Entrevista con Aleix Espargaró, piloto del Aprilia Gresini Racing Team en MotoGP

En el amplio hospitality que Aprilia ostenta en las carreras europeas nos espera Aleix Espargaró (Granollers, 30/07/1989). Cercano a los 30, en un momento de plena madurez deportiva y personal -desde hace casi un año es padre de dos gemelos, Max y Mía, que ya empiezan a rondar por el paddock-, el mayor de la saga de los Espargaró afronta su quinta temporada como piloto de fábrica en MotoGP. Pasó dos años en Suzuki, donde asegura que le quedó una espina clavada, y ahora vive el tercero en Aprilia.

Sin embargo, llegar hasta ahí le costó dar muchas más vueltas de lo previsto. No lo hizo a base de palmarés, pero sí de ganarse su asiento año tras año a base de exprimir las oportunidades que se le fueron abriendo, ya fuera con una sustitución, con una CRT o con una moto Open. Así hasta consolidarse en la categoría reina, donde ya ha cumplido la cifra de 150 Grandes Premios.

Aleix vive un momento muy dulce en lo personal –«Más que ser Campeón del Mundo, mi sueño siempre ha sido ser padre», nos asegura-, mientras que en lo profesional considera que está a su mejor nivel, aunque a día de hoy la Aprilia está muy lejos de luchar por posiciones de honor. Todo ello lo conjuga con su otra gran pasión, el ciclismo, donde algunas voces muy autorizadas creen que tendría potencial para intentar formar parte del pelotón internacional. Sobre eso, sobre su trayectoria, su presente y su futuro hablamos con el piloto de Granollers.


MBK: En MOTORBIKE MAGAZINE acostumbramos a hacer entrevistas de largo recorrido y nos gusta arrancar por el inicio de todo. ¿Cómo empezó la pasión por el motociclismo de Aleix Espargaró?

Aleix Espargaró: «A mi padre siempre le han encantado las motos, pero nunca había corrido. Ha tenido un taller mecánico durante toda su vida y le gustaban mucho, pero era más que nada un hobby. Él dice que desde que nací y me empecé a subir a las motos me encantaba. Con un año y medio me subía a todas las motos que veía por la calle y a los tres años me regaló la primera. Al principio empieza como a quien le regalan unas botas de fútbol y juega los domingos. He tenido mucha suerte en que mis padres nunca me han metido presión y que siempre fue una afición, hasta que empezó a ser un trabajo».

«Mi trayectoria en el Mundial ha sido un caos total»

¿Cuándo llega el momento en el que enfocas el motociclismo como un trabajo? Hicimos una entrevista a tu hermano Pol hace unos años y nos confesó que en sus inicios dudaba entre ser portero de fútbol y las motos…

«A mi hermano le costó decidir, de hecho. A mí me costó menos. Jugué al fútbol en el mismo equipo que Pol, pero él era buen portero y yo era malísimo de jugador. Recuerdo que yo hice el año decisivo con las motos cuando fiché por el equipo Monlau con 13 o 14 años. Gané el Campeonato de Cataluña y cuando debuté en el Campeonato de España ya vi que ahí había una cosa llamada telemetría, que tenías que sentarte delante del ordenador por las tardes, tener un horario… Y ahí empezó a cambiar mi vida. Gané el Campeonato de España con 15 años, aún era un niño, pero ahí deja de ser un juego y empieza a ser un trabajo».

Campeón de Cataluña, Campeón de España de 125cc en 2004, llegas al Mundial al año siguiente… Tu carrera deportiva empezó muy ordenada, pero una vez en el Campeonato del Mundo…

«Ha sido súper desordenada. De hecho, ha sido un caos total. Llegué al Mundial e hice un año en 125cc. El primer año con el equipo de Seedorf y con Bautista como compañero fue un año más que bueno; digno, normal. Yo era muy alto, y al año siguiente recalé en un no muy buen equipo en ese momento, a mitad de temporada pasé a 250cc, más tarde debuté en MotoGP al cabo de cuatro años de haber debutado en el Mundial de 125cc… Me faltó continuidad. Siempre he dicho que la continuidad es lo que más paga en este campeonato, porque el nivel es alto y la presión es muy alta. El hecho de sentirte bien en un sitio, para lo que a veces hace falta más de una temporada, yo no lo he tenido hasta que llegué a MotoGP y realmente se ha notado».

