Hablamos con Hugo Arriazu, que ha sido condenado a cuatro años de cárcel por la construcción de una pista de motocross para uso personal en un terreno propio.

El pasado domingo, el diario El País adelantaba la noticia de la condena de Hugo Arriazu a cuatro años y un día de cárcel por un delito contra la ordenación del territorio. Hugo empezó a construir en 2011 una pista de motocross para su hijo -actual piloto del Campeonato de España de MX125- en un terreno propio. Al tener constancia de esta obra, los agentes forestales lo denunciaron y Arriazu detuvo la construcción de la pista en 2012.

La raíz del problema se encuentra en que las obras se estaban llevando a cabo en un terreno protegido y sin autorización, según el escrito del juez. El enclave, situado en la localidad madrileña de Colmenar de Arroyo, forma parte de una zona que está dentro del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de la ZEPA -Zona de Especial Protección de Aves- iniciado en 2001, que acabó aprobado como decreto en 2010 y posteriormente fue anulado en 2014. No obstante, pese a que actualmente este plan no está en vigor, sí lo estaba cuando Hugo comenzó las obras de construcción del circuito.

La Audiencia Provincial de Madrid dictaminó esta dura sentencia el pasado mes de diciembre. Nos hemos puesto en contacto con Hugo, quien considera que se trata de una sanción desorbitada, que ya ha sido recurrida por la defensa al Tribunal Supremo. «Es una barbaridad. Hemos llevado el caso al Tribunal Supremo, porque no es normal. Allí habrá otro juicio porque se trata de algo que no tiene ni pies ni cabeza. Conozco casos similares siendo un terreno exactamente igual, que se saldaron con una sanción económica», nos cuenta.

Arriazu no solicitó licencia para llevar a cabo esta operación pensando que no la requería al tratarse de un terreno rústico de uso agrícola. Tras consultarlo, en el Ministerio de Medio Ambiente le dieron luz verde para continuar con el proyecto si no cortaba ningún árbol o añadía tierra de otro lugar. «Prácticamente no es ni una obra, se trataba de una pista muy pequeña para que mi hijo entrenase con una moto de 65 cc. No es ni un circuito. Tiene cuatro saltos pequeños, salvo una recepción para utilizarla cuando yo saltaba en freestyle. Dicen que se han utilizado 6.000 metros cúbicos en tierra, pero no es así, son 1.200 metros cúbicos de tierra los que se han movido en total», comenta Hugo.

Además de los cuatro años de prisión, la condena incluye la inhabilitación del derecho de sufragio pasivo durante el ese periodo, seis euros diarios de multa durante 24 meses y la obligación de devolver el terreno al estado en el que se encontraba antes de comenzar con la obra. «Eso lo hago en un día. Contrato una máquina grande y en un día el terreno está como estaba», nos relata el propietario al respecto. «Es mi terreno, que además está delimitado con una valla normal, no cinegética. Todo ello en una zona en la que incluso hay una autovía a pie de la finca», añade. Ahora le queda esperar al dictamen del Tribunal Supremo ante esta situación.