«Me considero una persona con suerte, que tuvo la oportunidad de evolucionar y de tener una buena carrera deportiva»

Serenidad y reflexión. Probablemente, esos sean los dos mejores cauces con los que definir por dónde discurre una charla con Sete Gibernau (Barcelona, 15 de diciembre de 1972) para repasar junto a él una larga, interesante y productiva carrera deportiva que se ha dividido en tres partes (1996 a 2006, 2009 y 2019), con sus tres correspondientes retiradas. A Gibernau, nieto de don Paco Bultó (fundador de Bultaco), la pasión por las dos ruedas le vino desde la cuna, aunque tardó en probar suerte en el motociclismo de competición. Una vez lo hizo, empezó a trazar una trayectoria que no dejó indiferente a nadie, con dos subcampeonatos de MotoGP tras pelear de tú a tú con Valentino Rossi en 2003 y 2004 como mayores éxitos de su carrera, así como 9 victorias, 13 poles y 30 podios, todos ellos en la categoría reina. A día de hoy, es el quinto piloto español de todos los tiempos con más victorias en la categoría reina.

A sus 47 años y con su último adiós a la competición reciente después de correr la Copa del Mundo de MotoE, Gibernau afronta ahora un proyecto ambicioso que nada tiene que ver con las carreras: impulsar un Congreso Mundial sobre ecomovilidad, algo que anunció en Valencia al mismo tiempo que se despedía de MotoE.

En MOTORBIKE MAGAZINE retomamos una de esas entrevistas en las que repasar 'vida y obras' con su protagonista, lo que denominamos como nuestro particular homenaje al mundo de la moto y en cuya lista el nombre de Sete Gibernau estaba dentro desde hace tiempo.


La primera pregunta es la típica que solemos hacer en este tipo de entrevistas, aunque hablando del nieto de don Paco Bultó lo tenemos bastante claro. ¿Cómo le llega la pasión por el motociclismo a Sete Gibernau y la posibilidad de convertirse en piloto profesional?

«Por tener tan cerca las motos y por vivirlas tanto, nunca llegué a pensar que acabaría corriendo el Campeonato del Mundo de motociclismo y aún menos en la máxima categoría. Tuve la suerte de poder estudiar, que eso para mí fue importante, porque mis padres me decían que no podía dedicarme a correr en moto y dejar los estudios. Para mí fue un punto importante en la vida a largo plazo, más que a corto, obviamente. Eso marcó mucho mi propia trayectoria y por eso tampoco tenía esa obsesión por correr desde tan joven como se hace hoy en día. Yo arranqué mi carrera deportiva relativamente tarde, porque empecé la universidad y luego no pude acabarla. Por una serie de circunstancias mi pasión y mi deporte favorito había sido siempre la moto, pero lo hacía en casa. Por eso, probablemente por tenerlo tan cerca, no pensaba que acabaría corriendo. Luego con el paso del tiempo quise probarlo, lo pude probar, y desde ahí fue una carrera que nunca imaginé que podría llegar a conseguir. Aún a día de hoy, ahora que he vuelto a retirarme, me sorprende el hecho de haber podido correr el Campeonato del Mundo y de haber tenido una carrera, dentro de todo, para mí de éxito. Lo miro con una cierta distancia; incluso ahora, que he vuelto a correr, estar en el paddock me recuerda a toda una etapa que para vivirla tal como la viví... No la soñé desde pequeño y la acabé viviendo de una manera súper intensa, preciosa y todo me recuerda a aquello, obviamente de otra manera. No ha sido volver a correr, sino para mí una apuesta más de vida que deportiva».

¿En qué momento te pica el gusanillo para acabar dedicándote a esto?

«Me gustaba mucho la moto, veía las carreras y hubo un momento en el que le pedí a mis padres que me gustaría intentar probar. Ahí fue un poco iniciativa mía, de intentarlo para ver qué tal. Fui quemando las etapas necesarias, participando al principio, y luego siendo competitivo y ganando el Campeonato de Cataluña, el de España, etc. Desde ahí, la progresión fue muy rápida».

¿Cómo recuerdas tus primeros pasos en el Campeonato del Mundo en 1996?

