Montmeló se rindió al catalán hace más de dos décadas

La eclosión de Carlos Checa llegaría, casi de forma inesperada, en la temporada 1995. El español había arrancado ese año en 250cc junto al Honda Pons, equipo que contaba con presencia en la categoría intermedia y también en 500cc. Salvo dos cuartos puestos en Eastern Creek y Le Mans, el inicio de campeonato no fue nada positivo para el piloto español, que estaban afrontando su segunda temporada completa en el campeonato. Pero todo cambió de la noche a la mañana; el grave accidente de Alberto Puig en Le Mans precipitó su subida a la categoría reina enrolado también en la estructura dirigida por Sito Pons. Carlos disputó las cinco últimas citas de 1995 en el medio litro; las cuatro primeras se saldaron con resultados discretos pero en la última prueba, celebrada en Montmeló, iba a dar un impresionante salto adelante.

Montmeló-1995El catalán sorprendió en los entrenamientos tras clasificarse en la tercera posición, pero en carrera iba a ir un paso más allá. Pese a no realizar una buena salida, su inicio fue muy explosivo, fue desembarazándose de sus rivales y en la quinta vuelta pasó al frente de la carrera al superar a Daryl Beattie. Carlos estaba inspirado e imbatible aquel día. Consiguió escaparse en solitario ante el asombro generalizado; estaba haciendo una carrera perfecta y un papel inesperado en un piloto que no había logrado aún ningún resultado destacable en el campeonato y que además sólo estaba ante su quinta carrera en la categoría reina.

Pero no todas las buenas historias acaban con un final feliz. A falta de ocho vueltas para el final, cuando marchaba líder en solitario, Checa se iba al suelo en la quinta curva en una caída que estuvo a punto de salvar. El de Sant Fruitós ya rozaba su primera victoria en el Campeonato del Mundo. Su abandono dejó en bandeja la victoria a Álex Crivillé, que la peleó hasta la última vuelta con su compañero Shinichi Ito, pero Checa había conseguido dejar su sello tras poner en jaque a los grandes dominadores de la categoría reina con sólo 22 años. Pese a que el desenlace no fue el merecido en 1995, al año siguiente volvería a Montmeló para saldar las cuentas pendientes.

La revancha, en 1996


El circuito de Montmeló le debía una a Carlos Checa, y el piloto español no quiso esperar para resarcirse de la caída del año anterior. Ya se había asentado como un piloto destacado en 500cc, donde había logrado su primer podio en Malasia, pero delante de su afición corría con el corazón. Nuevamente salía en la primera línea en el trazado catalán y arrancó con las ideas muy claras. En la tercera vuelta ya lideraba la carrera y a partir de ese momento empezó a imponer un ritmo que nadie pudo seguir. Vuelta a vuelta fue ampliando su renta en cabeza de carrera sin dar opciones a sus rivales, mientras por detrás Crivillé se divertía con un recital de derrapadas y Doohan peleaba con el español por el segundo puesto.

Carlos volvió a ser imparable en Montmeló, pero en esta ocasión sí que pudo rematar su exhibición con una victoria, la primera para él en el Mundial de Motociclismo, que le postuló como uno de los nombres a tener en cuenta en los años sucesivos. Checa se impuso con una ventaja de más de seis segundos sobre Mick Doohan, que con su segundo puesto en el GP de Catalunya de 1996 certificaba su tercer título de 500cc.

 

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