Petrucci, el gran protagonista del GP de Italia 2019

A base de trabajo, Danilo Petrucci ha acabado forjando una trayectoria admirable que ya le ha llevado a pisar el escalón más alto de MotoGP, donde llegó siendo el último el discordia.


Las lágrimas de alegría de Danilo Petrucci en la vuelta de honor y en el podio de Mugello eran de esas que se contagian. De hecho, casi contagian al mismísimo Valentino Rossi, buen amigo del piloto italiano, que justo en Mugello vivió un auténtico vía crucis de fin de semana. Petrux culminó su sueño: ganar una carrera de MotoGP. Y lo hizo a ritmo de Extremoduro, ya que su trayectoria ha transcurrido como la frase de aquel "Defectos constitutivos" de la banda española: "Al camino recto, por el más torcido".

No busquen cuántas carreras hizo Petrucci en 125cc/Moto3, en 250cc/Moto2, o si pasó por el CEV o la Red Bull Rookies Cup antes de llegar al Campeonato del Mundo. Su caso es el de una rara avis. Su camino es el más extraño del de cualquiera de los pilotos que forman la actual parrilla de MotoGP, pero desde el pasado domingo puede gritar a los cuatro vientos que es el ganador de una carrera de MotoGP. Y ojo, que eso ya es demasiado.

Es demasiado para alguien que a los 20 años no sabía ni siquiera que sería piloto profesional. De hecho, Petrucci es policía. Pertenece a la Fiamme d'Oro, un estamento italiano formado por deportistas que son policías y al que también corresponden otros como Michele Pirro o Simone Corsi. (Esta es la ficha de Petrucci).

El piloto de Terni, que empezó con el motocross, se pasó a la velocidad allá por 2006. Tenía en ese momento 16 años. Compitió en el Campeonato Italiano y en el Europeo en Superstock 600 y 1000, y su mayor logro fue el título nacional de Superstock 1000 en 2011 con Ducati, además de ser subcampeón de la Copa FIM de la misma categoría ese mismo año. Tras estos éxitos, la marca boloñesa le tuvo en consideración para desarrollar la Panigale V2 del Mundial de Superbike. «Me pagaban la gasolina para venir a Mugello. Valentino rodaba con la Desmosedici y yo ya estaba contento sólo con compartir la pista con él», recuerda.

Con ese currículum ahora mismo sería imposible entrar en la parrilla de MotoGP, salvo que lo hiciera en alguna de esas poquísimas plazas que siempre quedan reservadas para pilotos que están en la categoría reina a golpe de talonario (que no es el caso, ni mucho menos). Pero de cara a 2012 sí que había una rendija para que Petrucci entrase en la élite con ese bagaje: era el año del estreno de las CRT, monturas que compartieron tres años -el último bajo el nombre de Open- con los prototipos de la categoría reina.

Pero, además, a Petrucci le tocó "bailar con la más fea". Era la Ioda del equipo de Giampiero Sacchi, una moto con la que no quedar el último ya era un gran resultado. A mitad de 2012 pasó a tener chasis Suter, al igual que en toda la temporada 2013, y en su último curso en ese equipo llevó una ART. Incluso se planteó dejarlo en 2014. ¿Su mejor resultado? Un octavo puesto en Valencia 2012 bajo la lluvia. El resto, un puñado de puntos repartidos entre 17 carreras en las que puntuó y 17 en las que no, muchas de ellas por abandonos.

Sin embargo, Petrucci dio muestras de su potencial pese al mal material con el que contaba y eso le sirvió para ganarse un contrato con el Pramac Ducati, el equipo satélite de la marca de Borgo Panigale. Y pasó lo que suele pasar en estos casos: cuando un piloto es rápido y está acostumbrado a llevar una de las peores motos de la parrilla, en cuanto cuenta con un material competitivo da un gran salto de calidad tremendo. Acostumbrado a tener que dar más del 100% para conseguir rascar algún punto, nada más subirse a la Desmosedici (que, por cierto, no tenía nada que ver con la actual, ya que ni la oficial luchaba por victorias) mostró sus credenciales. Seis carreras en el top 10, incluido un magistral podio bajo la lluvia en Silverstone, donde sólo le ganó Rossi. Acabó 10º ese año y fue su verdadera carta de presentación.