«De 1993 a 1995 estuve corriendo el Open Ducados. En teoría, en el '95 tendría que haber pasado ya al Mundial. Pero como todo en la vida; hay momentos en los que estás en el sitio adecuado y te sirven para buen fin, y hay momentos en los que a lo mejor eso mismo te lleva a otro que no es el que tú deseabas. Creo que la gestión de todo eso es lo que determina el éxito. En 1995 la idea era entrar en el Campeonato del Mundo y no pudimos, y eso rompió bastante la dinámica que creía que era muy positiva de cara a afrontar en condiciones mi primer Mundial. Tuve que hacer el salto de manera precipitada y no en las condiciones que quise en 1996. Esa gestión es la que hay que hacer. Hay veces que puedes tomar decisiones porque tienes elección y hay veces que no. En ocasiones hay que cogerse a lo que existe y sacar el mejor rendimiento, aunque no sea lo que creas que es lo mejor para afrontar ese reto tan difícil. Lo afronté en el '96, entré y eso permitió que se me fuesen abriendo otras puertas. En la vida siempre hay que tener una parte importante de suerte, en cualquier aspecto de la vida. Yo me considero una persona con suerte en ese sentido, porque he tenido la oportunidad de evolucionar dentro del Campeonato del Mundo y de conseguir una buena carrera deportiva. Para eso necesitas trabajo, sacrificio, ilusión y ese toque de suerte que te permita poder tener el material necesario en un deporte en el que la moto en nuestro caso tiene una importancia determinante a la hora de conseguir resultados».

En tu segundo año, 1997, pasas a 500cc con Yamaha y con un mentor/jefe de equipo que era ni más ni menos que Wayne Rainey...

«Sobre todo, en 1997 yo no merecía estar en 500cc en el equipo de fábrica de Yamaha y eso es una realidad. Pero una vez más, así como en el '96 entré en unas condiciones peores de las que me hubiese gustado, al año siguiente me dieron cosas que no me merecía, que era una Yamaha de 500cc en el equipo oficial. Yo no estaba preparado para eso. El Mundial anterior lo hice en unas condiciones muy justas, para conocer circuitos, y el segundo año de mi carrera deportiva entré en el equipo número uno de Yamaha fue una presión muy grande y no estaba preparado para ello, obviamente. Fue un año muy difícil, con muchas caídas y lo intenté gestionar de la mejor manera».

En los dos años siguientes, 1998 y 1999, es cuando empiezas a convertirte en un piloto querido por la afición y das ese salto de calidad con la bicilíndrica. Ahí aparece Sete Gibernau...

«Correcto. He pasado por muchísimas etapas, de todo tipo, como seguro que todo el mundo en la vida. En el '97 me quedé sin equipo después de ese año y gracias a Álex Crivillé y a su mujer Anna, cuando pensaba que podría acabar mi carrera deportiva, tuve la oportunidad de entrar en Repsol, en el equipo oficial de Honda, no con una V4 pero sí con una bicilíndrica de dos tiempos y eso fue para mí el salto de calidad. Tenía muy claro que era una oportunidad que no podía dejar escapar. Era el mejor equipo del mundo; obviamente, no era con la moto con la que estaban ganando Crivillé, Doohan y Okada, pero sí era el equipo y era una moto muy competitiva. Como bien dices, fue un poco el lanzamiento para demostrar cosas. A nivel de pilotaje y de cómo afrontar las carreras del Mundial di un salto cualitativo importante. Tuve la suerte de compartirlo con Crivillé, que ha sido siempre un gran apoyo, además de estar al lado de Doohan y de los grandes, y eso me hizo crecer mucho».

El hecho de no tener el mismo material que los pilotos oficiales y de estar un paso por debajo, ¿fue lo que te ayudó a exprimir todo tu potencial y sacar el 200%?

