Ana Carrasco, protagonista de portada de #MBK46: «En ocasiones pensé en dejarlo, pero algo me ha hecho seguir trabajando siempre esperando mi oportunidad»

Escribir de tu puño y letra una página histórica es algo con lo que sueñan todos los deportistas. Ana Carrasco Gabarrón (Cehegín, 10/03/97) lo consiguió el pasado 30 de septiembre de 2018 al convertirse en la primera mujer piloto que lograba un título mundial de velocidad.

Ana, que dio el salto al Mundial de Moto3 hace cinco años, cuando sólo tenía 16, no ha tenido un camino sencillo hasta llegar a donde ha llegado. De hecho, una de las cosas que más importancia dan a su hito es que ha sido capaz de resurgir después de los tres años más difíciles de su carrera deportiva.

Ni ese bache hizo que la murciana se rindiera, esperando esa oportunidad para mostrar su valía, y apostando todo al Mundial de Supersport 300, el certamen en el que se ha reencontrado a sí misma. Primero, logrando un triunfo histórico en Portimao en 2017; al año siguiente, consiguiendo un logro que ha dado la vuelta al mundo.

Entre tanto compromiso con una agenda totalmente -y merecidamente- repleta de actos, Ana atiende a MOTORBIKE MAGAZINE en una entrevista que se realizó entre nuestra redacción y el Circuito del Jarama. Ya es Campeona del Mundo, pero no ha perdido ni una pizca de la naturalidad con la que “Lady GasGas” llegó al Mundial en 2013. Enhorabuena, campeona.


Si quieres leer la entrevista en la versión interactiva, publicada en nuestra revista, accede desde aquí a #MBK46.


¿De dónde te llega la pasión por el mundo de las motos?
«Empecé cuando tenía tres años, porque mi familia siempre ha estado relacionada con el mundo de las motos. Sobre todo mi padre, que es mecánico de profesión y tiene un taller. Además, antes de que yo naciera él ya estaba trabajando en las carreras con otros pilotos. Prácticamente desde que nací tuve la primera moto, así que me viene de toda la vida».

Si no me equivoco, empezaste con una Polini que en principio era para tu hermana.
«Sí, la primera moto fue una Polini, una minimoto. La primera moto se la regalaron a ella, a mí me dio envidia y pedí otra. Hubo un tiempo en el que corríamos las dos, pero ella dijo enseguida que no era lo suyo, así que seguí yo sola».

¿Y cuándo llegó la primera carrera? ¿Qué recuerdo tienes de ella?
«La primera carrera llegó con cuatro años. No la recuerdo, pero lo que me han contado es que estábamos entrenando en el circuito, dijeron de hacer una carrera y según mi padre lloré mucho para que me dejara correr. Mis padres no querían que corriera, pero se ve que insistí demasiado hasta que los convencí. No tengo recuerdos del principio, pero supongo que si seguí fue porque me gustó…».

¿Cuándo decides dedicarte ya de forma profesional a la competición?
«Mucho más tarde. Sí que en los primeros años, hasta los 12 ó 13, lo hacía por afición. Me gustaba hacerlo, cada fin de semana o cuando tenía un rato libre montaba en moto, pero no con el fin de llegar a ser profesional ni de estar en el Mundial. Nunca lo pensé. El cambio llegó cuando me dieron la oportunidad de dar el salto al Campeonato de España -actual FIM CEV- con 14 años, que ahí sí que me empecé a plantear que podría llegar al Mundial algún día.
Ahí ya entras en un entorno más profesional…

El primer año del CEV lo hice en 125cc con el que es el actual equipo Petronas. El cambio es grande, porque todo es mucho más profesional. Entras dentro de la estructura de un equipo, las motos son mucho más potentes y el cambio es importante. Pero sí que es verdad que ahí es donde se empieza a profesionalizar todo y donde te empiezas a formar para ir al Mundial».

Y poco a poco el nombre de Ana Carrasco empieza a acaparar algunos titulares…
«Sí. El segundo año en el CEV fue bueno, aunque también un poco difícil y algo raro, porque era la primera temporada de Moto3. Empezamos a tener buenos resultados y prácticamente a mitad de año ya empezó a sonar mi nombre para el Campeonato del Mundo».