«Hay muchísimos pilotos con muchísima calidad que han sido Campeones del Mundo de 125cc y que ahora están en casa. Yo nunca gané, pero llevo 150 Grandes Premios en MotoGP y cinco temporadas en equipos de fábrica»

¿Cambiarías alguna decisión de las que tomaste en el pasado?

«Sí, seguro. Fue un error muy grande precipitarme a pasar de 125cc a 250cc con 16 años recién cumplidos. Pero también te digo que al final es algo que te forma como persona y te forma como piloto. Hay muchísimos pilotos con muchísima calidad que han sido Campeones del Mundo de 125cc y que ahora mismo están en casa sin correr en moto, o en Supersport, y nunca han acabado de rematar. Yo nunca gané, pero llevo 150 Grandes Premios en MotoGP y cinco temporadas en fábricas de MotoGP. Por un lado, obviamente que me gustaría tener mucho más palmarés, pero por otro lado creo que me formó como piloto y me ha servido para estar en MotoGP».

Ahora ya eres un piloto plenamente asentado en MotoGP, pero hace justo 10 años viviste quizá el año de más incertidumbre de tu carrera. Estabas en el Campeonato de España con una Moto2 en fase experimental y hay una carrera que cambia tu trayectoria: Assen 2009, sustituyendo a Nemeth, en la que quedas cuarto. ¿Cómo recuerdas ese día y ese año?

«Te diría que fue el invierno más difícil de mi vida. Lo pasé realmente mal, hundido. Soy una persona positiva, pero ese invierno fue realmente complicado. Mi hermano fue el que más me animó para ir con él a las carreras a que fuese a pista y a que le ayudase. Fui con él y empezó a ganar carreras, y luego arrancó el Campeonato de España y empecé a motivarme. Cuando me llamó Aspar para ir a Assen (2009), nunca me había subido en esa moto ni había estado en ese equipo, e hice cuarto. A partir de ahí empezó a volver Aleix Espargaró. En la siguiente hice sexto en Alemania y ese mismo año tuve la oportunidad de debutar en MotoGP. Siempre digo que gracias a Aspar estoy donde estoy».

A partir de entonces aprovechas cada oportunidad al 100%: los dos años con la CRT de Aspar (mejor piloto CRT) y también el año de la Yamaha Open con Forward (mejor piloto Open y un podio). Al final ese desorden es lo que te ha obligado a exprimir cada oportunidad, ¿no?

«Es lo que te decía; al final, lo que pierdes por un lado, lo ganas por otro. Al verte en casa, luego aprovechas a tope las oportunidades que vas teniendo. Valoras muchísimo más todo y te forma como persona. Me acuerdo que en un mismo año (2009) piloté la Aprilia de 250cc, una Superbike de Honda con la que hice un test, probé la Ducati de MotoGP, competí con una Moto2 en el CEV…. Todo eso, o te pones las pilas y eres positivo, o acaba contigo. En mi caso, me puse las pilas y cada vez que me subía a una moto, la que fuera, lo hacía con muchísima hambre y estaba delante en todos los campeonatos. A partir de ahí, aproveché cada oportunidad hasta poder llegar a estar en una fábrica en MotoGP».

¿La dureza de aquellos años es lo que ha formado al Aleix Espargaró actual?

«Yo creo que sí. Me curtió muchísimo trabajar en un equipo tan grande como Aspar, en un proyecto tan nuevo como la CRT. Lo cogí con muchísima ilusión. No era piloto de fábrica, ni mucho menos, pero sí que tenía trato directo con Aprilia. Era un proyecto muy nuevo y con alguien tan apasionado de las carreras como Aspar, se me encendió otra vez la llama gracias a él. Fue un trampolín».