«Sí, siempre. Todo el mundo, cuando llegas a cualquier deporte, intentas hacer el máximo con lo que tengas. Ya te digo, yo tuve la oportunidad de tener un material que era competitivo, porque si no no consigues resultados. Va de la mano. Luego está la diferencia que pueda marcar el piloto, que en las motos es mucho mayor que en los coches. En las motos tú tienes un margen mayor que en los coches. En F1 parece que las diferencias entre los coches son mayores y los pilotos la marcan menos, y en cambio en las motos sí que puedes llegar a hacerlo. Para mí el '98 fue un año determinante y, concretamente, la carrera determinante fue la del Jarama. Después de recibir una llamada de Jaime Alguersuari, me dijo el sábado por la noche: "Sabes que aquí te juegas mucho. Más vale que aquí hagas una gran carrera o despídete de todo esto". Eso me puso las pilas, tuve la suerte de hacer un podio en el Jarama y eso me dio mucha confianza. Desde ahí fui creciendo».

Al año siguiente las Honda tuvieron muchos problemas, excepto Rossi, que fue subcampeón en su debut. ¿Ahí es donde empieza a fraguarse el paso a Suzuki?

«Exacto. Nos fuimos con Movistar a Suzuki, en un proyecto ambicioso con un equipo que había sido Campeón del Mundo con Kenny Roberts Jr. y nos planteamos la posibilidad de tener un material que nos permitiría luchar por el campeonato. El 2001 fue un año particular. Al final del año fuimos capaces de ganar al que había sido Campeón del Mundo con la misma moto. Si tú con la misma moto eres capaz de terminar delante y de ganar al campeón del año anterior, para mí fue un año satisfactorio. Pudimos ganar la carrera en Cheste y ser el primer español que ganaba allí en la categoría máxima. Fue para mí entrañable, muy bonito.

Después de eso, 2002 fue un año tremendamente difícil, uno de los más complicados. Viniendo de un 2001 que creo que fue uno de mis mejores años como piloto, en 2002 fue tremendamente difícil, con una situación muy complicada dentro de Suzuki. Intenté mantenerme lo más motivado posible, sabiendo que con lo que teníamos había que intentar hacerlo bien, porque si algún día el material mejoraba no quería esperar a tener que ponerme yo las pilas. Intenté hacerlo lo mejor posible y me salió la oportunidad de liderar un nuevo proyecto en un equipo satélite de Honda».

¿Cómo surge esa oportunidad?

«La oportunidad surge de la relación que llegué a tener con Movistar. Les dije que si queríamos luchar por el Mundial, vista la nueva generación de las motos de cuatro tiempos, teníamos que ir a otra marca, por lo que estaba sufriendo Suzuki en ese momento, y nos fuimos a buscar la marca que nos ofrecía las garantías en ese momento y sabía que tenía que crear a mi alrededor un equipo ganador, que no podíamos hacer un año de rodaje. Había que ir ahí y había que ganar de salida, eso ya lo sabía. Yo creo que una parte buena mía, viéndolo ahora desde el tiempo, es que yo asumía esa realidad. Yo asumía la realidad de que dependía de mí si tenía el material y quería ese material. Y salió bien».

Ese primer año con el Honda Gresini empieza marcado por la gran tragedia de la muerte de tu compañero, Daijiro Kato. ¿Fue uno de los mazazos más grandes de toda tu carrera?

«La verdad es que sí. Para todo el Campeonato del Mundo fue una situación difícil de llevar. Yo además vi el accidente y fue un shock importante. Desde ahí nació la Comisión de Seguridad, que se dedicaba a crear un comité que juzgase los circuitos en cuanto a seguridad. Fue un momento muy difícil, en el que incluso nos planteamos retirarnos del Mundial como equipo, porque no sabíamos qué era lo que había que hacer realmente en ese momento. Al final, junto a todo el equipo decidimos seguir adelante y fue una buena decisión. Hicimos lo que teníamos que hacer».

Si antes hablábamos del salto de calidad del '98 y '99, lo de 2003 y 2004 fue increíble. ¿Con qué te quedas de esos dos años y de las carreras y los títulos que peleaste con el gran icono de ese momento, que era Valentino Rossi?

