El inicio del Mundial de MotoGP 2015 ha desvelado una realidad: Ducati está de vuelta. La historia de la fábrica de Borgo Panigale en MotoGP cuenta con tres etapas bien diferenciadas: un desembarco de garantías llevado a la cima por Stoner, el declive de la etapa junto a Rossi y el visible renacer gracias a la llegada de Gigi Dall’Igna. El ingeniero italiano ha construido las líneas maestras de un proyecto encaminado a volver a llevar a Ducati a las primeras posiciones en la categoría reina y, por qué no, a luchar nuevamente de tú a tú con las dos gigantes japonesas.

Locución: Claudia García
Texto: Álex López-Rey
Fotos: Ducati

 

Comienzo prometedor

Ducati: Revolución Dall'Igna - Motorbike Magazine

Con una gran experiencia a sus espaldas, Capirossi se embarcó en la aventura de Ducati con muy buenos resultados desde el comienzo.

El dominio histórico en el Mundial de Superbike empujó a Ducati a probar suerte en MotoGP en el segundo año de la categoría. La llegada de la Desmosedici marcó un antes y un después; Filippo Preziosi fue el padre de una criatura con motor V4 a 90º y sistema de distribución desmodrómico que ya en su primera carrera alcanzó el podio de la mano de Loris Capirossi. Precisamente, el piloto italiano llevó en la sexta carrera –Montmeló– el primer triunfo en MotoGP a las vitrinas de Ducati. La GP3 destacaba por ser un misil y el primer año de la marca de Borgo Panigale se cerró con una victoria, un total de nueve podios -seis para Capirossi y tres para Bayliss- y el segundo puesto en constructores sólo por detrás de Honda. Había llegado un serio competidor a las dos gigantes japonesas.

No obstante, las Desmosedici de 2004 y 2005 no trajeron los resultados esperados. Ducati seguía sumando podios pero sus resultados globales no estuvieron a la altura de los de 2003. Aun así Capirossi venció dos carreras en 2005, y entre él y Checa dotaron a la marca de un total de seis podios esa temporada. Preziosi afinó el desarrollo de la Desmosedici de cara a 2006, y la GP6 rozó la cima en un año atípico en MotoGP; Capirossi acabó tercero el campeonato, logrando tres victorias y una suma de ocho podios, y Bayliss puso la guinda ganando en Valencia en una carrera en la que sustituía por lesión a Gibernau. Ducati había vuelto a dar muestras de su potencial, pero lo mejor aún estaba por llegar…

Stoner, la punta del iceberg

En 2007 llegó la era de las 800cc a MotoGP y Ducati puso pies en polvorosa desde la primera carrera. El trabajo en la GP7 fue impoluto y les hizo arrancar el año muy por delante del resto; la Desmosedici, Bridgestone y, sobre todo, las manos de Casey Stoner, componían un conjunto que se demostró imbatible. Stoner se llevó el título con 10 victorias y su compañero Loris Capirossi, sin estar a la altura, sumó otros cuatro podios y un triunfo. La joya de Filippo Preziosi lucía más que nunca.

Casey Stoner no fue el único piloto capaz de ganar carreras con la Ducati, pero sí en hacerla campeona. Nadie entendió la moto italiana como el piloto de Southport, que siguió haciendo sombra a sus compañeros –Capirossi, Melandri y Hayden– y ganando carreras; después de cuatro temporadas con la marca de Borgo Panigale acumuló un título, 21 poles, 23 triunfos y 42 podios. Dejó Ducati en 2010 para poner rumbo a Honda y la fábrica italiana buscó a un sustituto de plenas garantías como Valentino Rossi. Sin embargo, esto significó el principio del fin…

 

Un declive inesperado

La marca italiana de referencia en MotoGP unía sus fuerzas de cara a 2011 con el piloto italiano por excelencia. El guion de la película protagonizada por Rossi y Ducati buscaba ser una historia de amor y éxito que acabó convirtiéndose en un drama.

La unión falló desde el primer momento. El paso de Valentino por Ducati fue destructivo para ambas partes; el piloto italiano vivió los dos peores años de su carrera deportiva y la marca perdió bastante crédito. Los resultados hablaban por sí solos, con sólo tres podios en dos temporadas para ‘Il Dottore’. La Desmosedici sufrió un sinfín de cambios que nunca funcionaron y el equipo se iba resquebrajando poco a poco.

La reestructuración era un hecho irrefutable; Audi compró Ducati por 860 millones de euros y situó a Bernhard Gobmeier como Director General de Ducati Corse, reemplazando a Filippo Preziosi, el padre de la Desmosedici, que bajó su rango a Director de Investigación y Desarrollo de Ducati. Los intentos de retener a Rossi por parte de Audi quedaron en saco roto y el italiano regresó a Yamaha, mejorando ostensiblemente sus resultados, lo que dejó nuevamente en evidencia a la firma de Borgo Panigale.

En 2013, con Dovizioso y Hayden como pilotos oficiales, la fábrica ni siquiera subió al podio, algo que no había pasado anteriormente. Ese mismo año, Preziosi dejó definitivamente Ducati alegando problemas de salud y Gobmeier, que nunca llegó a ser considerado un líder pese al cargo que desempeñaba, no supo levantar la situación. Era necesario buscar a un guía que ayudase a Ducati a salir del bache.

 

Gigi Dall’Igna, el mesías

Ducati siguió buscando soluciones y la encontró en su eterno rival, Aprilia, a quien le “robó” a su alma mater: Gigi Dall’Igna. El ingeniero italiano reemplazó a Gobmeier y se posicionó como el líder del proyecto que Ducati necesitaba para volver a brillar en MotoGP. La mano de Gigi se notó desde su llegada en 2014, adoptando una serie de medidas en busca del resurgir de los de Borgo Panigale, como fue el hecho de acogerse al reglamento Open con el fin de contar con unas ventajas necesarias en su proceso de evolución.

Dall’Igna aseguró que Ducati necesitaba al menos un año para volver a ser competitiva, y no falló en su predicción. La firma italiana fue mejorando a pasos agigantados en 2014, mostrando diferentes evoluciones de la Desmosedici GP 14 a lo largo de la temporada que le permitieron acercarse a los primeros puestos. Mientras tanto, se trabajaba paralelamente en el as que Dall’Igna se había guardado debajo de la manga: la Desmosedici GP15.

El nuevo prototipo, presentado en febrero, se desveló como una moto diferente a su predecesora; más compacta, ágil y potente. Todo esto, unido a las ventajas Open de las que siguen gozando, les ha situado muy cerca de Honda y Yamaha. El proyecto, 100% italiano con Dovizioso y Iannone como pilotos de fábrica, cada vez carbura mejor. «El objetivo es ganar al menos una carrera», dijo Dall’Igna en la presentación del equipo. Y, nuevamente, parece destinado a acertar en su pronóstico. La reinvención de Ducati va por buen camino con Gigi guiando los pasos.