Daniel Albero quiere disputar el Dakar 2018. Su objetivo es convertirse en el primer diabético que lo realiza en moto y para ello está trabajando duro en busca de los apoyos que le permitan correr por primera vez la carrera más dura del mundo. Hablamos con él para conocer la historia de una persona que sigue rompiendo barreras en busca de cumplir su sueño.


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El Rally Dakar, la carrera más dura del mundo, está llena de ejemplos de superación. Todo aquel que se decide a tomar la salida demuestra su valentía y determinación a la hora de afrontar semejante desafío, pero además, la prueba se llena año tras año de pilotos que deciden vencer a sus limitaciones intentando completarla.

El Dakar tiene algo especial; un “no sé qué, que qué sé yo” –como diría aquél- que hace que su llamada sea irrechazable. La pasión por esta carrera se traslada del primero al último de los participantes, mezclando a pilotos profesionales que buscan engrosar el palmarés de la carrera con otros amateurs que “simplemente” persiguen el sueño de participar y de demostrar que no hay límites. El caso de Daniel Albero es un ejemplo de ello. Este valenciano de 44 años lleva 34 luchando contra la diabetes, una enfermedad «engorrosa», como él mismo nos define de forma contundente. En su caso, la contrajo a los 10 años como secuela de una meningitis aguda que sufrió cuando tenía sólo 8 y desde entonces ha tenido que lidiar con ella, algo que no ha sido un impedimento para subirse a una moto y disfrutar de su entusiasmo por el mundo de las dos ruedas.

Ya con 17 años hizo sus primeras apariciones en carreras de motocross, hasta que a los 21 decidió probar suerte en el enduro, una disciplina que le atrapó y empezó a despertar su sueño de estar en el Dakar, aun siendo consciente de las dificultades para llegar a disputarlo: «Comenzar en el enduro también me hizo seguir más el Dakar. A partir de ese momento empezó a forjarse ese sueño de correr, pero en aquella época era inviable que un diabético pudiese disputar esa carrera», nos relata Daniel. Sin embargo, eran varios los argumentos que le empujaban a mirar tímidamente la idea de correr el Dakar: «Tenía un amigo que es Rafa Císcar, que tiene nueve participaciones en el Dakar; entrenábamos juntos y al seguir junto a él su sueño, también me picó un poco el gusanillo».

Pese a que la posibilidad de ir algún día al Dakar merodeaba su cabeza, Albero no se lo llegaba a plantear seriamente hasta que decidió romper con sus propias barreras: «Cuando empecé a correr en el Campeonato de España de Rallies no podía decir que era diabético porque no me hubieran dejado participar, ya que los seguros de entonces no se hacían cargo de una persona diabética. Después de estar toda la vida escondiéndome pensé que tenía que decir quién era, lo que me sucedía y que quería correr así. Ahí empecé a tirar paredes y arrancó la lucha», nos cuenta.

La figura de Rafa Tibau, exdakariano que actualmente hace las veces de comentarista en televisión, fue clave para recibir el impulso definitivo y decidirse a hacer el Dakar: «Un día alguien formuló una pregunta en el programa del Dakar sobre si un diabético podría correr, y Rafa Tibau respondió a ello porque es farmacéutico y tiene un hijo con ese mismo problema. De ahí salió la idea y tardé una semana en conseguir su teléfono. Él fue quien me llevó el proyecto desde el comienzo y tiene confianza en ello».

 

Insulina, un glucómetro, doble camelbak… y un road-book

Los constantes avances en medicina han permitido que enfermedades como la suya estén cada vez mejor controladas, y esto a su vez da pie a que se puedan llevar a cabo retos como este. El manillar de la moto de Daniel es el más completo de todos, ya que además de los elementos de navegación típicos como el centinel o el road-book, incorpora un glucómetro que le permite controlar en todo momento sus niveles de azúcar.

«Aparte de la experiencia que he ido cogiendo, la medicina ha evolucionado mucho. Actualmente tenemos unas insulinas que son una pasada. Antes los picos de azúcar eran mucho más elevados, como una montaña rusa, pero las insulinas que tenemos ahora son muy lineales y te dan unos perfiles que no tienen nada que ver. Además llevo un glucómetro, algo que me permite saber de una forma óptima cómo sacar el máximo rendimiento en cada momento», añade al respecto.

