El bicampeón del mundo ejerce ahora de coach en el Campeonato Italiano

El que otrora fuera una de las grandes joyas del motociclismo mundial, Manuel Poggiali, que cosechó dos títulos mundiales con sólo 20 años, trabaja ahora como ‘coach’ en el Campeonato Italiano de Velocidad, asesorando a dos jóvenes pilotos italianos que sueñan con llegar a alcanzar las cotas que el #54 consiguió.



Manuel Poggiali es uno de esos expilotos que apenas necesita presentación, pero que ha protagonizado una de las historias más atípicas de las últimas décadas. Con sólo 20 años ya era Campeón del Mundo de 125cc y 250cc, además de acumular también un subcampeonato en 125cc. Con ese currículum, eran muchas las voces que le llegaron a situar incluso como el relevo natural de Valentino Rossi durante la época en la que el sanmarinense no paraba de cosechar éxitos, pero lo cierto es que la carrera deportiva de Manuel Poggiali terminó mucho antes de lo previsto: primero en 2006, cuando la aparcó por primera vez; y después en 2008, cuando se retiró definitivamente.

Años después protagonizó un tímido regreso a la competición, disputando dos temporadas -2013 y 2014- en la categoría de Superbike del Campeonato Italiano de Velocidad. Poggiali nunca ha dejado de lado el motociclismo, ya que también trabajó como instructor en los cursos de pilotaje de la Ducati Riding Experience, y ahora ha arrancado una nueva aventura en el mundo de las dos ruedas; ésta, sin subirse a la moto. 

Con la figura del coach -o asesor de pista- en su máximo apogeo, son muchos los expilotos que ejercen este nuevo rol en las carreras. Muchos de ellos aconsejan a pilotos ya consagrados, mientras que otros han empezado a trabajar como asesores junto a jóvenes promesas. Ese es el caso de Poggiali, que desde esta temporada se dedica a hacer de ‘coach’ de dos jóvenes pilotos italianos: Eugenio Generali y Bruno Ieraci, ambos en el Campeonato Italiano de Velocidad.

¿Cómo nació la idea de empezar a trabajar como ‘coach’? Todo llega de Gianmarco Andreoni, un amigo y seguidor de Poggiali, que como propietario de un equipo -AG Racing-, tuvo la idea de formar una estructura para ayudar a los jóvenes talentos. Este proyecto se inició con una jornada de pruebas en minimoto en Cattolica, donde Poggiali intervino como ‘coach’. Entre los pilotos que se presentaron estaba Eugenio Generali, alguien con quien Gianmarco Andreoni le propuso trabajar: «Al principio me negué. Después lo pensé mejor y la idea de trabajar con jóvenes para ayudarlos a crecer, incluso desde los primeros pasos, y aportando mi experiencia, prevaleció. Ahora tengo que decir que fue la mejor elección. Tengo la suerte de tener esta oportunidad».

Finalmente, trabajar junto a jóvenes pilotos le fascinó: «Me divierto mucho observándolos a pie de pista, aconsejándolos, entendiendo los problemas que tienen pilotando, interpretando sus sensaciones y transmitiéndolas a los técnicos para ayudar a poner la moto a punto».

Generali fue el primer piloto al que asesoró y el reto no era nada fácil de cara a este 2017, el año en el que este jovencísimo piloto italiano debuta en el CIV en Supersport 300, por primera vez con una moto de marchas: «Con Eugenio estoy bastante satisfecho. Sabía que para él esta es una temporada de aprendizaje; ha empezado este año con las motos de marchas, con las que nunca antes había corrido. Para él es un salto importante y no lo está haciendo mal».

‘Coaching’ con Bruno Ieraci: veni, vidi, vici


Pero Generali no es el único piloto al que ayuda, también está Bruno Ieraci, una de las grandes promesas del motociclismo italiano, que está compaginando la presencia en el CIV con el Mundial Júnior de Moto3, con quien los resultados fueron inmediatos: «El manager de Bruno contactó conmigo hace un mes. Bruno venía de un fin de semana que no fue positivo en el FIM CEV en Barcelona y me llamó para aportar mi experiencia, tanto como Campeón del Mundo como en este nuevo papel de asistente en pista. Hicimos una prueba en Mugello una semana antes del CIV y el resultado fue positivo. Trabajamos bien con Bruno y con los técnicos de TM; estaba más a gusto encima de la mano, pero sobre todo recuperó la sonrisa».

A las primeras de cambio, se estrenaron con pole, victoria en la primera manga de Mugello y con un segundo puesto en la segunda, resultados que le permitieron a Ieraci escalar hasta la quinta plaza del CIV en la categoría de Moto3: «Ha sido un trabajo muy positivo. Bruno tiene un buen talento que va afinando. Él tiene su propia manera de hacer las cosas y es justo que sea así porque cada uno tiene su propio carácter, y yo trato de entenderlo e interpretarlo. No le falta trabajo pero luego es muy inteligente a la hora de comprender las situaciones que se presentan. Los resultados de Mugello en el CIV hablan por sí solos».

Manuel Poggiali

Poggiali, en una imagen de archivo, rodando en 250cc en el año 2003.

El sanmarinense tiene claro cuál es el objetivo con los pilotos junto a los que trabaja: «Seguramente lo más emocionante es ser capaces de ganar. Ese es nuestro objetivo. Cuando no lo conseguimos debemos entonces partir de lo que hemos hecho para volver a intentarlo. Dificultades hay siempre, porque no hay desafíos fáciles; pero si cada reto se prepara adecuadamente, se puede ganar, comenta en una entrevista con la web oficial del CIV».

Por último, preguntado sobre si algún día volverá a correr, como ya hizo en el CIV en 2013 y 2014, tiene clara la respuesta: «Me detuve en 2008, haciendo un parón importante de dos años y medio con el ámbito de las motos. Después, gracias a algunos amigos como Marco Lucchinelli y Fausto Ricci, que estaban involucrados en proyectos de escuela de pilotaje, valoré el hecho de ir en moto. Cuando competía tenía que hacer tiempos y resultados, sin embargo esta actividad era diferente. Con eso volví a saborear la pasión de pilotar una moto sin tener que rendir cuentas a nadie. Después estuvo el paréntesis con Michelin para colaborar en el desarrollo de los neumáticos de MotoGP pero sabía que eso terminaría. Competir me gusta pero no puedo vivirlo como antes. Ser piloto requiere un gran compromiso, sacrificios y mucho entrenamiento. Por como he organizado ahora mi vida sería difícil hacerlo. Todavía voy en moto y me divierto mucho en prácticas libres y cursos de pilotaje. No echo de menos las carreras», comenta abiertamente Poggiali.

El prodigio sanmarinense que un día brilló con luz propio en el Mundial -aquí puedes repasar su historia-, ahora ayuda en la formación a jóvenes promesas. Quizá algún día lleguen a alcanzar los éxitos que él cosechó como piloto y que ahora trata de inculcar como coach.

Siguiente
Anterior

Cargando artículo