre fue rápido e impulsivo, pero con los años era cada vez más y más completo, también en navegación. Se estaba jugando la victoria con su compañero de marca a falta de tres etapas y tenía que recortarle tres minutos. Atacó en una jornada propicia para ello, pero cuando el camino que rodeaba a unas montañas se bifurcó, eligió el lado incorrecto. Preso de los nervios intentó subir por allí para encontrar la senda correcta en lugar de dar la vuelta. Perdió tiempo, la paciencia y hasta el conocimiento. Cayó desplomado y abandonó la carrera. «Cuando desperté, pensé que me moría. Tenía palpitaciones y me dijeron que se me pusieron los ojos en blanco tres veces, no podía respirar», comentó. De nuevo, el sueño roto.

La maldición no cambiaría al año siguiente. Estaba a sólo dos minutos del liderato cuando en la novena etapa volvió a caer y se fracturó el cúbito de la mano derecha. Su octava participación en el rally se saldaba con su séptimo abandono; su enésimo asalto al título volvía a estar acompañado de una gran decepción.

Hasta que se hizo justicia en 2004. La obsesión, la frustración acumulada y los infortunios constantes dejaron paso a un Roma imperial. No hubo errores, no hubo problemas técnicos y Nani pudo dar rienda suelta a todo su potencial sin tener que preocuparse de nada más. Ganó con autoridad, con 12 minutos y 38 segundos de ventaja sobre uno de los reyes del desierto, Richard Sainct -n.d.R tres veces ganador del Dakar-, piloto francés que meses después perdería la vida en el Rally de Egipto. Roma también ganó por delante de Fabrizio Meoni, otra auténtica leyenda, rival y amigo, que había ganado dos de los Dakares en los que Nani pudo triunfar -2001 y 2002-. El italiano también nos dejó en 2005.

La carrera de obstáculos acabó de la mejor manera y Roma dejó el testigo en manos de Marc Coma y Cyril Despres, quienes se repartieron los diez siguientes triunfos entre África y las primeras ediciones en Sudamérica. El suyo fue un ejemplo magnífico, el de no rendirse jamás hasta acabar ganando la carrera más dura y redondear una década después con el doblete en coches. La deuda del Dakar se la acabó cobrando dos veces… y seguirá buscando la tercera.

Barreda: un legado que recoger


Han pasado ya más de dos décadas desde la primera participación de Nani Roma en Dakar y otro piloto español parece haber heredado su currículum de infortunios. Tras la retirada de Marc Coma, Joan Barreda es la gran esperanza del motociclismo español para volver a ganar un Touareg, pero como le pasaba al de Vic, no consigue rematar pese a tener todo lo necesario para ser campeón: el apoyo oficial de Honda, un talento innato, una experiencia cada vez más amplia y unas dotes de pilotaje cada vez mejores.

Desde que Honda volvió a apostar muy fuerte por el Dakar para arrebatárselo de las manos a KTM, Barreda siempre ha sido el gran abanderado de la firma japonesa. Se ganó el contrato mostrando destellos de su enorme calidad con Husqvarna, marca con la que acumuló cinco victorias de etapa entre 2012 y 2013. La maldición empezó en 2013, primer año en el que contó verdaderamente como un candidato al triunfo en el Dakar, con una avería en la bomba de gasolina que le dejó sin opciones de lograr un buen resultado. Acabó la carrera, no obstante, siendo 17º.

Dakar 2016 - Motorbike Magazine

Si algo quedó claro a partir de entonces es que con ‘Bang Bang’ Barreda estábamos posiblemente ante el más rápido. No el más consistente, no el mejor ‘navegador’, dos características que ha mejorado bastante con el paso de los años. En 2014, ya en Honda y con Despres y Coma todavía en acción, Barreda era la gran amenaza de ambos y de KTM. Cometió un error de navegación que le hizo perder el liderato en la quinta etapa. Se cayó en varias ocasiones, una de las cuales derivó en avería, y esto le relegó a la séptima plaza pese a haber demostrado con creces que era el piloto más rápido. Ganó nada menos que cinco etapas.