«Me quedo con la parte que te decía, que para mí ha sido todo un honor y que lo he disfrutado muchísimo. Realmente nunca podría haber imaginado que llegaría a disputar un Mundial hasta el final, también desde un equipo satélite, que eso no ha vuelto a pasar. Estoy orgulloso. Me quedo con la felicidad que viví en todos esos años, de haber disfrutado mucho del Mundial. Para mí, el 2005 y casi 2006 fueron incluso años mejores en muchas cosas mías, pero por circunstancias no pudimos acabar de redondear. En 2006 yo seguía teniendo contrato para un año más, para 2007, y la verdad es que probé esa moto en Motegi cuando ya había tomado la decisión de retirarme y realmente habíamos hecho una gran moto. Pero yo ya había tomado la decisión de retirarme, porque no estaba disfrutando del Campeonato del Mundo. Había cambiado mi manera de pensar y lo que me pasaba por la cabeza era que no estaba contento con cómo estaba siendo mi vida, con cómo la estaba liderando yo mismo. Todos pasamos por muchas situaciones distintas en la vida y sólo la experiencia te puede hacer evolucionar. En ese momento yo decidí que teniendo un año más de contrato con Ducati quería ser consecuente conmigo mismo y me acabé retirando, y cerrar toda una etapa que fue súper bonita y que la cerré con orgullo.

En ningún momento tengo que pensar qué no tendría que haberlo hecho; ahora estoy orgulloso de lo que hice en el momento que lo hice y por las circunstancias en las que lo hice. Que diga que ahora haría otra cosa de otra manera es obvio, porque todo evoluciona. Pero estoy contento con todas las decisiones; con las mejores, las medianas y las peores. Sin lugar a duda, podría haber hecho las cosas mejor en todos los aspectos. Eso es una obviedad».

En ese momento tuyo de plenitud deportiva, ¿cómo se lleva tener una rivalidad con Valentino Rossi que acabó de estallar en Qatar 2004?

«Son todo circunstancias. Cada uno es responsable de sus actos, de lo que dice y de lo que hace. Esa gestión Valentino la hacía a su manera y le funcionaba muy bien. Yo lo intenté hacer de la mía, que probablemente lo podría haber hecho de forma diferente. Pero cada uno tiene una educación o nace donde ha nacido y tiene una tendencia, y otros otra. Yo lo gestioné de la mejor manera que supe. Obviamente, para encontrarte en esa situación en la que la gente te juzgue, primero tienes que llegar a ponerte en esa situación: si eres subcampeón del mundo y estás todo el día en el foco de atención porque eres quien está peleando por el Mundial y que te juzguen por qué si o por qué no.... Es natural que se haga y es correcto que se haga, pero tenías que estar ahí, siendo subcampeón del mundo y luchando por las carreras. Creo que en el 2003 o 2004 fuimos los subcampeones del mundo con más puntos de la historia, hicimos campeonatos muy buenos, pero nos faltó acabar de ganar el Mundial desde un equipo satélite, que hubiese sido espectacular. Ser subcampeón desde ahí ya lo era. Pero ahí está la gestión de todo esto y yo en su momento lo intenté hacer de la mejor manera que supe».

¿Cómo evolucionó el trato con Valentino en los años siguientes? ¿Mejoró mucho?

«No... Normal. Cada uno tiene su vida, su situación. Yo soy muy feliz y tengo una vida muy llena después de todo esto. Estoy muy orgulloso de lo que pude llegar a hacer, del cariño de la gente que demostró al volver a una categoría MotoE. Todo el mundo me recibió con mucho cariño. A día de hoy mi vida está en otra situación, la afronto de una manera diferente, con la experiencia de muchos años y de la edad. He podido disfrutar de todas las carreras que he hecho este año y de cómo me ha acogido el paddock».

2005 y 2006, los previos a tu primera retirada, fueron años colmados de infortunios y de lesiones...

«La vida nos pone en situaciones diferentes y creo que somos responsables de todo. A la buena suerte te puedes acercar o te puedes alejar de ella, y yo asumo mi responsabilidad. Cambié mi propia positividad hacia una negatividad que me acercó precisamente a eso, a la negatividad. Asumo totalmente mi responsabilidad, no pongo ningún tipo de excusa. Pasaron muchas cosas muy diferentes durante esos años y las intenté gestionar de la mejor manera que supe en ese momento. Sí que estoy de acuerdo con que esa gestión la tenía que haber hecho de una forma diferente. No fueron situaciones fáciles para mí en ese momento. Lo hice de la mejor manera que supe y sí, podría haberlo gestionado de otra manera, aunque también es cierto que había cosas que podía cambiar y otras que no. Entonces, las que no podía cambiar, fueron las que me hicieron pensar que no quería seguir así».