Foto: Jesús Robledo

En 2016 dio un paso atrás, propiciado entre otras cosas por la lesión que le hizo perderse las cuatro primeras carreras del año, pero ganó su duelo particular con Redding y Ducati le dio al año siguiente la misma moto que a los pilotos oficiales, una GP17. En 2017 se vio al verdadero Petrucci: cuatro podios, dos de ellos en lluvia, acabando segundo tras Rossi en Assen, y segundo tras Márquez en Misano. Fue octavo en el campeonato y se quedó a sólo 13 puntos de Jorge Lorenzo, el piloto oficial al que Ducati había fichado a bombo y platillo.

La negativa de Ducati de renovar a Jorge Lorenzo de cara a 2019 fue la que abrió a Petrucci la puerta del equipo oficial. Cumplía todos los requisitos: piloto italiano para formar una dupla 100% tricolore con Dovizioso, era buen amigo de Andrea, tenía perfil de posible escudero y, además, un salario bastante más bajo que su predecesor. Nada más acabar segundo en Le Mans, y mientras Lorenzo seguía en el laberinto del que luego acabó saliendo, la casa de Borgo Panigale apostó por el de Terni. Aquello coincidió con la explosión definitiva de Lorenzo en Ducati, lo que hizo crecer exponencialmente la presión sobre Petrucci cinco meses antes incluso de que pasase a ser piloto oficial.

Perfil modesto, humildad por bandera


«Le quiero dedicar esta victoria a Dovizioso, por todo lo que hace por mí». Pocas veces (o ninguna) oirán decir esto a un ganador de MotoGP sobre su compañero de equipo. La conexión entre la dupla oficial de Ducati va más allá de los Grandes Premios. Son compañeros de entrenamientos y Dovizioso se ha convertido en una especie de hermano mayor para Petrux, que se ha mudado cerca de la residencia del subcampeón de la categoría reina para poder compartir esos entrenamientos. «Me demuestra que se preocupa por mí, me da muchos consejos tanto en pista como fuera», añade el ganador de Mugello.

Tanto es así, que hasta Petrucci sentía cierta culpa por haber ganado a su compañero de equipo, por haber metido la moto tan agresivamente en la última vuelta y por haberle restado algunos puntos en el campeonato. El de Terni quería cumplir su objetivo de ganar una carrera, pero asegura que a partir de ahora se centrará en ayudar a Dovizioso a conseguir el título. No es algo que haya que creerse a pies juntillas, igual tampoco hay que descartar al propio Danilo en la pelea...

Foto: Jesús Robledo

El año pasado, desde que se oficializó su fichaje por el equipo de fábrica, Petrucci no volvió a pisar el podio. Este año tampoco había empezado bien la temporada. Sus números no hicieron más que subir el volumen de quienes criticaban su fichaje por el equipo oficial, pero con un podio y una victoria, y una alta dosis de confianza en sus posibilidades ha demostrado que está capacitado para esa cuarta posición que ahora ocupa en el campeonato... y quién sabe si para algo más.

Está claro que Petrux no es uno de esos pilotos que nacen con el talento por bandera; uno de esos Rossi, Márquez, Lorenzo, Dovizioso, Viñales o Rins que tienen aura de campeones desde pequeños. Pero a base de trabajo ha acabado forjando una trayectoria admirable que ya le ha llevado a pisar el escalón más alto de MotoGP, donde llegó siendo el último el discordia. Ya se le había escapado en varias ocasiones, pero en Mugello no sería así. Pocas veces un triunfo consigue esa unanimidad de emociones positivas dentro del paddock; hasta sus rivales se alegraron por su victoria. Hay formas de llegar hasta allí, pero la de Danilo Petrucci es atípica y ejemplar al mismo tiempo. Cómo alcanzar el camino recto tras transitar por el más torcido.