¿Cómo se forja la llegada al Mundial de Moto3 de cara a 2013 y cómo te enteras de ello?
«Sabía que estaban trabajando, pero no sabía cómo iba, nadie me contaba nada. Recuerdo que en la gira asiática siempre me levantaba por la noche y veía todo en la tele sólo para esperar que sonara mi nombre y enterarme de algo nuevo con los típicos rumores. Me ponía la alarma y me levantaba siempre por si decían algo de mí. Así es como me enteré, porque era algo que no llevaba yo directamente. Lo supe antes por la televisión y me fui enterando de tal manera, que cuando me lo confirmaron ya lo sabía. No fue ninguna sorpresa».

«Siempre he tenido muy en cuenta lo que viví en 2013 como compañera de Viñales, y todo lo que aprendí de él y del equipo»

Llegas al Mundial en 2013 junto al Team Calvo -LaGlisse- y te encuentras al lado de Maverick Viñales, que acabó siendo campeón ese año. ¿Qué supone entrar al Mundial con un compañero que era candidato a todo?
«Fue muy bueno. Llegar al Mundial ya es algo increíble, pero además tenía un compañero que iba a pelear por el título. Viví muchas cosas que a lo mejor gente con 10 años en el Mundial no había vivido nunca. Él siempre estaba en el podio, el equipo funcionaba de una forma diferente, el equipo tenía box en cada carrera… Había muchas cosas que no habría tenido nunca si no tienes un compañero así. De hecho, en los siguientes años nunca las tuve. Vivir desde dentro cómo él llegó a ser campeón me ha ayudado mucho a saber cómo hay que hacer las cosas, cómo tiene que funcionar un equipo y la relación con la gente que trabaja contigo. Siempre he tenido muy en cuenta lo que viví en aquel momento, y lo que aprendí de él y del equipo, para saber cómo hacer las cosas y cómo tengo que trabajar».

¿Ese primer año y todo lo que se vivió ha acabado siendo importante para tu futuro?
«Sí, viví grandes cosas. Aparte de mis resultados propios, que fue el mejor año que hice en Moto3, con una moto más o menos buena y con muy buen final de temporada, le vi a él pasar por diferentes etapas durante todo el año. Empezó muy bien, vi cómo después de ganar dos carreras seguidas empezó a no ganar y vivimos también cómo estaba perdido el Mundial. Al final, estaba el hecho de no haber tirado la toalla, que el equipo siguiera trabajando y que él siguiera confiando en que lo podía conseguir. Sí que es verdad que hubo suerte y que se alinearon todos los astros para que llegara a Valencia en las condiciones que llegaron, pero vi cómo sin tirar la toalla consiguió ganar cuando dos semanas antes estaba todo perdido».

Ese año conseguiste tus primeros puntos y todos conocimos el sobrenombre de “Lady GasGas” en Malasia, el día que puntuaste por primera vez. Pero, ¿cómo nace esa historia?
«Nació prácticamente desde el principio, casi desde pretemporada. Esteban, que era el técnico de Maverick, estaba siempre de broma y teníamos muy buena relación. Surgió por un mensaje de móvil. Volvía a casa después del primer test de pretemproada en Valencia y me mandó un mensaje que ponía “Nos vemos LadyGas”. A partir de ahí empezó la broma dentro del equipo. Les dije que lo soltaría en la tele en cuanto puntuase… y así fue».

«En Aragón (2013) dijimos: “Si puntuamos aquí, nos tiramos al lago”. Al final fue en Malasia… Nada más llegar al hotel, nos tiramos vestidos a la piscina»

Y la celebración en Malasia, de la que hay alguna foto, no tuvo desperdicio…
«La celebración fue muy buena. Con Pablo (Nieto) llevaba mucho tiempo hablándolo, porque muchas veces estábamos cerca, pero no terminábamos de conseguirlo. Si no recuerdo mal, empezó en Aragón con el lago que está nada más entrar. Dijimos: “Si puntuamos aquí, nos tiramos al lago”. Pero como al final fue en Malasia, cuando llegamos al hotel nos tiramos todos a la piscina vestidos».

Y ya en Valencia pusiste la guinda a un gran debut…
«Después de puntuar hubo un cambio. Yo ya no tenía tanta presión porque había conseguido el objetivo, y empecé a ir mucho más rápido. Japón fue difícil porque fue el año del tifón y salimos directamente a los entrenamientos cronometrados, en los que además llovía. Fue un fin de semana raro; sí que en carrera tenía buen ritmo, pero salía muy atrás y no se vio el resultado. En Australia fue muy bien, porque fui muy rápida desde que empezamos e hice séptima en parrilla, aunque luego tuvimos algunos problemas en carrera. A Valencia llegué pensando que me iba a comer el mundo, porque lo había hecho bien en circuitos en los que nunca había corrido, así que allí tenía una buena oportunidad. Fue muy bien todo el fin de semana y en carrera llegué a pelear por la sexta posición. Acabé octava, mi mejor resultado en Moto3».