«Tengo una espina clavada con la Suzuki en 2016, porque la moto evolucionó mucho y no lo supe aprovechar»

Fuiste piloto de Suzuki durante las dos primeras temporadas del nuevo proyecto, 2015 y 2016. ¿Qué opinión tienes sobre esos años y, sobre todo, sobre el nivel que han alcanzado en la actualidad?

«Guardo un recuerdo espectacular. Sin duda, el mejor equipo en el que he estado en toda mi vida. Súper profesional y súper cualificado, tanto los mecánicos como los ingenieros. Un equipo muy competitivo y, a la vez, una familia impresionante. Lo que ha conseguido Davide Brivio es digno de aplaudir. El primer año fue difícil, la moto no estaba al nivel, y aun así sacamos buenos resultados. El segundo año la moto era mucho más competitiva, pero yo no me adapté a los Michelin. La verdad es que sufrí muchísimo con el neumático delantero en la primera mitad de año y hasta el verano no empecé a ser competitivo, pero fue tarde. Tengo ahí una espina clavada, porque la Suzuki evolucionó mucho y yo no lo supe aprovechar y adaptarme bien a los Michelin. Pero así es la vida. Guardo esa etapa en Suzuki con más cariño que otra cosa».

Y ahora afrontas tu tercera temporada en Aprilia. ¿En qué punto está a día de hoy la RS-GP?

«Yo creo que el 2017 fue un año positivo. No esperaba ser tan competitivo de inicio como fui con la Aprilia e hice varios top 8. Pero el 2018 fue un paso atrás muy grande. Técnicamente con la RS-GP hicimos un paso atrás y no levantamos cabeza. Con la moto nueva de este año, la verdad es que me vuelvo a encontrar mejor, más competitivo. Es una moto más normal, vamos a llamarlo de esta manera. Sigue faltando muchísimo para estar delante, pero es una buena base. Con la llegada de Rivola (n.d.r Nuevo CEO de Aprilia Racing, procedente de Ferrari y la F1) estamos cambiando y supliendo muchísimas carencias que tenía el equipo. Está siendo un equipo mucho más profesional, mucho más ordenado y esto para un piloto es muy importante».

¿Y en qué punto se encuentra Aleix Espargaró?

«Lo decía el otro día. Es difícil decirlo sin que te tilden de poco humilde, pero a mí me da la sensación de que estoy conduciendo mejor que nunca en mi carrera deportiva, de que estoy haciendo las cosas mejor que nunca. Al acercarme a los 30 años, tengo un punto de pausa que no tenía. Tengo muchísima más experiencia y, después de un 2018 en el que pasé un año muy complicado, creo que me hice más fuerte. Es difícil llevar la RS-GP más adelante de lo que la estoy llevando. He tenido muchos compañeros con un palmarés espectacular todos, y no me han ganado nunca ninguna carrera estando los dos en pista. Creo que es difícil ser más competitivo con la RS-GP de lo que lo estoy siendo. Voy a intentar por todas seguir mejorando, pero obviamente que la moto tiene que mejorar mucho».

«Sé cuánto quiere y valora Aprilia a Iannone. Para mí es muy importante ser más competitivo que él»

¿La llegada de Iannone al equipo ha sido otro estímulo en ese paso adelante?

«Sí, sin duda. Después de lo complicado que fue el año pasado, una de las cosas que más ilusión me hacía era la llegada de Andrea (Iannone). Sé el talento y lo rápido que es Andrea, y aparte sé cuánto le quiere y le valora Aprilia. Para mí es muy importante ser más competitivo que él, porque significa que realmente es el límite de la moto. En Austin fue un ejemplo muy claro; un circuito en el que Iannone puso a la Ducati y a la Suzuki en el podio y en carrera fue muy lento, estando muy lejos de los de delante. Es un claro ejemplo de que la moto tiene que mejorar mucho».

