Homenaje a Luis Salom | Blog  ‘La intrahistoria de MotoGP’

Este es uno de esos días en los que el motociclismo golpea con fuerza a quienes lo amamos. Hoy se ha marchado Luis Salom Horrach, el Mexicano, un apodo que le fue impuesto por parte del hermano de su mánager, quien tenía un caballo que recibía ese nombre.

Pese a que las tragedias sacuden constantemente una disciplina de riesgo como esta, jamás acabaremos de asimilar que sucedan estas cosas. En casos como el de este viernes negro, es cuando uno realmente se da cuenta de que nunca se está lo suficientemente preparado para encajar una noticia así y de lo difícil que se hace escribirla o simplemente leerla.

Se ha ido Luis Salom. Y se ha ido en un abrir y cerrar de ojos, llenando de lágrimas los de la familia del motociclismo. Un fatídico accidente ha tenido la culpa de que Luis perdiera la vida a los 24 años en el Circuit de Barcelona-Catalunya sin darle ni siquiera la oportunidad de pelear por seguir adelante.

El motociclismo es así, con esa doble cara: por un lado, nos regala momentos inolvidables que justifican ciegamente nuestra pasión por este deporte y, por el otro, tiene esa terrible forma de pellizcarte las entrañas y dejarte noqueado cada dos por tres. Esa doble cara es la que nos ha mostrado en un caso como el de hoy; porque este deporte es el mismo que nos dio la oportunidad de ver a Luis Salom y de disfrutar con él, con Maverick Viñales y con Álex Rins de aquel maravilloso 2013 en Moto3, una de las temporadas más bonitas que se recuerdan en la historia del Campeonato del Mundo. Pero también, este mismo deporte ha sido extremadamente injusto por arrebatárnoslo de esta manera.

Luis Salom - 1

Es un día triste y también una jornada para que aquellos «aficionados» que faltan el respeto a profesionales que se juegan la vida, se conciencien de una vez por todas de que nuestro deporte está por encima de colores y de filias y fobias. El respeto a cada uno de esos valientes que salen a pista debería ser el primer término del diccionario de cualquier aficionado al motociclismo. Sin duda, es una lástima enorme que algunos sólo abran los ojos cuando suceden tragedias de este estilo.

Luis se ha marchado haciendo lo que le apasionaba y esa pasión quedaba clara en su actitud, cercana y humilde. Era un piloto de raza dentro de la pista, con un carácter fuerte encima de la moto, pero con la sonrisa por bandera fuera de ella. María, su madre y su gran compañera de fatigas durante todos estos años, puede estar bien orgullosa por la gran esencia que su hijo ha dejado impregnada.

El Mexicano ya «cabalga» por ahí arriba a la espera de que le dejen una moto. Dani, Bernat, Shoya, Marco, Daijiro, Norick y compañía, hacedle hueco, que uno de los vuestros está esperando por allí hasta que se apague el semáforo. Porque lo que nunca, nunca se apaga, es la pasión. Hasta siempre, Luis. Hasta siempre, Mexicano.

 

 

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