Sin embargo, tras un buen estreno mundialista, en 2014 arrancó un periodo difícil. ¿Cómo lo viviste?
«A finales de 2013, a pesar de los resultados no tenía patrocinador para seguir y al final con alguna ayuda pude continuar un año más. Fue con el RW Racing, con la Kalex-KTM, una moto que no era competitiva y un equipo que tampoco era gran cosa. Fue un año muy difícil para mí, porque venía de hacerlo muy bien y con expectativas de buenos resultados, así que fue como chocarme contra una pared. No conseguí puntuar en toda la temporada y ni siquiera pude correr las últimas cuatro carreras. Fue difícil para mí.

Al año siguiente estuve con RBA, un equipo bastante mejor. La moto no era del todo buena, porque tuve que competir con la de 2014, pero a nivel de equipo estaba mucho más cómoda, la gente trabajaba mucho mejor. Vinieron las lesiones, me rompí la clavícula en pretemporada, no pude correr en Qatar y volví en condiciones regulares. Cuando ya estaba casi recuperada me rompí el hombro en Alemania y estuve dos o tres carreras sin poder correr. Como no tenía equipo para el año siguiente, volví para intentar buscar alguna opción o por lo menos estar. Sí que físicamente estaba a cero, porque los médicos me dijeron que necesitaba seis meses de recuperación y volví al mes y medio. Los resultados tampoco salían; acabé el año corriendo, no fue mal, pero no conseguí los resultados que me hacían falta para seguir».

«A veces pensé que no valía la pena trabajar tanto para luego, por no tener una moto competitiva, acabar 20ª»

Se acabó la etapa en el Mundial y probaste suerte en el FIM CEV de Moto2, donde pasaste por dos estructuras diferentes en 2016. ¿Qué tal resultó el cambio de categoría tras tantos años llevando Moto3?
«El cambio de categoría fue bien. Me empecé a adaptar rápido y estaba cómoda, era una moto que pilotaba bien. Pero estar en equipos que no funcionan con motos que no funcionan… Empecé con la moto de Griful, pero cuando vi que era imposible hacerlo bien, intenté buscar otra alternativa. Corrí con una Suter en las dos últimas carreras y fue bastante mejor, pero aun así fue un año de transición porque no llegué a tener nunca una moto competitiva. Hacía las carreras con el objetivo de coger experiencia, pero no con el fin de tener buenos resultados, porque entonces era imposible».

Después de encadenar tres años así de complicados, con lesiones, sin material competitivo, sin poder conseguir buenos resultados… ¿Se llega a pasar por la cabeza alguna vez la posibilidad de dejarlo?
«Sí, muchas veces. Me pilló en una época en la que era muy joven. Aún lo soy, pero en aquel momento con 17 años las cosas se asimilan peor. Sobre todo en 2014 no llegaba a entender por qué si lo había hecho bien en el año anterior no tenía moto para seguir, por qué nadie me ayudaba para poder competir y demostrar que lo podía hacer bien. Ese año fue duro para mí a nivel mental, porque no comprendía la situación. Luego al año siguiente el tema de las lesiones es algo que viene y que a todos nos toca alguna vez. Fue difícil, y sí que varias veces pensaba que no valía la pena intentar estar ahí tanto tiempo y trabajar tanto para luego llegar a las carreras y que, por no tener una buena moto, quedar la 20ª. En ocasiones lo pensé, pero algo me ha hecho seguir trabajando siempre. También pensaba que si estaba teniendo mala suerte, en algún momento se tenía que dar la vuelta. Nada es para toda la vida. Seguí trabajando esperando tener una oportunidad».

«Supersport 300 me ha servido para tener los medios que me hacían falta, sentirme competitiva e ir a las carreras con ilusión»

Nació Supersport 300 en 2017, una categoría con rango de Campeonato del Mundo, igualada, económica, interesante… ¿En qué momento decides que es ese el paso que tienes que dar?
«Cuando salió la categoría me empezaron a llamar muchos equipos. Era una piloto con experiencia en Moto3 y a mucha gente le interesaba que fuera a correr con ellos allí. El cambio llegó porque en la balanza estaba o correr en el FIM CEV de Moto2 con una moto normal, o en Supersport 300 con una moto que tuviera opción de conseguir buenos resultados. Para disponer de una buena moto en Moto2 hace falta mucho dinero, mientras que en SSP300 corría prácticamente gratis y me aseguraban una moto competitiva. A final de 2016 decidí que no quería correr como lo había hecho ese año y decidí dar el cambio buscando la alternativa. Después de los años tan difíciles que había tenido entre malos resultados y lesiones, buscaba reencontrarme conmigo misma, volver a ir rápido otra vez y sentirme bien en las carreras. Después de tantos años y tantos problemas, estaba un poco fuera de juego. Pensé que era la mejor opción por el simple hecho de ser competitiva y volver a estar delante en las carreras».