Gracias a sus años de experiencia en competición, todos ellos padeciendo su enfermedad, Albero tiene bajo control todo lo que está en sus manos: «Tengo mis pautas, como salir por la mañana con el azúcar un poco elevado para poderlo gestionar durante todo el día. También cuento con un doble camelbak; uno con 5 o 6 litros de líquidos, y otro con una mezcla que hago que me permite alimentarme en función de cómo tenga el azúcar ya que los bajones son muy peligrosos». El valenciano no deja nada al azar.

Sacrificio en pos de un sueño

Y es que desde que el deseo de correr el Dakar entró definitivamente en los planes de Daniel Albero, ha enfocado todo hacia esta carrera. Durante 11 años regentó un restaurante, negocio que finalmente dejó, y ahora trabaja como conductor de autobuses por las noches mientras durante el día se prepara físicamente para estar en las mejores condiciones: «Tres días de gimnasio, dos de bicicleta y dos de moto», nos resume sobre su plan de entrenamientos.

Tiene planteado ya su calendario de carreras para llegar en las mejores condiciones posibles al Dakar, con la Baja Aragón, la Panáfrica y el Hellas Rally marcados en rojo. De hecho, en la última edición de la Panáfrica consiguió una notable segunda posición, resultado que demuestra que además es un piloto competitivo y rápido. Aunque, obviamente, le gustaría hacer una “pretemporada” todavía más completa: «También correremos más carreras en función del presupuesto que vayamos consiguiendo. Me encantaría, si puedo, correr un Merzouga Rally, que sería muy importante para nuestra preparación y también de cara al dossier».

Además de ser un ejemplo de superación para todos aquellos que siguen esta carrera, Daniel sabe que puede convertirse también en un ejemplo para quienes sufren una enfermedad como la suya: «Esa es nuestra intención, porque yo no puedo cambiar la vida de todos los diabéticos, pero sí de alguno. Nuestra enfermedad crea un poco de sedentarismo, y hay mucha gente que está en casa sufriendo, incapaz de moverse y de hacer deporte. Quizá cuando me vean a mí por la tele pasar por encima de una duna, seguro que más de uno podrá reaccionar y podremos echarle un cable desde nuestro proyecto».

 

En busca de apoyos

Para afrontar una aventura de este calibre hace falta un presupuesto elevado, algo para lo que Daniel está trabajando sin descanso. La llegada de patrocinadores que apoyen el proyecto lo catapultaría a la hora de preparar la carrera y tener posibilidades de disputar el Dakar. El mes de julio, momento en el que se cierran las inscripciones, será el momento clave. «El punto en el que nos encontramos es que estamos en búsqueda de patrocinadores, de un espónsor potente que crea en nuestro proyecto y ponga dinero para poder conseguir el sueño. Mucha gente nos está ayudando a caminar, pero aún no es suficiente. Nuestro proyecto es bueno, es grande y podemos hacer cosas interesantes».

El crowdfounding, modelo de financiación al que se han acogido varios pilotos en el pasado como el caso de Txomin Arana, podría ser una solución alternativa para alcanzar el presupuesto necesario: «También nos lo hemos planteado. A partir de mayo o junio, si vemos que no sale, intentaremos hacer algún tipo de crowdfounding. Pero de momento creemos que esto le puede interesar a alguna empresa que esté vinculada con el mundo de la diabetes o con el mundo de alimentación. Con las farmacéuticas también, aunque estamos encontrando algún pequeño problema», nos confiesa.

Daniel también ha comenzado a dar charlas en colegios, institutos y universidades para contar su experiencia y explicar cómo se prepara un piloto diabético para correr en rallys. Además de ello, sus redes sociales cada vez registran mayor movimiento, está creando merchandising y, rodeado de un gran equipo, está consiguiendo que su proyecto sea cada vez más visible. «Queremos que el que apuesta por nosotros no sólo lleve la pegatina en la moto», nos dice.

Antes de vivir en sus carnes el espíritu dakariano, necesita el empujón que le permita competir allí. «Es la carrera más dura del mundo y si tienes un proyecto, una ilusión y pasión por este mundo, es la mejor a la que puedes acudir. Todo son pasitos, pero siempre hacia delante. Hacia atrás, ni para coger impulso». Con su actitud y su entusiasmo, es cuestión de tiempo que su sueño se haga realidad. El Dakar 2018 ya está en el horizonte de Daniel Albero, quien quiere convertirse en el primer diabético de la historia que realiza el Dakar en moto, a la vez que pretende ser un ejemplo para tantos y tantos que sufren esa enfermedad. Como bien dice su lema: «¡Gas e insulina, que no falte!».