Ya decías el año pasado, cuando llegó a sonar incluso el nombre de Pedrosa, que comentaste a Albesiano: «Por favor, no le dejes escapar, vended medio Piaggio y fichadle»…

«Es que es muy importante tener un compañero de equipo competitivo. Primero para el equipo, porque con dos pilotos rápidos en la misma dirección suman muchísimo más que uno; y también para el piloto, porque tener a un tío rápido al lado hace que te tengas que espabilar, que quieras ganarle. No hay cuatro Aprilia en parrilla como sí hay cuatro Yamaha, o cuatro Honda, o seis Ducati. Hay dos, así que si tú en cada entrenamiento y en cada carrera eres más rápido que la otra Aprilia, es que es el límite de la moto. Y más si te han cambiado a ocho compañeros de equipo. Así que a mí la llegada de Iannone es algo que me ha motivado mucho».

«Más que ser Campeón del Mundo, mi sueño siempre ha sido ser padre»

Dicen que cuando uno es padre, pierde unas décimas, pero no está siendo tu caso… ¿Cómo estás viviendo esta nueva etapa de tu vida?

«Al final, esa frase es más una broma que otra cosa. Depende de cómo lo gestiones. Yo tengo la suerte de que llevo 12 años con mi mujer y siempre me ha dado muchísima estabilidad. Más que ser Campeón del Mundo, mi sueño siempre ha sido ser padre. Yo hubiera sido padre con 20 años y menos mal que mi mujer me calmaba. Ahora con la llegada de Max y de Mía sigo haciendo todo igual. Quizá duermo un poco menos, pero sigo entrenando las mismas horas y lo único que ha cambiado en mi vida es que ahora soy más feliz y que relativizo más los malos resultados de mi trabajo. Antes me fustigaba mucho y lo pasaba mal la semana de después, no estaba contento. Ahora desconecto mucho más. Cuando llego a casa tengo motivos para estar feliz, y creo que una persona feliz es mucho mejor».

No podemos pasar de largo tu devoción por la bicicleta. ¿Cuándo surgió aquella pasión por el ciclismo?

«Todos los pilotos hemos usado siempre la bici, pero la usaba poco, entrenaba mucho más el running. Pero en el último año de Pons me hice muchísimo daño en la espalda en Alemania, me caí muy fuerte, me chafé una vértebra y un disco vertebral y no podía hacer deportes de impacto. A partir de ahí empecé a ir en bici y poco a poco es como una droga. No es como una forma de entrenar, es una forma de vivir. Cada día voy en bici, es una pasión brutal y este va a ser el cuarto año en el que ya me lo estoy tomando muy en serio. La verdad es que me llena mucho».

«Mis amigos ciclistas (profesionales) me dicen que podría aguantar perfectamente las etapas en el pelotón y que podría intentarlo»

¿Te ves al nivel de acabar en el pelotón internacional?

«Muy difícil. Si me lo hubieras preguntado el año pasado, te hubiera dicho que no, pero sigo mejorando. La verdad es que me gusta mucho entrenar con números, la nutrición… Todo. Soy muy profesional y veo que me voy acercando, que por ahora no paro de mejorar. Este ha sido el primer año en el que, entrenando con mis amigos ciclistas del pelotón en invierno, me decían que podría aguantar perfectamente las etapas en el pelotón y que podría intentarlo. Pero mi trabajo son las motos y el viajar tanto te mata, te corta muchísimo la progresión estar una semana sin tocar la bici. Si tuviera más tiempo, quién sabe hasta dónde podría llegar».

Hace unos años tuviste ofertas interesantes para ir al Mundial de Superbike. Este año, Álvaro Bautista está demostrando allí que hay vida más allá de MotoGP. ¿Puede convertirse Álvaro en un acicate para el resto?

«Obviamente. Superbike es un campeonato divertido, y más ahora que hay varias fábricas. Creo que Álvaro se está divirtiendo mucho más que antes y creo que eso es lo más importante. A nivel de repercusión, es obvio que tiene mucha menos que MotoGP y eso es algo a tener en cuenta, al menos ahora. Pero creo que gracias a la llegada de Álvaro esto está cambiando un poco. Yo en su momento lo llegué a valorar, pero ahora con la edad que tengo, con lo que me queda de contrato aquí y si renuevo con Aprilia, creo que SBK queda un poco descartado, pero realmente lo valoré muchísimo en su día».