Entonces, ¿podríamos decir que gracias al Mundial de Supersport 300 has podido reencontrarte como piloto?
«Sí, me ha servido sobre todo para tener los medios que me hacía falta, sentirme competitiva otra vez e ir a las carreras con la ilusión de poder hacerlo bien, de tener buenos resultados. La ilusión ayuda mucho a que el trabajo sea más fácil».

Y quizá el inicio en SSP300 fue más difícil de lo esperado, pero acabaste llegando con esa victoria en Portimao. ¿Cuánto ha servido ese triunfo?
«Llegué pensando que podría pelear por el campeonato, pero sí que es verdad que el primer año Yamaha estaba muy por encima de Kawasaki. Había algunos circuitos en los que íbamos mejor y en otros peor, dependiendo de las características de la pista, pero nunca llegábamos a estar delante del todo. En Portugal llegué y fui rápida desde el inicio, encontré el sitio y pude ganar, algo que era súper importante para mí. De cara a este año me abrió muchísimas puertas para tener un buen equipo y una buena moto».

«Demostrar que la mujer puede estar al mismo nivel que el hombre en este deporte es algo positivo y que llevaba mucho tiempo buscando»

¿El título era ya un objetivo desde el inicio de 2018 o pasó a serlo después de ganar en Imola y Donington?
«Empecé pensando que podríamos luchar por el título. Sabíamos que iba a ser difícil porque era un equipo nuevo y una moto nueva. Dentro del equipo de David (Salom), que ya tenía la estructura de antes, había mucha gente nueva también, y era una aventura en la que no sabíamos cómo iba a cuajar todo. Pero sí que llegué con las expectativas de luchar por el campeonato. El primer test de pretemporada fue difícil, pero el último test fue muy bien. Llegamos a Aragón a un buen nivel y empezamos de forma positiva. Cuando conseguí las dos victorias consecutivas ya sí que me lo creí del todo».

Después de esas dos carreras pasas a ser líder y clara referente de la categoría. Evidentemente, la presión crece. ¿Cómo crees que la has gestionado?
«Sinceramente, bien. Durante el año, ser líder o no depende de los resultados. Va variando mucho y más en esta categoría. Me sentía muy bien, muy fuerte y sentía que estaba un paso por delante del resto. Ganar en el mismo segundo es una cosa y ganar de la manera en la que lo hice en las dos carreras, a nivel de motivación es otra. Está claro que tenía un paso más y mucho más ritmo que el resto, y después de Donington veía que si seguía al mismo nivel podría ganar incluso antes de acabar el año. Luego llegó el tema de reglamento, hicieron el cambio y ya se complicó todo».

Sobre ese cambio de reglamento -n.d.R su moto pesaba 14 kg más al establecerse un peso mínimo- y su influencia. ¿Cómo se interioriza pasar de ganar de esa manera a no poder volver al podio?
«Nos ha afectado un poco a todos, a mí y al equipo. De llegar a hacer poles, ganar y hacer vueltas rápidas, a ese cambio… Llegamos a Brno y las cosas ya no funcionaban igual. Fue un poco difícil; yo soy muy exigente y exigía mucho al equipo, y el equipo al final tenía que improvisar muchas cosas. El jueves te decían cómo era el nuevo reglamento y de cara el viernes había que cambiar media moto. Yo presionaba mucho, pero ellos no podían trabajar más rápido. Fue un poco difícil de gestionar, los resultados no acababan de salir y ninguno estábamos contentos por la situación».

Nos centramos en el sábado de Magny Cours. Clasificas 25ª y tu principal rival por el título en ese momento, Scott Deroue, sale en la pole. ¿Cómo se consigue mantener la mente en blanco y la calma en ese momento?
«Tuve momentos de todo tipo, pero tener a David (Salom) y a Jordi (Caparrós) al lado me vino bien. Son gente con experiencia y me ayudaron un poco a ver las cosas de una manera más fría. Sí que es cierto que tengo un temperamento un poco difícil cuando hay situaciones así, presiono mucho a la gente para que todo el mundo trabaje, y sí que tuve momentos de presionar demasiado al equipo. La carrera la afronté del modo que mi única opción era llegar al grupo y sumar los máximos puntos posibles, no tenía otra. Me limité a buscar el mejor resultado posible con los medios y las circunstancias que había, y sumar porque era la única opción».