Recuerdo que haciendo este mismo formato de entrevista con Pol Espargaró, me dijo "Cuando sea más mayor, me gustaría ser como Sete"...

«(Risas) ¡Qué crack!»

Sabemos que en tu casa has organizado carreras, has juntado a muchos pilotos, que has vivido una vida que te ha aportado mucho... ¿Cómo ha sido y es esa 'otra vida' de Sete Gibernau fuera del paddock?

«Soy un afortunado. Al final, he tenido la suerte de haber podido vivir de mi deporte y de mantener muy buena relación con mucha gente. La vida es muy larga y tienes muchas situaciones diferentes por las que has de pasar. Puedo tener aquí a mis amigos siempre alrededor, que es un apoyo fundamental y le agradezco a Pol ese piropo, es una grandísima persona y su hermano también. Son unos apasionados de todo esto y me encanta que vengan todos a casa».

Antes de tu retorno a MotoE, volviste al paddock trabajando junto a Dani Pedrosa. ¿Qué balance haces de ese año y medio con Dani?

«De aprendizaje total. Me sirvió para ver el Mundial desde otra perspectiva. Aprendí muchísimo y todo eso me ha llevado un poco hacia donde estoy hoy. Es lo que te decía antes, cada decisión tiene una consecuencia y la suma de todas ellas son tu vida. Ningún hecho aislado se queda como tal; cualquier hecho, aunque sea aislado, tiene una consecuencia. Entonces, por suerte todo lo que he ido haciendo he tenido la gran fortuna de hacerlo desde la ilusión. Volví ilusionado con una serie de proyectos y ahora lo sigo estando».

 

Con Pedrosa se consiguieron cosas positivas, sobre todo en el primer año que estuviste en su grupo de trabajo. ¿Te devolvió aquello de alguna manera los recuerdos o las emociones de la época como piloto?

«Claro que sí, y vivirlo desde otro lado. Dani estaba en un momento... Bueno, él sabe sus circunstancias. Quiso que le acompañase y yo lo hice con toda la ilusión del mundo, intentando aportar lo máximo que supe en ese momento. Creo que pudimos hacer cosas muy buenas y cuando él ya tenía claro que no quería seguir, no teníamos una relación de manager ni mucho menos, era otro tipo de relación. Estuve ese año y poco con él, aprendiendo de esta nueva situación y creo que fue productivo para ambos».

Decías el día del anuncio de tu retirada de MotoE algo que me gustó mucho, y es que ha sido el año en el que más pudiste saborear ser piloto de motociclismo.

«Sí, porque lo veo desde otra posición. No tengo la presión ni la necesidad de demostrar nada. Lo hago por una ilusión, por un proyecto nuevo, por muchas circunstancias ajenas. Tengo una familia, soy mucho más maduro obviamente en muchas áreas y eso te permite saber que cada momento hay que saborearlo. Hay que vivir el día a día y con la edad lo ves cada vez más claro, que cada día es un regalo y para mí lo es. Imagínate, si además el regalo puede ser haciendo lo que más me ha gustado durante tantos años, que es correr en moto, a una edad en la que jamás había pensado que podría volverlo a hacer».

Además de tu nuevo proyecto de impulsar un Congreso Mundial de Movilidad, ¿tienes previsto seguir ligado al motociclismo de alguna manera?

«Si esto sale adelante, no voy a tener mucho tiempo...».

¿Qué sueños le quedan por cumplir a Sete Gibernau?

«Seguir cerca de mi mujer y de mi hija. Es el mejor sueño de mi vida, tener a mi mujer Cristina y a mi hija Claudia cerca y estoy viviendo ese sueño. Eso es lo que he deseado toda mi vida y ahora poder vivirlo es algo que no cambiaría por nada en el mundo».

[Galería] Entrevista a Sete Gibernau