Hace no muchos años, correr en Japón se había convertido en una auténtica encerrona para los pilotos del resto del mundo. El circuito de Suzuka era un coto privado para los nipones, que cosechaban una gran cantidad de victorias y podios en 125cc y 250cc cuando el campeonato pasaba por su país. En la categoría reina, Norick Abe también consiguió ser profeta en su tierra en dos ocasiones. Los pilotos japoneses, tanto participantes en el campeonato completo como wild cards hacían valer a la perfección la condición de correr en casa.


Era un 24 de abril de 1994 en el circuito de Suzuka. Japón ansiaba con volver a ganar en la categoría reina. Aquel día, un joven con la melena al viento y un pilotaje descarado quiso ser profeta en su tierra. Era la primera carrera de Norifumi Abe en el Mundial -corría como invitado- y cerca estuvo de poder celebrarla desde lo más alto del podio; puso en jaque durante toda la carrera a pilotos como Schwantz –vigente campeón– y Doohan –quien se coronaría en aquel 1994–, pero una caída en las últimas vueltas cuando lideraba la carrera cortó de raíz aquel sueño.

Aquella carrera sirvió de inspiración para un italiano que años después se convertiría en leyenda: Valentino Rossi, quien la visualizaba todos los días antes de ir al colegio pero nunca la veía al completo, ya que se marchaba a las clases cuando Abe se iba al suelo. Dos años después, cuando debutó en el Mundial, Valentino lo hizo bajo el apodo de “Rossifumi” como guiño a su ídolo Norick.

Pero el GP de Japón de 1994 no fue sólo una fuente de inspiración para Rossi, sino también para el resto de pilotos japoneses. Dos años después de aquel abandono, cuando ya era piloto permanente en la parrilla de la máxima categoría, Abe se resarció ganando en Suzuka y logrando la tercera victoria para Japón en 500cc. Viajar al revirado Suzuka suponía, en la mayoría de los casos, claudicar ante los pilotos nipones. El circuito de casa era su coto privado y lo común era ver la bandera del círculo rojo ondeando en lo más alto del podio de 125cc, 250cc y, en ocasiones, también en la categoría reina.

Norick Abe - El factor Japón - Motorbike Magazine

© Yamaha

«Viajar al revirado Suzuka suponía, en la mayoría de los casos, claudicar ante los pilotos nipones. El circuito de casa era su coto privado»

Pero no sólo victorias, sino también dobletes y tripletes japoneses eran usuales en el Gran Premio de su país. Muchos de esos podios eran conseguidos por wild cards que delante de su público eran capaces de dejar en entredicho a las estrellas del campeonato. Correr en Japón era sinónimo de júbilo nacional; el motociclismo nipón vivía una época brillante, que resaltaba sobre todo cuando las carreras se disputaban en el país del sol naciente.

Kato, Abe, Harada, Ueda, Aoki, Azuma, Ui, Miyazaki, Kobayashi, Sakata, Okada, Tsujimura, Tokudome… una larga lista de apellidos japoneses, ¿verdad? Pues todos consiguieron ganar en Suzuka en el lapso de tiempo que transcurre entre 1993 y 2002. Algunos de ellos también vencieron en Motegi, donde cabe añadir a la lista los nombres de Shinya Nakano, Hiroshi Aoyama y Makoto Tamada. Pero sin duda alguna, hubo un nombre escrito con letras de oro en la memoria del motociclismo japonés: Daijiro Kato.

 

Daijiro Kato: de tres wild cards en Suzuka a Campeón del Mundo

Durante tres años consecutivos, el circuito de Suzuka estuvo plenamente ligado a la trayectoria de Daijiro Kato. Desde 1996 a 1998, las únicas participaciones del piloto de Saitama en el Mundial de 250cc fueron como wild card en el trazado nipón. Allí plasmó la esencia de lo que significaba correr en casa; en 1996 subió al podio en la que era su primera carrera en el Campeonato del Mundo, y en 1997 y 1998 fue más allá. Venció en Suzuka en ambas temporadas y dejó un sello imborrable que le abrió de par en par las puertas del Mundial para disputar en el año 2000 su primera temporada completa en 250cc.

El caso de Daijiro se parecía al de Abe; ambos debutaron como pilotos invitados en su país y no tardaron en demostrar que estaban plenamente capacitados para abanderar al motociclismo nacional. Kato ganó en 2001, de forma apabullante, el título de 250cc. Aquel año, para continuar la dinámica, también arrasó en Suzuka, el circuito que le dio a conocer pero que, desgraciadamente, le quitó la vida en 2003. Allí empezó y allí acabó la leyenda de un piloto que, en apenas cinco años, pasó de ser wild card en Japón a Campeón del Mundo.

Daijiro Kato - El factor Japón - Motorbike Magazine

© Honda

 

Akira Ryo: la primera sorpresa de MotoGP

Akira Ryo - El factor Japón - Motorbike Magazine

© Suzuki

El último gran wild card japonés dejó su sello en una fecha histórica para el campeonato: el 6 de abril de 2002, día en el que se disputó la primera carrera de MotoGP. Valentino Rossi se impuso bajo el diluvio en Suzuka, pero fue secundado en el podio por el japonés Akira Ryo, que disputaba esa carrera como piloto invitado por Suzuki. Estuvo a punto de arrebatar al italiano el honor de ser el primer piloto ganador de MotoGP, pero finalmente no pudo con él. Aun así, volvió a demostrar que los pilotos japoneses se transformaban cuando corrían en su país. No obstante, el caso de Ryo marcó el final de las grandes actuaciones de los pilotos invitados. A partir de entonces, se acabó una dinámica que había durado más de una década.

El motociclismo japonés se encuentra actualmente sumido en una importante crisis, en parte debida a la pérdida de grandes joyas como Daijiro Kato o Shoya Tomizawa. Hiroshi Aoyama, con su título de 250cc en 2009 fue el bálsamo a una herida que está cada vez más abierta. En los últimos seis años sólo han conseguido una victoria y actualmente, con sólo tres representantes en el Mundial de Motociclismo –Nakagami en Moto2, Suzuki y Ono en Moto3–, los buenos resultados brillan por su ausencia -con la excepción de Nakagami-. El campeonato necesita el resurgir de uno de los países con mejor palmarés, y es por ello que se buscan soluciones en nuevas copas de promoción como la Asia Talent Cup -con Aoyama como uno de sus supervisores-, además de la llegada de pilotos nipones al FIM CEV para empezar a acumular experiencia en el mejor trampolín de cara al Mundial. Atrás han quedado esos tiempos en los que dominaban ante su afición, en los que para vencer en Suzuka o Motegi había que hacer frente a un eficaz ejército de samuráis de las dos ruedas. Cuando hacían gala del factor Japón.