No conociste que eras campeona hasta que te paraste al final de la recta de atrás y te lo confirmaron. ¿Cuál es la primera sensación que se te vino a la cabeza?
«Me lo han preguntado muchas veces, pero la verdad es que no recuerdo bien qué pensé. Cuando supe que había ganado tenía muchas ganas de llegar al parque cerrado, porque estaba mi familia y mi equipo. Al final celebrarlo con ellos era lo que más me apetecía en ese momento. Ganarlo fue una descarga, había luchado mucho y quería ganar sí o sí. He trabajado todo el año para conseguirlo. Hemos tenido mala suerte, pero también buena al final».

¿Cómo destacarías el apoyo de Kawasaki? ¿Ha habido implicación por parte de fábrica? En ocasiones te hemos podido ver incluso recibir consejos de alguien como Jonathan Rea.
«Hay diferentes equipos que tienen un apoyo semi-oficial, por así decirlo. Pero no hemos sido los únicos, ya que por ejemplo el equipo de Deroue tenía exactamente lo mismo que nosotros. El apoyo es un poco relativo porque todas las motos son iguales, no por ser más o menos oficial tienes material diferente. Sí que ha ido bien, porque está claro que ayuda que una fábrica respalde al equipo, pero a nivel de competición no había nada más a favor. También, como dices, Rea me daba algún consejo. Está claro que estar rodeado de gente que ayuda o suma, es bueno, aunque sea un consejo, en una comida, en una cena… Son cosas que van sumando. Estar dentro de una fábrica ayuda a ganar».

¿Cómo crees que influirá este título que has conseguido en el futuro del motociclismo femenino?
«Yo creo que será positivo. Poder demostrar que la mujer puede estar al mismo nivel que el hombre en este deporte, es algo que llevaba mucho tiempo buscando. Espero que a partir de ahora que los equipos o fábricas confíen en que una mujer pueda ganar y le den los medios. El problema que yo he tenido siempre ha sido encontrar gente que confiara en que lo podía hacer. Con esto, para otras será más fácil el poder encontrar gente que crea en ellas y les den los medios para llegar».

Desde tu perspectiva, ¿cómo crees que está siendo la evolución en cuanto a la participación de mujeres? Parece que está creciendo mucho la presencia en diferentes entornos, desde rodadas hasta campeonatos.
«Creo que cada año se va notando. A nivel deportivo, desde el punto de vista de llegar a ser profesional, está un poco más limitado, pero a nivel de mujeres que lo empiezan a practicar y están en campeonatos, ya es un paso. Hay que intentar fomentar un poco desde la base y dar los medios a algunas, que haya un poco más de apoyos y buscar que cuando nosotras no estemos, que siga habiendo mujeres en el Mundial».

«Mi sueño era ser Campeona del Mundo y ahora el sueño es volver a conseguirlo»

Una vez, hablando con Marc Márquez cuando ya era campeón de todo, le planteamos si había algún sueño por cumplir. Nos dijo: “El sueño más grande que tenía ya lo he cumplido, ahora quiero seguir ganando”. ¿Qué nos respondería Ana Carrasco?
«Te podría responder lo mismo. Mi sueño era ser Campeona del Mundo y el sueño ahora es repetirlo, y seguir siendo competitiva, seguir ganando carreras… Al final es lo que me mueve para seguir trabajando».

¿Y escalar a alguna categoría superior?
«Sí, pero aún no sé cuándo. Estamos un poco esperando a ver cuál será el proyecto el año que viene. El objetivo es, si me quedo en Supersport 300, defender el título. Si cambio de categoría, adaptarme lo más rápido posible y buscar el volver a ganar. Al final, creo que hay que ir paso a paso, trabajar y ser competitivo donde estés».

A día de hoy, ¿el planteamiento pasa por hacer carrera en el Mundial de Superbike?
«Ahora mismo sí, más que nada porque soy feliz en este campeonato. Tengo un grupo de gente a mi alrededor que cree en mí y que me está dando los medios para poder ganar. De momento mi cabeza está casi al 100% en Superbike. Está claro que MotoGP siempre estará ahí y nunca se sabe. Pero de momento mi objetivo sería llegar al Mundial de Superbike».