Como en el caso de Roma, también vivió la crueldad del Dakar en su carnes. Fue al año siguiente, en 2015, cuando el paso por el Salar de Uyuni se convirtió en una experiencia traumática. Las condiciones eran realmente delicadas y a Barreda le entró sal en el motor, propiciando una avería que le hizo perder más de tres horas. En ese momento era líder y se aferraba con uñas y dientes a ello; tanto es así, que en la etapa anterior acabó incluso conduciendo con una mano tras romper el manillar en una caída. Después de Uyuni, las esperanzas se esfumaron.

Borrón y cuenta nueva para 2016, la primera edición en la que no estaban ni Coma ni Despres, y en la que partía como el favorito número uno con permiso del australiano Toby Price. De nuevo Uyuni acabó con cualquier esperanza; perdió 4 horas y 58 minutos tras una rotura de motor. Entre tanto, KTM ganaba su 15º Dakar seguido de la mano de Price.

Averías, caídas… poco faltaba ya para llenar la lista de infortunios de Barreda. Pero en 2017 se rizó el rizo: en la cuarta etapa, cuando lideraba con casi 20 minutos de ventaja, el castellonense estuvo inmerso en el repostaje ilegal de los pilotos de Honda y recibió una hora de penalización. Volvió a mostrarse como el más rápido, ganó cuatro etapas -tres de ellas tras la penalización-, pero aquella losa era imposible de remontar, máxime cuando el Dakar quedó reducido a sólo diez etapas por la cancelación de dos de ellas. Finalizó quinto a 43 minutos del ganador y con la sensación agridulce una vez más.

Barreda en 2018, contra viento y marea


Joan Barreda ha tenido que luchar contra los elementos en el 40º cumpleaños del Dakar. En su caso, la historia se repite, aunque cada año con argumentos de lo más variopintos. En esta ocasión llegaba muy mermado físicamente tras una seria lesión de muñeca que sufrió cuatro meses antes al caer en un agujero durante el Desafío Ruta 40. Apretó los dientes desde el primer momento y se impuso en la segunda etapa, pero en la tercera un error de navegación le hizo perder casi media hora.

Aun así, ‘Dinamita’ Barreda no estaba dispuesto a que se le fuera el Dakar nada más comenzar. Su remontada arrancó con una exhibición en la quinta etapa que le metió en el top 5, y continuó con otra victoria de mérito en la séptima especial que le dejaba a las puertas de los primeros puestos. Sin embargo, cuando llegó al vivac se conoció que había completado la etapa tras una fuerte caída y que estaba lesionado en la rodilla. De hecho, él pensaba que tenía una fractura. Resistió al día siguiente abriendo pista, pero cayó en la trampa en la caótica jornada de camino a Belén, donde también se fue al suelo y se le pudo ver llegar a la meta prácticamente desorientado.

La obsesión por ganar el Dakar estaba haciendo demasiada mella en el de Torreblanca y el sufrimiento ya no justificaba seguir en carrera con una desventaja de 39 minutos. Con la rodilla y la muñeca lastimadas, decidió abandonar después de mostrar una tremenda capacidad de superación.

Como lo era aquel joven Nani Roma que competía en motos, Barreda es un piloto impulsivo, rápido, brillante. Reúne todos los argumentos para ganar el Dakar algún día, pero le acompaña una especie de maldición que tarde o temprano tendrá que esfumarse. El castellonense ya ha demostrado que posee el espíritu necesario para recomponerse de todos y cada uno de los golpes. Nani ganó a la novena, él lo intentará por novena vez en 2019… Si es cierto que todos los caminos llevan a Roma, el de la trayectoria de Joan Barreda tarde o temprano le llevará a convertirse en leyenda como consiguió el piloto de Vic. El Dakar le debe una.