In memoriam: Andreas Pérez


«¡Espero que en Motorbike podamos contar muchos éxitos!». Ese es el último mensaje que intercambié con Andreas Pérez, hace ya unos cuantos meses. Previamente habíamos estado hablando de un artículo sobre él que publicamos en Motorbike Magazine, donde se había ganado para mí el apelativo cariñoso de ‘Ironman’.

Todo vino del día en el que me di cuenta de que Andreas doblaría categorías en Jerez el año pasado. De hecho, recuerdo contemplar las listas de inscritos con cierto recelo, pensando que habría un error. Pero no, no lo había. En plena lucha por el título de la European Talent Cup, el Reale Avintia Academy le dio la posibilidad de correr también en Moto3 y no la desaprovechó. Era un premio para probar suerte y disfrutar. Y vaya si disfrutó; ‘se hinchó’ a tandas de entrenamientos, tanto de su categoría como de Moto3, y afrontó un domingo con cuatro carreras por delante, de las que al final “sólo” disputó tres… ¡Y encima ganó una de ellas! Era la primera de las dos que tenía en la European Talent Cup, prueba que arrancó desde la pole apenas 20 minutos después de bajarse de la KTM con la que había corrido en Moto3. De otra época.

Precisamente, una vez terminada la rueda de prensa de su triunfo fue el momento que aproveché para hablar con Andreas. La sorpresa fue toparme con un piloto que parecía estar dos o tres peldaños por encima de su verdadera edad. Su forma de comunicarse, espontánea y bastante natural, sin tirar de tópicos y sin un discurso pre-programado con una grabadora delante me llamaron mucho la atención para su edad. No reflejaba sus 14 años; como piloto, dentro y fuera de la pista, parecía estar mucho más formado. Esos minutos grabadora en mano sirvieron para dar forma a aquel artículo que tanto me gustó escribir. Siempre he pensado que contar historias de quienes empiezan y cuando dan sus primeros pasos hacia la élite es lo más gratificante que me ha dado recorrer el paddock del FIM CEV durante estos últimos años. Y esa historia y aquel audio sé que los guardaré como oro en paño.

A la semana siguiente de aquella entrevista, el Mundial pasaba por MotorLand Aragón. Por allí estaba Andreas, que ese fin de semana iba a firmar su renovación con el Reale Avintia para el FIM CEV 2018, asegurando su salto al Mundial Júnior de Moto3. Esa misma jornada, ya de noche tras un intenso día de trabajo y mientras me disponía a salir del circuito, me crucé con él. Iba solo, observaba con los ojos bien abiertos todo lo que había a su alrededor en ese paddock al que aspiraba muy seriamente a entrar en cuestión de años. En cuanto coincidimos, fue instantáneo entablar una conversación que acabó con una tarea pendiente: enviarle el artículo en cuanto estuviera publicado. Dicho y hecho… Aunque ahora me queda una espina, la de no poder cumplir la frase con la que he iniciado este artículo.

No hablo de Andreas, ni puedo hacerlo -ni lo pretendo, ni muchísimo menos-, con la misma certeza que podrían hacerlo quienes realmente le conocían. Sólo desde la posición de alguien que lleva varios años en los entresijos del FIM CEV, teniendo la suerte de empezar a conocer a las grandes promesas antes de que lleguen al Mundial, algo que en su caso me dio pie a comprobar esa simpatía que irradiaba y de la que puedo dar fe. No es uno de esos tópicos que se dicen en días así, es una verdad como un templo.

El varapalo es tremendo, al igual que la angustia y la extrema confusión que se generó durante la tarde del domingo. Este deporte que tanto nos apasiona a quienes formamos parte de él de una u otra forma, en ocasiones es demasiado cruel. Tanto, como para llevarse a ese joven chaval de Mollet del Vallés que tenía un enorme futuro por delante, tanto en el motociclismo como en la vida.

Hemos perdido a uno de los nuestros y eso es lo realmente difícil de asimilar. Se ha ido demasiado pronto, pero estoy plenamente convencido de que disfrutó de cada día, de cada entrenamiento, de cada carrera. Él lo reflejaba perfectamente: «Me he estado preparando mucho para esto y, más que estar cansado, me lo pasé muy bien», comentó a Motorbike Magazine la primera vez que dobló categoría, algo que volvió a hacer después en Valencia. Me quedo con esa naturalidad y con esa pasión, la misma pasión que tienen todos aquellos rivales amigos que compartieron con él muchos años de formación y que ahora añorarán tenerlo en pista. El sello de Andreas Pérez ya permanece indeleble. Dos victorias en la European Talent Cup, cinco podios y un par de fines de semana casi heroicos en Jerez y Valencia quedarán siempre en el recuerdo. En el mío, como el eterno ‘ironman’. Te echaremos de menos, Andreas.