Tras oleadas de rumores, el LCR Honda acabó confirmando el pasado mes de septiembre lo que ya era un secreto a voces: la incorporación de Jack Miller a su equipo, por lo que el vigente subcampeón de Moto3 dará directamente el salto a la categoría reina. Su caso recuerda al de otro piloto australiano, Garry McCoy, que también se saltó el paso por la categoría intermedia para desembarcar en 500cc.

Garry McCoy, el piloto de la eterna derrapada

Garry McCoy tenía dos señas de identidad inconfundibles: una era llevar su Yamaha YZR 500 totalmente cruzada, la otra era el humo que salía de la rueda trasera. El australiano se convirtió en el auténtico rey de las derrapadas, un estilo que le resultó efectivo sobre todo en el año 2000, cuando empezó a destacar en la categoría de 500cc.

McCoy compitió en 125cc desde 1992 hasta 1997, donde consiguió una pole, dos victorias y otros cinco podios. Sus estadísticas en el octavo de litro, aunque positivas, no fueron ni mucho menos brillantes. Aun así, Honda se cruzó en su camino para dar el salto a 500cc en 1998. Lo hizo en el Shell Advance Racing, uno de los equipos más modestos de la categoría, y no consiguió ningún resultado destacable.

Al año siguiente, ya en el Red Bull Yamaha, el australiano comenzó su progresión en la categoría reina, que incluso le llevó al podio bajo la lluvia en Valencia. No obstante, McCoy había sido eclipsado por su compañero Regis Laconi y seguía sin demostrar grandes cosas. Pero todo cambiaría al año siguiente…

El GP de Sudáfrica inauguraba la temporada 2000, y en el trazado de Welkom apareció por sorpresa y de forma fulgurante Garry McCoy para dejar a todo el mundo boquiabierto. Nadie sabía de dónde había llegado, pero tras un recital de pilotaje y derrapadas el australiano se convirtió en el primer líder de la temporada. Aquel año subió cinco veces más al podio, dos de ellas desde lo más alto. Fue irregular, pero sus tres victorias fueron fundamentales para dejarle en el ‘top 5’ de la categoría reina.

Tan pronto como apareció su nombre en los primeros puestos, se esfumó. En 2001 volvió a subir al podio en tres ocasiones, pero la llegada de las MotoGP –en 2002 continuó con una 500cc y al año siguiente fue piloto de Kawasaki– acabó por borrarle del mapa. Eso sí, al menos tuvo tiempo para dejar su particular sello, marcando el asfalto con su neumático trasero.

Garry McCoy - Motorbike Magazine

© Yamaha

Ser o no ser, esa es la cuestión

Jack Miller - Motorbike Magazine

© David Clares

Miller llega a MotoGP con un bagaje de seis victorias y un total de diez podios cosechados en la temporada 2014 en Moto3, donde acabó como subcampeón, por lo que su currículum previo a la categoría reina ya es mejor que el que entregó en su día McCoy después de pasar por 125cc. A pesar de ello, Garry no pasó desapercibido en 500cc. Ni mucho menos. Su estilo de pilotaje y la gran temporada que cuajó en el año 2000 demostraron su valía e incluso se situó aquella temporada como la gran revelación del medio litro.

McCoy no fue un piloto con ADN de campeón  –de hecho, ni siquiera brilló durante muchos años­–, algo que sí se espera de Miller. Pero demostró que se pueden hacer las cosas bien en la categoría reina incluso saltándose el paso previo.

No obstante, los tiempos han cambiado y la actual categoría intermedia, Moto2, se ha convertido en una escuela esencial previa a MotoGP en la que Miller ni siquiera va a tomar apuntes. A Jack le toca ahora demostrar que su doble paso al frente es acertado. Australia tiene sus ojos puestos en él para seguir los pasos de los Gardner, Doohan, Stoner y compañía. Por el momento, ha comenzado siguiendo la senda de Garry McCoy.